La idea que buena parte de los visitantes de Islandia tienen sobre los Fiordos del Este se ve condicionada por el hecho de que la Ring Road atraviese una parte de la región. Muchos creen que la zona es poco más que el puñado de fiordos que recorren por la principal carretera de Islandia. Algunos se desvían hasta Seyðisfjörður y su fotogénica iglesia azul, o a Bakkagerði, buscando uno de los mejores lugares de Islandia para ver frailecillos. Los más aventureros, incluso dejan el asfalto para visitar el deslumbrante Mjóifjörður. Sin embargo, muy pocos conocen la existencia de Loðmundarfjarðarvegur. La carretera, conocida oficialmente como F946, es una de las menos transitadas de Islandia.

Estado de carreteras en el noreste de Islandia

Estado de carreteras en el noreste de Islandia.

En realidad, tal como indica su número, la F946 es lo que en la Tierra de Hielo llaman una «carretera de montaña»: una pista de tierra, tan solo apta para vehículos con tracción a las cuatro ruedas. Nace como una carretera asfaltada, la 946, en el centro de Bakkagerði, la única población de Borgarfjörður eystri. Tras avanzar unos 9 kilómetros hacia el sur y cruzar sobre el Fjarðará, se convierte en una carretera de montaña. Después de zigzaguear durante otros 28 kilómetros por el abrupto relieve de la zona, va a morir en un lugar llamado Úlfsstaðir. Una remota granja, en el interior del Loðmundarfjörður.

Atravesando Vatnsskarð

Atravesando Vatnsskarð.

Loðmundarfjarðarvegur era una más de mis eternas tareas pendientes en Islandia. La carretera de montaña no tiene servicio invernal, por lo que solo suele ser transitable entre junio y septiembre. Aun así, su escaso tráfico y lo enrevesado de su trazado hacen que, a pesar de no tener ningún vado de tamaño apreciable, sea una pista con cierto nivel de complejidad. Cuando, en una jornada de mediados de septiembre, por fin encontré la ocasión de intentarlo, tenía otros dos factores en mi contra. El primero, las intensas lluvias de los días anteriores, que podían haber deteriorado la ya de por sí precaria carretera. El otro, las nubes, flotando a escasa altura sobre el paisaje. Tan escasa, que ocultaban las cimas más altas. Aun así, decidí probar suerte. Al fin y al cabo, había atravesado el paso de Vatnsskarð tan solo unos minutos atrás, sin llegar a alcanzar las nubes. En cualquier caso, como siempre en Islandia, si la situación se complicaba, daría media vuelta.

Llegando a la F946

Llegando a la F946.

Poco después de las once dejaba atrás el asfalto, mientras me cruzaba con el único vehículo que vería en las siguientes tres horas. En menos de quince minutos, tras atravesar otro puente, comenzaban las primeras rampas de la carretera. Esta se había vuelto estrecha y con un firme bastante deteriorado, lleno de grandes charcos y de surcos dejados atrás por los últimos chaparrones. Había que ir despacio, extremando la precaución. Al menos, mirando al frente, podía ver el primer collado que debía superar claramente bajo las nubes. Seguiría adelante.

Desde Loðmundarfjarðarvegur

Desde Loðmundarfjarðarvegur.

Atravesaba un paisaje tan bello como grandioso. Aunque, como tantas veces en Islandia, de una belleza extraña, quizá no del agrado de todos. Una sucesión de colinas y valles, que se elevaban hasta convertirse en montañas, con sus cimas ocultas tras las nubes. Un terreno áspero y completamente desprovisto de árboles, en el que los verdes del verano comenzaban a dar paso a tonos más acordes con el incipiente otoño. Y donde la única tenue señal de civilización eran el coche que conducía y la enrevesada pista que recorría.

Quince minutos antes del mediodía coronaba Húsavíkurheiði, el primer collado de la ruta, a 472 metros de altitud. Justo rozando las nubes, que entre tanto habían comenzado a descender. El momento fue sin duda hermoso, pero también podía ser un anticipo de futuros problemas. Nesháls, el siguiente paso, estaba a 435 metros de altitud. Si el ritmo de descenso de las nubes no se moderaba, me alcanzaría la niebla. De todos modos, aún era pronto para preocuparse. Decidí continuar.

En el valle del río Vikurá

En el valle del río Vikurá.

Comencé a descender camino del río Vikurá, alejándome de las nubes. Poco después del mediodía tenía a la vista el refugio de Húsavíkurskáli. Más allá, la carretera zigzagueaba ladera arriba, hasta desaparecer entre la niebla. Malas noticias. En cualquier caso, todavía era pronto para rendirse. Seguí adelante, confiando en que uno de los bruscos cambios que caracterizan el clima de Islandia viniera en mi ayuda.

El valle desciende hacia Húsavik

El valle desciende hacia Húsavik.

Tras superar el Vikurá sobre un precario puente de madera, dejé a un lado el refugio y crucé un diminuto vado, con todo el aspecto de ser fruto de las intensas lluvias de los días precedentes. Avanzaba lentamente, sin la menor prisa. Mirando atrás, podía contemplar el valle que acababa de atravesar, descendiendo hacia la costa. Allí estaba Húsavik, la «Ensenada de la Casa». Otro de los topónimos repetidos de Islandia, que no guarda relación con la ciudad ubicada en Skjálfandaflói, considerada la capital del avistamiento de ballenas de Islandia.

Llegando a la niebla en la subida hacia Nesháls

Llegando a la niebla en la subida hacia Nesháls.

Mientras tanto, las nubes no parecían tener la menor intención de retirarse. Habría recorrido unos 1.600 metros desde el refugio, cuando me di de bruces con una intensa niebla. Aunque apenas eran las 12:40, la tarde se estaba volviendo cada vez más oscura. Aun estaba a 15.900 metros de mi destino, al final de la pista, y hacía un buen rato que la cobertura de teléfono móvil era inexistente. En una carretera solitaria y sin haber notificado mi ruta en safetravel.is, aquello significaba que, de tener algún problema, estaría completamente solo. Había llegado el momento de dar media vuelta.

Húsavíkurskáli

Húsavíkurskáli.

Seguía sin tener prisa, por lo que decidí hacer una pausa en Húsavíkurskáli. Además de curiosear en el refugio, me serviría para hacer algo de tiempo, en un último intento de esperar un cambio en mi suerte. El refugio, operado por Ferðafélag Íslands, tiene capacidad para 33 personas. Como era de esperar a mediados de septiembre, ya estaba cerrado. Tuve que conformarme con hacer alguna foto a través de las ventanas.

El río Vikurá

El río Vikurá.

Mientras tanto, el día no hacía más que empeorar. Las nubes seguían su lento descenso, había comenzado a llover y el tráfico seguía siendo inexistente. Me encantan las carreteras solitarias de Islandia pero, cuando recorro pistas complicadas, siempre agradezco encontrarme con otros vehículos. Son tanto una garantía de seguridad como una fuente de información sobre lo que hay más allá. En este caso, alguien viniendo desde Úlfsstaðir habría sido una ayuda inestimable y quizá me hubiera animado a seguir. Pero no hubo suerte. Al filo de la una, dejaba el aparcamiento de Húsavíkurskáli de vuelta hacia Bakkagerði.

Entre Húsavíkurskáli y Húsavíkurheiði

Entre Húsavíkurskáli y Húsavíkurheiði.

Las nubes seguían descendiendo, ocultando cada vez mayores porciones del paisaje. Acabé atravesando Húsavíkurheiði envuelto por una densa niebla. En cualquier caso, no me preocupé. Ya sabía qué esperar de la ruta así como que no tardaría en descender hacia el valle del Fjarðará.

Dejando la niebla atrás

Dejando la niebla atrás.

Cuando finalmente salí de la niebla, el paisaje estaba mucho más cubierto que a última hora de la mañana. Lo cual, al menos para mí, lo hacía más interesante. Las nubes bajas se deslizaban lentamente, ocultando y volviendo a mostrar retazos de las montañas que me rodeaban, llenándolas de ese aura de mágico misterio que tanto me fascina en Islandia. Con buena parte de la tarde por delante, no tenía la más mínima prisa. Las pausas fotográficas fueron mucho más frecuentes que durante el ascenso.

En el valle del Fjarðará

En el valle del Fjarðará.

Poco después de las dos de la tarde, regresaba a la carretera 94. Al final, mi fallido recorrido de Loðmundarfjarðarvegur había durado algo más de tres horas, en las que, entre ida y vuelta, había recorrido unos 42 kilómetros. Aunque había fracasado en mi primer intento, me había servido para explorar el comienzo de la ruta, mientras disfrutaba de paisajes tan bellos como etéreos. Además, pasaría la noche en Bakkagerði, por lo que, al día siguiente, tendría una segunda oportunidad de explorar la ruta. Mientras tanto, aprovecharía lo que quedaba de tarde para visitar Hafnarhólmi, con fama de ser uno de los mejores lugares de Islandia para observar aves. No era un mal plan B.

Travelers' Map is loading...
If you see this after your page is loaded completely, leafletJS files are missing.

Para ampliar la información.

Imposible encontrar la más mínima información en español.

En inglés, Guide to Iceland tiene un breve artículo: https://guidetoiceland.is/travel-iceland/drive/lodmundarfjoerdur.

También encontrarás una entrada en nat.is: https://nat.is/lodmundarfjordur/.

Campsire tiene información de la F946: https://www.campsire.com/f-roads-in-iceland/f946-lodmundarfjardarvegur.

Si te interesa dormir en el refugio de Húsavíkurskáli, su página oficial está en https://www.fi.is/en/mountain-huts/all-mountain-huts/husavik.