Empecé mi ruta a las nueve de la mañana, sin un plan muy concreto más allá de dejar la Ring Road en la primera ocasión que tuviera. Apenas 12 kilómetros al sur de Bifröst me desviaba a la izquierda, comenzando a recorrer la carretera 50. Por unos minutos, mientras atravesaba las tierras agrícolas entre los ríos Norðurá y Hvitá, llegué a pensar que me había equivocado al elegir esa ruta concreta. La carretera era tranquila y el paisaje bucólico, pero nada excepcional para la normalmente deslumbrante Islandia.
Mi suerte cambió bruscamente según recorría la carretera 520, en las inmediaciones del lago Skorradalsvatn. Al frente, más allá de un puñado de granjas dispersas, se elevaba Skarðsheiði, las montañas de origen volcánico que separan Borgarfjördur de Hvalfjördur. Con la mole del Skessuhorn («el Cuerno de la Mujer Troll») elevándose hasta los 967 metros de altitud. Aunque Skarðsheiði sigue prolongándose hacia el oeste y Skessuhorn no es la cima más elevada de la cadena, desde mi posición el panorama era imponente, realzado por las primeras nieves del otoño, tamizando su cima. Aquella vista habría justificado el desvío por si sola.
A partir de ese momento, la ruta se volvió mucho más interesante. En apenas unos minutos, recorría la orilla meridional del Skorradalsvatn. El lago, con una longitud cercana a los 15 kilómetros, estaba rodeado de bosques. Algo bastante poco habitual en Islandia.
Poco después, la carretera giraba hacia el sur, adentrándose en un collado que permite atravesar Skarðsheiði. Enseguida llegué a Villingadalur. Un diminuto valle glaciar, rematado por un hermoso grupo de cascadas. Después, la carretera bordeaba otros dos pequeños lagos, antes de descender al Hvalfjördur, «el Fiordo de la Ballena». Un fiordo que había recorrido varias veces, tanto en otoño como en invierno. La última, apenas unos días atrás, camino del aparcamiento de Glymur.
Mi principal interés en el fiordo era fotografiar los dos buques balleneros, que siempre había dejado de lado, embarrancados en las proximidades de Hvalstöðin í Hvalfirði («la Estación Ballenera del Fiordo de la Ballena»). Los dos barcos, el Hvalur 6 RE-376 y el Hvalur 7 RE-377, fueron construidos en 1946. En 1986, la Sea Shepherd Conservation Society realizó un sabotaje en Hvalstöðin í Hvalfirði, que tuvo como resultado el hundimiento de ambos buques. Fueron reflotados unos días después y embarrancados en una playa cercana, con la idea de repararlos completamente. Allí siguen, oxidándose lentamente bajo el inclemente clima islandés.
Una vez más, tocaba decidir por dónde seguir la ruta. Continuaba sobrado de tiempo, por lo que opté por tomar un nuevo desvío, esta vez por la carretera 48. Al filo de las once y media hacía una breve pausa junto a Þórufoss. Al contrario que en mi anterior visita, en pleno invierno, la cascada era perfectamente visible. Podía haber descendido hasta sus inmediaciones, pero en mi mente se había forjado un nuevo plan, mucho más interesante.
Bordeé parte de la orilla occidental del Þingvallavatn por la carretera 360. Nuevamente, una ruta que solo había recorrido en invierno. Las vistas sobre el lago eran interesantes aunque, al igual que al principio de la mañana, nada excepcionales. Tampoco me importó, mi auténtico objetivo estaba un poco más al oeste, en la carretera 435.
Nesjavallaleið es algo parecido a un atajo, entre Reikiavik y el lago Þingvallavatn, que jamás había logrado recorrer. Probablemente, no suponga el menor ahorro sobre la ruta habitual, recorriendo la carretera 36, pero atraviesa paisajes mucho más interesantes, por una carretera muy poco transitada. Su principal inconveniente es que suele estar cortada al tráfico durante el largo invierno islandés. De hecho, llevaba años sin verla abierta en las webs del estado de las carreteras. Cuando, consultando umferdin.is, vi que estaba marcada como transitable, de inmediato se convirtió en el tramo final de mi errático desvío.
Nesjavallaleið pasa junto a la central geotérmica de Nesjavellir, la segunda más grande de Islandia. La zona, situada al norte del volcán Hengill, comenzó a ser evaluada en 1947, aunque la construcción de las primeras instalaciones tuvo que esperar a 1987. Desde 1990, genera electricidad y agua caliente para Reikiavik y su periferia. La capacidad de la planta ha ido creciendo, hasta alcanzar los 120MW de energía eléctrica y 300MW de energía térmica, en forma de agua caliente, que es transportada a Reikiavik mediante una tubería de 27 kilómetros de longitud.
La carretera avanza rozando el extremo norte de Hengilsvæðið, zigzagueando entre paisajes de una belleza irreal. La zona también está atravesada por rutas de senderismo, aunque es fundamental ceñirse a sus recorridos, pues en algunos lugares la temperatura del terreno supera el centenar de grados. Aunque se estima que su última erupción tuvo lugar hace un par de milenios, se considera que sigue siendo un volcán activo.
Después, Nesjavallaleið recorre una serie de largas rectas, mientras desciende hacia Reikiavik atravesando un enorme campo de lava. Durante todo el trayecto, a mi derecha, podía ver la larga tubería que suministra el agua caliente a la capital de Islandia. Agua que también se utiliza para el sistema de calefacción.
Þríhnúkagígur: un viaje al centro de la Tierra.
Para ampliar la información.
En https://depuertoenpuerto.com/sobre-la-geologia-de-islandia/ encontrarás una breve introducción a la geología de la isla.
Visitando https://depuertoenpuerto.com/de-lundarreykjadal-a-brattholt/ puedes ver un recorrido invernal que en parte coincide con el que acabo de describir.
En inglés, Icelandic Times tiene un artículo sobre Skessuhorn: https://icelandictimes.com/skessuhorn-and-skardsheidi/.
Si visitas Atlas Obscura encontrarás información de los balleneros abandonados del Hvalfjördur: https://www.atlasobscura.com/places/beached-whalers-iceland.
Nat.is tiene un largo artículo sobre Nesjavellir https://nat.is/nesjavellir-geothermal-power-plant/.











