El viaje pivotaría en torno a un objetivo absolutamente prioritario: llegar al cráter del Askja, uno de los últimos lugares emblemáticos de las Tierras Altas que me faltaban por conocer. En segundo lugar quedaban Glymur, Loðmundarfjarðarvegur y el faro de Dalatangi, del que me había quedado a tan solo 15 kilómetros en el otoño anterior. Después, una larga selección entre mi abultada lista de lugares pendientes de Islandia.
Sabía que no podría visitar todos y que entraba dentro de lo posible que tampoco lograse alcanzar el Askja. Todo dependería del clima y del estado de las complicadas «carreteras de montaña» de las Tierras Altas. En cualquier caso, sería un viaje mucho más improvisado que el anterior. Pasaría la mayor parte del tiempo en el noreste de la isla, por lo que decidí no llevar reservas cerradas. Tras pasar la primera noche junto al aeropuerto, iría saltando de hotel en hotel, ajustando mi ruta a los caprichos del clima islandés y reservando alojamiento sobre la marcha.
- 5 de septiembre: vuelo Madrid – Keflavik. Como siempre, llego de madrugada, directamente a dormir al hotel Aurora.
- 6 de septiembre: tras recoger el coche de alquiler, aprovecho la espléndida jornada para visitar una de mis eternas tareas pendientes en Islandia: la espectacular Glymur. Después, me voy a dormir a Bifröst.
- 7 de septiembre: comienzo el día visitando el cráter de Grábrók. A continuación, avanzo 531 kilómetros hacia el noreste hasta Raufarhöfn, la localidad más septentrional de la isla. De camino, me desvío para visitar el mirador occidental de Dettifoss.
- 8 de septiembre: vuelvo a un ritmo más sosegado de viaje, mientras voy de Raufarhöfn a Möðrudalur. Comienzo el día dando un breve paseo por Raufarhöfn. Después, una larga excursión por la costa de Rauðanes. Remato la jornada recorriendo la península de Langanes hasta el faro de Fontur.
- 9 de septiembre: primer asalto al Askja, que termina en fracaso. A cambio, acabo improvisando una interesante excursión desde Möðrudalur, en la que visito el lado oriental del cañón de Stuðlagil y la cascada de Rjúkandafoss, para terminar realizando una onírica travesía de Möðrudalsleið. Después, aún encuentro hueco para dar un tranquilo paseo por Möðrudalur.
- 10 de septiembre: nuevo salto, esta vez entre Möðrudalur y Hallormsstaðaskógur. En lugar de usar la ruta directa, doy un largo rodeo para recorrer la costa de Skjólfjörur. A continuación, el clima me empuja a cambiar la naturaleza por cultura y visitar Skriðuklaustur, el último monasterio de Islandia. Después de llegar al hotel, aún encuentro tiempo para dar un paseo por Hallormsstaðaskógur, el mayor bosque de Islandia.
- 11 de septiembre: paso un largo día en las Tierras Altas nororientales. Comienzo visitando la presa de Kárahnjúkar, desde donde contemplo el fascinante cañón de Hafrahvammagljúfur. Después, recorro una ruta poco ortodoxa para llegar al Askja. Al final, contra todo pronóstico, consigo visitar uno de los cráteres más deslumbrantes de Islandia.
- 12 de septiembre: empleo casi toda la jornada en el fascinante Mjóifjörður, donde por fin consigo llegar al faro de Dalatangi. Después, me voy a dormir a Fáskrúðsfjörður, donde aún encuentro tiempo para visitar su interesante museo, dedicado a la gesta de los pescadores franceses en Islandia.
- 13 de septiembre: regreso desde Fáskrúðsfjörður a Hallormsstaður, aunque por una ruta completamente distinta a la del día anterior. Entre otros lugares, visito Vaðlasandur, en el final de Vöðlavíkurvegur, y la mina de espato de Islandia de Helgustaðanáma, para terminar atravesando el paso de montaña de Breiðdalsheiði, por Skriðdals- og Breiðdalsvegur.
- 14 de septiembre: vuelvo a dejar el hotel de Hallormsstaður, para pasar el día en Borgarfjörður eystri. Mi principal objetivo era recorrer Loðmundarfjarðarvegur, la carretera de montaña F946. No lo consigo. A cambio, paso un buen rato fotografiando aves en Hafnarhólmi.
- 15 de septiembre: tras dormir en Bakkagerði, el plan era intentar un segundo asalto a Loðmundarfjarðarvegur, pero la niebla era todavía más intensa que en la jornada anterior. El mal clima y la todavía peor previsión me empujan a iniciar el regreso hacia el oeste. Paso el día conduciendo entre Bakkagerði y Húsavik, aunque realizo un largo desvío hacia el norte, para recorrer la costa septentrional de Melrakkaslétta.
- 16 de septiembre: recupero un ritmo más tranquilo, mientras avanzo desde Húsavik hasta Svalbarðseyri, aunque sin olvidar la dosis diaria de desvíos. El primero hacia el sur, para visitar el área geotermal de Þeistareykir. El segundo hacia el norte, para explorar la zona septentrional de Flateyjarskagi, acaba en una excursión improvisada por Flateyjardalsvegur. Aunque no consigo llegar al final de la F899, disfruto de cada minuto que paso recorriendo la salvaje pista.
- 17 de septiembre: nuevo avance hacia el oeste, entre Svalbarðseyri y Bifröst, en una jornada más centrada en las visitas culturales que en la deslumbrante naturaleza de Islandia. Paso buena parte de la mañana dando un paseo por Akureyri, con el museo de la ciudad y su espléndida Colección Schulte como ejes. Por la tarde, visito la antigua granja de Glaumbær.
- 18 de septiembre: penúltimo salto, entre Bifröst y Grindavik. Por la mañana, improvisando una ruta por carreteras poco transitadas. Paso la tarde descendiendo a las entrañas de Þríhnúkagígur.
- 19 de septiembre: aprovecho la mañana para dar un tranquilo paseo por Grindavík. La pequeña ciudad azotada por las recientes erupciones en Sundhnúkagígar. Después, recorro la carretera 425 hacia Keflavik, donde devuelvo el coche de alquiler. Esa noche, duermo en Madrid.
Creo que ha sido el viaje más caótico que jamás he realizado en Islandia. Y eso que mi recorrido invernal por los Fiordos del Oeste había dejado el listón bien alto. Según el odómetro del coche, acabé recorriendo 3.916 kilómetros. Una media de 280 diarios. Más de los que me gusta realizar cada día en la Tierra de Hielo, aunque la cifra estuvo condicionada por dos factores. El primero, centrar mi viaje en el noreste de la isla. Justo la esquina opuesta al aeropuerto de Keflavik, lo que me obligó a atravesar Islandia, prácticamente de extremo a extremo, en dos ocasiones. El segundo, una serie de improvisaciones, forzadas por las condiciones atmosféricas y el estado de las carreteras. Quizá la mayor de todas fue el día de mi visita al Askja, donde me fui a un total de 406 kilómetros, en buena parte por carreteras de montaña y alguna «pista no oficial».
En cualquier caso, unos 1.090 kilómetros, algo más de la cuarta parte, fueron por carreteras sin asfaltar. Generalmente, las más interesantes de Islandia. Aquí hubo un poco de todo. Desde carreteras secundarias, con el firme de tierra pero con un trazado bastante aceptable, como la 870 en el norte de Melrakkaslétta, hasta una pista «no oficial», atravesando el remoto valle de Álftadalur, al este del Askja. Pasando por las consabidas «carreteras de montaña», con una F delante de su número. Como siempre en Islandia, la numeración de una carretera no garantiza nada en concreto. En este sentido, la mayor sorpresa fue la 958, en los Fiordos del Este. Una pista en la que, a pesar de no llevar la F, tuve que atravesar un par de vados.
Tal como esperaba, acabé cosechando varios fracasos. Quizá los más dolorosos fueron mis dos travesías de Hellisheiði eystri, ambas entre una intensa niebla, que me impidió apreciar el paisaje. El paso de montaña sigue estando en mi lista personal de «lugares pendientes de Islandia». Los otros estuvieron en dos carreteras de montaña. En Loðmundarfjarðarvegur, volvió a ser la niebla el motivo de que acabara dando media vuelta a casi 16 kilómetros del final de la pista. En Flateyjardalsvegur fueron la falta de tiempo y un vado con aspecto complicado los que me impidieron llegar a la costa septentrional de Flateyjarskagi.
En cambio fui capaz de llegar al Askja, aunque fuera al segundo intento, y a los faros de Dalatangi y Fontur. Además, pude recorrer varias carreteras que no conocía, entre las que destacaron la sección oriental de Möðrudalsleið y Vöðlavíkurvegur. Incluso alguno de los fracasos, como mi recorrido parcial de Flateyjardalsvegur, acabó siendo una delicia, explorando una de las regiones menos conocidas de Islandia en una espléndida tarde otoñal. En resumen, otro viaje deslumbrante a la Tierra de Hielo, que no será el último. Según escribo estas líneas, ya tengo prácticamente cerrado un nuevo recorrido, esta vez en junio y con varias peculiaridades, que me harán salir de mi zona de confort. Si todo va bien, en 2027 regresaré en otoño, para seguir explorando en solitario uno de los lugares más fascinantes del planeta.
Para ampliar la información.
Si no tienes experiencia conduciendo por las carreteras de la isla, te interesará leer la siguiente guía: https://depuertoenpuerto.com/conducir-en-islandia-la-guia-completa/.
Esta otra entrada te puede servir de ayuda con los hoteles: https://depuertoenpuerto.com/islandia-de-hotel-en-hotel/.
En inglés, la web oficial de turismo del norte de Islandia está en https://www.northiceland.is/.






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