Mi periplo otoñal por el norte de Islandia se acercaba inexorablemente a su fin. El ridículo avance de la jornada anterior significaba que, para compensar, tendría que recorrer 308 kilómetros hacia el oeste. En contra de lo habitual, tan solo tenía previsto hacer un par de pequeños desvíos, que apenas elevarían la cifra hasta los 330. Aunque la mayor peculiaridad del día sería que, por una vez, priorizaría las visitas culturales sobre la deslumbrante naturaleza de la isla.

Al otro lado del Eyjafjörður

Al otro lado del Eyjafjörður.

De todos modos, comencé dando un tranquilo paseo hasta la cercana orilla del Eyjafjörður. La tarde anterior había caído la primera nevada del otoño islandés. Nada serio, pero suficiente para que las montañas que rodean el fiordo tuvieran su parte alta cubierta por un fino manto blanco, anunciando la proximidad del prematuro invierno subártico. Mientras tanto, el sol lograba filtrarse entre las nubes, iluminando parcialmente las laderas, teñidas de colores otoñales. La vista era de una serenidad asombrosa. Acentuada por varias bandadas de aves, volando pausadamente hacia el sur, y el hecho de saber que, aquel mismo día, en Madrid se esperaban máximas de 35ºC.

Akureyri desde la orilla opuesta del Eyjafjörður

Akureyri desde la orilla opuesta del Eyjafjörður.

Me puse en marcha poco después de las nueve, para detenerme unos minutos más tarde en el mirador que hay frente a Akureyri, apenas unos metros al sur de la boca del túnel de Vaðlaheiðargöng. A estas alturas, he perdido la cuenta de las veces que me he detenido en ese mismo lugar, empezando por el primer día de mi primer viaje a Islandia. Pero siempre había sido en verano o en invierno, jamás en otoño. La pequeña ciudad tenía un aspecto espléndido, realzado por los suaves tonos otoñales y una atmósfera asombrosamente limpia, incluso para el exigente estándar de Islandia.

Un paseo por Akureyri.

Pasé el resto de la mañana en la capital del norte de Islandia, principalmente visitando el Museo de Akureyri y su barrio antiguo. Aunque también encontré hueco para recorrer la zona donde se ubica el actual corazón dela ciudad.
Tras dejar atrás Akureyri, mi siguiente visita no estaba demasiado lejos. Möðruvallaklausturskirkja, que se podría traducir como «la iglesia del monasterio de Möðruvellir». El monasterio al que hace referencia el nombre fue fundado en 1296 por la orden agustina. En 1302 se edificó una iglesia, que ardería 14 años más tarde junto con todo el monasterio. Parece ser que aquel incendio fue el resultado de una noche de excesos y alcohol por parte de los monjes. La reconstrucción se finalizaría en 1326 y vino acompañada de un mayor control sobre la vida monacal por parte del obispo de Hólar. El monasterio acabó contando con una notable biblioteca, entre cuyas piezas destacaba el Möðruvallabók, considerado la mejor recopilación medieval de Sagas que ha llegado a nuestros días. Möðruvallaklaustur también fue acumulando tierras, fruto de diversas donaciones, convirtiéndose en uno de los lugares más prósperos de Islandia. En 1537 Cristián III de Dinamarca adoptó el luteranismo como religión oficial en todos sus dominios. Cuando, en 1546, murió el prior Jón Finnbogason, no fue reemplazado y el monasterio, junto con sus posesiones, pasó a ser propiedad del rey danés.

Möðruvallaklausturskirkja

Möðruvallaklausturskirkja.

Al contrario que otros antiguos monasterios, al tratarse de un lugar especialmente próspero, Möðruvellir no cayó en el abandono. En cambio, acabó convirtiéndose en la residencia del gobernador del norte y el este de Islandia. Posición que mantuvo hasta 1874. Durante este periodo, en 1826, se produjo un nuevo incendio, que destruyó la residencia del gobernador y lo que quedaba de la biblioteca. Por fortuna, el Möðruvallabók había sido trasladado a Dinamarca en 1684. Habría que esperar a 1974 para que volviera a Islandia. Otro incendio, en 1902, arrasó la escuela secundaria. Fue reconstruida en Akureyri, que por entonces ya se había convertido en la principal ciudad del norte de Islandia.

Interior de Möðruvallaklausturskirkja

Interior de Möðruvallaklausturskirkja.

La iglesia que podemos ver actualmente se levantó entre 1865 y 1867, tras el incendio que, en el primer año, había destruido la anterior. Diseñada por Jón Christinn Stephánsson, en aquel tiempo era la iglesia de madera más grande de Islandia. Los objetos de culto de su predecesora se perdieron en el incendio, por lo que los más antiguos que encontraremos en su interior son de 1866. Un retablo, obra del pintor danés Edvard Lehmann, una pila bautismal, también traída de Copenhague, y un cáliz elaborado en Akureyri. Quizá lo más llamativo del interior de Möðruvallakirkja sea su techo azul, adornado con casi 2.000 estrellas doradas.

Hraundrangi desde Jónasarlundur

Hraundrangi desde Jónasarlundur.

Unos 20 minutos después de retomar mi camino hacia el oeste, volvía a detenerme. En esta ocasión en Jónasarlundur, aunque el diminuto bosque no era el motivo de mi parada. En realidad, quería fotografiar Hraundrangi. Una llamativa aguja de lava, que se eleva hasta los 1.075 metros, con una cima tan puntiaguda que no alcanza el metro cuadrado de superficie. La montaña estaba envuelta entre las nubes, que le daban un aire de misterio. Aunque también me impedían conseguir una foto lo suficientemente limpia.

Decidí avanzar hasta el siguiente mirador, apenas dos kilómetros más al sur. Aquí tenía una vista más amplia y podía ver las nubes deslizándose majestuosamente sobre las montañas, permitiéndome anticipar el momento en el que Hraundrangi sería visible. Al menos parcialmente. Si bien no logré la foto que buscaba, al final conseguí una razonablemente buena. Y, de paso, algún vídeo en el que mostrar el parsimonioso avance de las nubes.

Glaumbær, una granja en el Skagafjörður.

Mi siguiente parada fue en otro lugar importante históricamente, actualmente convertido en uno de los mejores museos etnográficos de Islandia. Y de los más fotogénicos.
Cuando quise salir de Glaumbær eran las cuatro y cuarto de la tarde. Y aún estaba a 196 kilómetros del hotel de Bifröst donde tenía reservada habitación. Quería recorrer con luz y con calma uno de los tramos que menos conozco de la Ring Road, entre el cruce con la carretera 68 y el propio hotel. En realidad, ese tramo concreto solo lo había atravesado una vez, en sentido contrario, al comienzo de este mismo viaje.

Atardecer otoñal en Norðurárdalur

Atardecer otoñal en Norðurárdalur.

Al final, tan solo hice una breve pausa, muy cerca de mi destino, para fotografiar los suaves colores otoñales de Norðurárdalur («el valle del río del norte»). Aun así, acabé llegando al hotel cerca de las siete. Con el tiempo justo de darme una ducha y cenar. Después, estuve tentado de salir a cazar auroras. La noche era fría pero espléndida, sin la menor nube en el cielo, y estaba en un lugar con muy poca contaminación lumínica. Pero el KP era de apenas 2. Ya sé que no es del todo imposible ver una aurora con la actividad solar tan baja, pero estaba demasiado cansado y, al día siguiente, tenía por delante una jornada que prometía ser más larga e intensa. Mejor afrontarla con la suficiente energía.

Para ampliar la información.

Si no tienes experiencia conduciendo por Islandia, te puede interesar esta otra entrada del blog: https://depuertoenpuerto.com/conducir-en-islandia-la-guia-completa/.

En inglés, Guide to Iceland tiene un par de entradas sobre Hraundrangi: https://guidetoiceland.is/travel-iceland/drive/hraundrangi-mountain-peak y https://guidetoiceland.is/connect-with-locals/regina/mt-hraundrangi-in-oxnadalur-valley.

Es virtualmente imposible encontrar información en la web sobre Möðruvallaklaustur. Lo poco que hay está en islandés, como https://www.minjastofnun.is/is/byggingararfur/fridlyst-hus-og-mannvirki/modruvallakirkja-modruvallaklausturskirkja o la entrada en la Wikipedia: https://is.wikipedia.org/wiki/M%C3%B6%C3%B0ruvellir_(H%C3%B6rg%C3%A1rdal).