Tras el fructífero viaje en septiembre de 2024, había decidido realizar un segundo periplo otoñal por Islandia. Esta vez, centrado en el norte de la isla. En cierta forma, debía ser un complemento de mi anterior viaje en otoño. También sería un poco más ambicioso, prolongando mi estancia a 14 días. Por lo demás, al igual que el año anterior, daría prioridad a aquellos lugares a los que es imposible acceder en invierno o nunca había encontrado el momento de visitar en verano.

El cráter del Askja

El cráter del Askja.

El viaje pivotaría en torno a un objetivo absolutamente prioritario: llegar al cráter del Askja, uno de los últimos lugares emblemáticos de las Tierras Altas que me faltaban por conocer. En segundo lugar quedaban Glymur, Loðmundarfjarðarvegur y el faro de Dalatangi, del que me había quedado a tan solo 15 kilómetros en el otoño anterior. Después, una larga selección entre mi abultada lista de lugares pendientes de Islandia.

Llegando a la niebla en la subida hacia Nesháls

Llegando a la niebla en la subida hacia Nesháls.

Sabía que no podría visitar todos y que entraba dentro de lo posible que tampoco lograse alcanzar el Askja. Todo dependería del clima y del estado de las complicadas «carreteras de montaña» de las Tierras Altas. En cualquier caso, sería un viaje mucho más improvisado que el anterior. Pasaría la mayor parte del tiempo en el noreste de la isla, por lo que decidí no llevar reservas cerradas. Tras pasar la primera noche junto al aeropuerto, iría saltando de hotel en hotel, ajustando mi ruta a los caprichos del clima islandés y reservando alojamiento sobre la marcha.

Volando sobre el Mjóifjörður

Volando sobre el Mjóifjörður.

Creo que ha sido el viaje más caótico que jamás he realizado en Islandia. Y eso que mi recorrido invernal por los Fiordos del Oeste había dejado el listón bien alto. Según el odómetro del coche, acabé recorriendo 3.916 kilómetros. Una media de 280 diarios. Más de los que me gusta realizar cada día en la Tierra de Hielo, aunque la cifra estuvo condicionada por dos factores. El primero, centrar mi viaje en el noreste de la isla. Justo la esquina opuesta al aeropuerto de Keflavik, lo que me obligó a atravesar Islandia, prácticamente de extremo a extremo, en dos ocasiones. El segundo, una serie de improvisaciones, forzadas por las condiciones atmosféricas y el estado de las carreteras. Quizá la mayor de todas fue el día de mi visita al Askja, donde me fui a un total de 406 kilómetros, en buena parte por carreteras de montaña y alguna «pista no oficial».

Hacia el suroeste de Möðrudalsleið

Hacia el suroeste de Möðrudalsleið.

En cualquier caso, unos 1.090 kilómetros, algo más de la cuarta parte, fueron por carreteras sin asfaltar. Generalmente, las más interesantes de Islandia. Aquí hubo un poco de todo. Desde carreteras secundarias, con el firme de tierra pero con un trazado bastante aceptable, como la 870 en el norte de Melrakkaslétta, hasta una pista «no oficial», atravesando el remoto valle de Álftadalur, al este del Askja. Pasando por las consabidas «carreteras de montaña», con una F delante de su número. Como siempre en Islandia, la numeración de una carretera no garantiza nada en concreto. En este sentido, la mayor sorpresa fue la 958, en los Fiordos del Este. Una pista en la que, a pesar de no llevar la F, tuve que atravesar un par de vados.

El valle del Dalsá

El valle del Dalsá.

Tal como esperaba, acabé cosechando varios fracasos. Quizá los más dolorosos fueron mis dos travesías de Hellisheiði eystri, ambas entre una intensa niebla, que me impidió apreciar el paisaje. El paso de montaña sigue estando en mi lista personal de «lugares pendientes de Islandia». Los otros estuvieron en dos carreteras de montaña. En Loðmundarfjarðarvegur, volvió a ser la niebla el motivo de que acabara dando media vuelta a casi 16 kilómetros del final de la pista. En Flateyjardalsvegur fueron la falta de tiempo y un vado con aspecto complicado los que me impidieron llegar a la costa septentrional de Flateyjarskagi.

Regresando de Dalatangi

Regresando de Dalatangi.

En cambio fui capaz de llegar al Askja, aunque fuera al segundo intento, y a los faros de Dalatangi y Fontur. Además, pude recorrer varias carreteras que no conocía, entre las que destacaron la sección oriental de Möðrudalsleið y Vöðlavíkurvegur. Incluso alguno de los fracasos, como mi recorrido parcial de Flateyjardalsvegur, acabó siendo una delicia, explorando una de las regiones menos conocidas de Islandia en una espléndida tarde otoñal. En resumen, otro viaje deslumbrante a la Tierra de Hielo, que no será el último. Según escribo estas líneas, ya tengo prácticamente cerrado un nuevo recorrido, esta vez en junio y con varias peculiaridades, que me harán salir de mi zona de confort. Si todo va bien, en 2027 regresaré en otoño, para seguir explorando en solitario uno de los lugares más fascinantes del planeta.

Para ampliar la información.

En este mismo blog, puedes ver mi anterior periplo otoñal por Islandia visitando https://depuertoenpuerto.com/nueve-dias-de-otono-en-el-sur-de-islandia/.

Si no tienes experiencia conduciendo por las carreteras de la isla, te interesará leer la siguiente guía: https://depuertoenpuerto.com/conducir-en-islandia-la-guia-completa/.

Esta otra entrada te puede servir de ayuda con los hoteles: https://depuertoenpuerto.com/islandia-de-hotel-en-hotel/.

En inglés, la web oficial de turismo del norte de Islandia está en https://www.northiceland.is/.