Cuando, en 1970, se inauguró la estación de esquí de Bláfjöll, ya era conocida la existencia de una sima en la cima más nororiental de Þríhnúkar. Al menos, alguien se lo había comentado al espeleólogo Árni B. Stefánsson. Aunque decidió investigar el lugar, se limitó a arrojar una piedra en su interior y cronometrar el tiempo que tardaba en escuchar el impacto contra el fondo. Estimó que la profundidad debía ser de al menos un centenar de metros. Tardó cuatro años en regresar, esta vez con ocho compañeros y una cuerda de 200 metros de longitud, con la que le descolgaron en el interior de la sima. Volvió a la superficie decepcionado. En lugar de un largo canal, lleno de estalactitas y estalagmitas, tan solo encontró una gran bóveda de roca. En 1991, regresó un par de veces acompañado de sus hermanos Einar y Björn, tras lo que publicaron varios artículos en revistas especializadas. Solo entonces descubrieron la verdad: Árni había encontrado la única cámara magmática accesible de todo el planeta.
En 2010, la erupción del Eyjafjallajökull puso el foco de la atención mediática en Islandia. En este contexto, National Geographic organizó una expedición a Þríhnúkagígur, liderada por el vulcanólogo islandés Haraldur Sigurðsson, con la intención de grabar el documental Into Iceland’s Volcano. El documental, elaborado con todo lujo de medios técnicos y estrenado al año siguiente, reveló al mundo la existencia de la cámara magmática. Además, la infraestructura instalada para facilitar el acceso de las personas y el equipo de National Geographic demostró que era posible realizar el descenso con comodidad y con un impacto mínimo en el entorno. Tras unas cuantas mejoras, buscando sobre todo aumentar la seguridad, en 2012 se abrió al público.
Actualmente, la visita comienza en Breiðabliksskálinn, uno de los refugios de la estación de esquí de Bláfjöll. Desde allí, una senda de 2.300 metros nos llevará a otro pequeño refugio, justo a los pies de Þríhnúkagígur. El sendero es razonablemente llano y, por el camino, el guía de la excursión realizará algunas pausas, en las que irá explicando diversas peculiaridades del campo de lava que hay al oeste de Bláfjöll (topónimo que, en islandés, significa «las montañas azules»). El día de mi visita, tardamos unos 45 minutos en recorrer la senda.
Þríhnúkagígur forma parte del sistema volcánico de Brennisteinsfjöll, nombre que se traduciría por «las Montañas de Azufre». Situado muy cerca de Reikiavik, tiene aproximadamente 45 kilómetros de longitud y 10 de ancho. Se piensa que ha sido el más activo en la península durante el Holoceno, con entre 30 y 40 erupciones, de las que 10 habrían tenido lugar tras el Landnámsöld. La última, en 1341, se produjo en la zona meridional del sistema. El extremo suroccidental de Brennisteinsfjöll sería el cráter de Eldborg við Geitahlíð. El nororiental estaría algo al sur de Hellisheiði y la Ring Road.
Una vez en el segundo refugio, el guía que te acompañará durante el descenso al interior de Þríhnúkagígur te dará una serie de explicaciones de seguridad, tras lo que repartirá cascos y arneses a los integrantes del grupo, que en mi caso estaba formado por siete personas. Después, una breve subida por la ladera del volcán, utilizando una senda mínimamente acondicionada, te llevará a la plataforma de descenso. Allí el guía irá haciendo pasar, uno por uno, a los integrantes del grupo, asegurándose de que están correctamente amarrados a la barandilla de la plataforma.
Después comienza el descenso de 122 metros, que dura entre 6 y 7 minutos. La tarde de mi visita era espléndida, con un cielo azul poco habitual en Islandia. Al principio, el fuerte contraste con la oscuridad del interior hacía complicado distinguir algo, más allá de un par de focos encendidos en las profundidades del abismo, que lo único que lograban era deslumbrarme. Tan solo en la parte final logré comenzar a apreciar los colores y texturas de la roca volcánica que me rodeaba. Tras llegar al fondo y descender de la barquilla, nuevamente de uno en uno, comenzó la visita propiamente dicha.
Visita que duró aproximadamente 30 minutos y se divide en dos partes bien diferenciadas. En la primera, nuestro guía explicó las peculiaridades del lugar, su génesis y el origen de la extraña paleta de colores que nos rodeaba. Þríhnúkagígur es el cráter más reciente de la cadena y parece tener su origen en una erupción hace unos 4.000 años. Sería, por tanto, más reciente que las pirámides de Egipto. En condiciones normales, la cámara de magma que alimenta una erupción puede evolucionar de dos formas diferentes: colapsar, una vez que el magma se haya agotado, o quedar taponada, si el magma se solidifica en su interior. Por algún motivo que desconocemos, en Þríhnúkagígur no se produjo ninguna de estas circunstancias. Aparentemente, una vez finalizada la erupción el magma debió fluir por algún conducto inferior, dejando la cámara vacía. Y, aunque hubo algún derrumbe parcial, esta quedó prácticamente intacta, dando origen a la maravilla geológica que podemos contemplar actualmente.
También ayudó que la boca superior de Þríhnúkagígur sea extraordinariamente pequeña (apenas 4 metros de diámetro), impidiendo que el interior se fuera llenado de sedimentos o de agua. Y la aparente existencia de algún conducto subterráneo, todavía abierto, por el que se filtra el agua que logra llegar al fondo de la cámara. Estas circunstancias también han ayudado a la preservación de la deslumbrante paleta de colores que puede apreciarse en sus paredes: rojos (óxido de hierro), amarillos (azufre), verdes (cobre), azules (sílice y magnesio) y negros (basaltos). Expuestas al duro clima de Islandia, esas mismas rocas habrían perdido buena parte de su vivacidad. Terminadas las explicaciones, tuvimos un rato para vagar libremente por el fondo de la cámara, donde hay un sendero, bastante precario y lleno de humedad, que permite realizar un recorrido circular.
Terminada la visita, el ascenso resultó bastante más interesante que la bajada. En parte, fue por la adaptación de mis ojos a la oscuridad, que me permitió apreciar mejor los colores y, sobre todo, las texturas de las rocas que íbamos superando. Aunque también influyó acabar en una mejor ubicación dentro de la barquilla. Aquí tuvo un papel importante nuestro guía, que nos iba preguntando dónde habíamos estado durante el descenso, para colocarnos en el emplazamiento contrario.
Después, regresamos al refugio a los pies de Þríhnúkagígur, donde hicimos una pausa para tomar una reconfortante sopa caliente, antes de iniciar el regreso al refugio de Bláfjöll. Regreso que en principio debería haber sido mucho más rápido, pues aquí no había pausas para dar explicaciones. Pero que en mi caso acabó siendo bastante más lento, pues preferí realizarlo a mi ritmo, deteniéndome a hacer las fotos que no había podido conseguir a la ida. Al final, la excursión se fue a tres horas y quince minutos, desde que dejamos el refugio hasta que volví a subir al coche.
Como en toda excursión organizada en Islandia, la pregunta clave es si mereció la pena. Sobre todo teniendo en cuenta su elevado precio, de 51.000 coronas islandesas (algo más de 340 €). No tengo una respuesta clara. Personalmente, me pareció muy interesante y me alegro de haberla realizado. Lo cual no es poco, teniendo en cuenta mi aversión natural a las actividades «enlatadas». Pero si dispones de un vehículo de alquiler y vas a estar pocos días en Islandia, o su deslumbrante geología no está entre tus principales intereses, creo que es una excursión prescindible. Hay tanto que ver y que hacer en la isla, generalmente a precios más razonables, cuando no totalmente gratis, que emplear casi medio día en esta excursión quizá no sea la forma más adecuada de gastar tu tiempo y tu dinero.
De todos modos, debes tener en cuenta que solo podrás realizar la visita entre mayo y octubre. Aun así, sobre todo a principio o fin de temporada, entra dentro de lo posible que la nieve o el mal clima impidan realizar la actividad. O que el paseo entre Bláfjöll y Þríhnúkagígur sea un pequeño infierno. Como siempre en Islandia, hasta en un día aparentemente espléndido, como el que tuve la suerte de disfrutar, lo recomendable es ir preparado para lo peor, por si el clima decide jugarte una mala pasada. Por último, aunque yo fui hasta Bláfjöll con mi propio vehículo, también existe la posibilidad de que te recojan en Reikiavik, aunque esta opción elevará aún más el precio de la actividad. En cualquier caso, si estás en la capital de Islandia sin coche de alquiler y quieres hacer una excursión fuera de los caminos más trillados, Inside the Volcano puede ser una alternativa a tener en cuenta.
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Para ampliar la información.
Dentro de este blog, en https://depuertoenpuerto.com/sobre-la-geologia-de-islandia/ encontrarás una breve introducción a la geología de Islandia.
En inglés, la página oficial de Inside the Volcano está en https://insidethevolcano.com/.
The Reykjavik Grapevine tiene una entrada sobre la exploración de Þríhnúkagígur: https://grapevine.is/travel/2016/06/09/discovering-thrihnukagigur/.
El breve artículo sobre la expedición de National Geographic está en https://www.nationalgeographic.com/science/article/110407-volcano-first-descent-magma-chamber-geographic-lava-iceland.










