De todos modos, comencé dando un tranquilo paseo hasta la cercana orilla del Eyjafjörður. La tarde anterior había caído la primera nevada del otoño islandés. Nada serio, pero suficiente para que las montañas que rodean el fiordo tuvieran su parte alta cubierta por un fino manto blanco, anunciando la proximidad del prematuro invierno subártico. Mientras tanto, el sol lograba filtrarse entre las nubes, iluminando parcialmente las laderas, teñidas de colores otoñales. La vista era de una serenidad asombrosa. Acentuada por varias bandadas de aves, volando pausadamente hacia el sur, y el hecho de saber que, aquel mismo día, en Madrid se esperaban máximas de 35ºC.
Me puse en marcha poco después de las nueve, para detenerme unos minutos más tarde en el mirador que hay frente a Akureyri, apenas unos metros al sur de la boca del túnel de Vaðlaheiðargöng. A estas alturas, he perdido la cuenta de las veces que me he detenido en ese mismo lugar, empezando por el primer día de mi primer viaje a Islandia. Pero siempre había sido en verano o en invierno, jamás en otoño. La pequeña ciudad tenía un aspecto espléndido, realzado por los suaves tonos otoñales y una atmósfera asombrosamente limpia, incluso para el exigente estándar de Islandia.
Un paseo por Akureyri.
Al contrario que otros antiguos monasterios, al tratarse de un lugar especialmente próspero, Möðruvellir no cayó en el abandono. En cambio, acabó convirtiéndose en la residencia del gobernador del norte y el este de Islandia. Posición que mantuvo hasta 1874. Durante este periodo, en 1826, se produjo un nuevo incendio, que destruyó la residencia del gobernador y lo que quedaba de la biblioteca. Por fortuna, el Möðruvallabók había sido trasladado a Dinamarca en 1684. Habría que esperar a 1974 para que volviera a Islandia. Otro incendio, en 1902, arrasó la escuela secundaria. Fue reconstruida en Akureyri, que por entonces ya se había convertido en la principal ciudad del norte de Islandia.
La iglesia que podemos ver actualmente se levantó entre 1865 y 1867, tras el incendio que, en el primer año, había destruido la anterior. Diseñada por Jón Christinn Stephánsson, en aquel tiempo era la iglesia de madera más grande de Islandia. Los objetos de culto de su predecesora se perdieron en el incendio, por lo que los más antiguos que encontraremos en su interior son de 1866. Un retablo, obra del pintor danés Edvard Lehmann, una pila bautismal, también traída de Copenhague, y un cáliz elaborado en Akureyri. Quizá lo más llamativo del interior de Möðruvallakirkja sea su techo azul, adornado con casi 2.000 estrellas doradas.
Unos 20 minutos después de retomar mi camino hacia el oeste, volvía a detenerme. En esta ocasión en Jónasarlundur, aunque el diminuto bosque no era el motivo de mi parada. En realidad, quería fotografiar Hraundrangi. Una llamativa aguja de lava, que se eleva hasta los 1.075 metros, con una cima tan puntiaguda que no alcanza el metro cuadrado de superficie. La montaña estaba envuelta entre las nubes, que le daban un aire de misterio. Aunque también me impedían conseguir una foto lo suficientemente limpia.
Decidí avanzar hasta el siguiente mirador, apenas dos kilómetros más al sur. Aquí tenía una vista más amplia y podía ver las nubes deslizándose majestuosamente sobre las montañas, permitiéndome anticipar el momento en el que Hraundrangi sería visible. Al menos parcialmente. Si bien no logré la foto que buscaba, al final conseguí una razonablemente buena. Y, de paso, algún vídeo en el que mostrar el parsimonioso avance de las nubes.
Glaumbær, una granja en el Skagafjörður.
Al final, tan solo hice una breve pausa, muy cerca de mi destino, para fotografiar los suaves colores otoñales de Norðurárdalur («el valle del río del norte»). Aun así, acabé llegando al hotel cerca de las siete. Con el tiempo justo de darme una ducha y cenar. Después, estuve tentado de salir a cazar auroras. La noche era fría pero espléndida, sin la menor nube en el cielo, y estaba en un lugar con muy poca contaminación lumínica. Pero el KP era de apenas 2. Ya sé que no es del todo imposible ver una aurora con la actividad solar tan baja, pero estaba demasiado cansado y, al día siguiente, tenía por delante una jornada que prometía ser más larga e intensa. Mejor afrontarla con la suficiente energía.
Para ampliar la información.
En inglés, Guide to Iceland tiene un par de entradas sobre Hraundrangi: https://guidetoiceland.is/travel-iceland/drive/hraundrangi-mountain-peak y https://guidetoiceland.is/connect-with-locals/regina/mt-hraundrangi-in-oxnadalur-valley.
Es virtualmente imposible encontrar información en la web sobre Möðruvallaklaustur. Lo poco que hay está en islandés, como https://www.minjastofnun.is/is/byggingararfur/fridlyst-hus-og-mannvirki/modruvallakirkja-modruvallaklausturskirkja o la entrada en la Wikipedia: https://is.wikipedia.org/wiki/M%C3%B6%C3%B0ruvellir_(H%C3%B6rg%C3%A1rdal).







