La situación no mejora cuando llegas a Þeistareykir. Al menos durante mi visita, no había la menor indicación, y la pista por la que me enviaba el navegador estaba cortada a escasos metros de la carretera. Al final, tuve que encontrar el acceso mediante prueba y error. Aunque, todo hay que decirlo, tampoco era muy difícil dar con el lugar. Varios kilómetros antes de llegar, podía ver las columnas de vapor elevándose hacia el cielo. Tras visitar Framed View, el curioso monumento que hay junto a la carretera principal, al tercer intento, logré dar con el diminuto aparcamiento que hay junto al refugio.
Þeistareykir está a los pies del monte Bæjarfjall y forma parte de la zona de fractura de Húsavik. Que a su vez es el extremo septentrional de la parte emergida de la dorsal oceánica. Aquella que entra en Islandia por Reykjanes y, tras pasar por lugares como Almannagjá, en Þingvellir, abandona la isla en las inmediaciones de Tjörnes. Dicen que el Bæjarfjall es el mejor ejemplo de cráter de lava almohadillada que se puede encontrar en Islandia. Su nombre se traduciría por «la montaña de la granja» y tendría su origen en la antigua granja de Mælifell. Su nivel de aislamiento hizo que fuera abandonada y vuelta a ocupar en varias ocasiones. Hasta que, en 1874, quedó definitivamente deshabitada.
También hubo alguna explotación minera, entre los siglos XVI y XVII, extrayendo sulfuro para fabricar pólvora. La dificultad de las comunicaciones hizo que un último intento, por parte de empresas británicas, fracasara a finales del siglo XIX, principalmente por la competencia de las minas sicilianas. En 2002 se realizó una primera prospección de las posibilidades geotérmicas del lugar. Tras un resultado muy prometedor, en 2012 se construyó la carretera por la que actualmente se accede a Þeistareykir. En 2014 se completaron las infraestructuras y los cimientos y un año más tarde comenzaría la construcción de la planta, que empezó a producir electricidad en 2017. Al año siguiente, había un segundo generador en marcha. La potencia total instalada es de 90 MW, aunque se estima que el calor generado por la zona daría para una instalación de 200 MW.
Como tantas veces en Islandia, la explotación de un recurso natural tiene su cara y su cruz. En el lado positivo, ahora es muy sencillo llegar a una de las zonas geotermales más remotas de la isla. A cambio, el lugar ha sido parcialmente privado de su salvaje belleza. Buena parte del entorno está lleno de grandes tuberías y diversas instalaciones, mientras el incesante sonido de las turbinas de vapor llena el ambiente. A largo plazo, también entra dentro de lo posible que el terreno de la zona acabe perdiendo parte de su temperatura. Aunque también puede ocurrir todo lo contrario. Al fin y al cabo, Þeistareykir se encuentra en una de las zonas geológicamente más activas de Islandia, no muy lejos del Krafla.
La franja de muy altas temperaturas es perfectamente distinguible en la ladera del Bæjarfjall. Una banda oscura, carente de vegetación, enmarcada entre terrenos cubiertos por una capa verde. La vegetación también debe su existencia al calor que mana de la tierra. Sin su presencia, el lugar sería tan estéril y descarnado como su entorno. En la zona más caliente, abundan los lugares donde el terreno expulsa vapores y algunas manchas claras, probablemente fruto de antiguas emanaciones. Complementado con restos de lava de las últimas erupciones, rebosando sobre la ladera del volcán, dan al lugar un aspecto tan tenebroso como fascinante. Si lo combinamos con el incesante sonido de las columnas de vapor de la planta geotérmica, la sensación de estar a las puertas del infierno resulta bastante intensa.
También es interesante la variedad de colores que muestra el terreno. Cada tono suele corresponder a una génesis particular. Así, los tonos amarillentos vienen del azufre y otros sulfuros, que se oxidan al contactar con el aire. Los ocres y rojizos se deben a la presencia de óxidos de hierro, que suelen convertirse en hematites y limonitas. Los sílices dan lugar a colores grises y blanquecinos y otros materiales, o incluso procesos biológicos, generarán verdes, marrones o naranjas vivos. Colores que suelen ir acompañados de extrañas texturas.
Como en toda área geotermal islandesa, deberás extremar las precauciones. Estarás visitando una zona especialmente aislada y que, más allá de un pequeño aparcamiento de tierra y un conjunto de paneles explicativos, carece de la más mínima infraestructura turística. Aquí no encontrarás las pasarelas de madera que hay en Hveravellir, menos aún las barandillas que jalonan parte del recorrido en Seltún.
En Þeistareykir tu propia seguridad dependerá de tu sentido común. Ten cuidado con las zonas excesivamente calientes y procura no caminar sobre terreno blando, que puede haberse convertido en un barrizal, ser extraordinariamente resbaladizo o contener peligros invisibles. Por supuesto, ni se te ocurra tocar el agua que mana del terreno y permanece atento a cualquier irritación de piel, ojos o vías respiratorias. Y ten también en cuenta que estarás visitando un entorno tan hostil como cambiante. Como suele ser frecuente en Islandia, aquello que hace el lugar fascinante también lo convierte en peligroso.
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Para ampliar la información.
En inglés, Guide to Iceland tiene una buena entrada sobre el lugar: https://guidetoiceland.is/connect-with-locals/regina/the-colourful-theistareykir-geothermal-area-in-north-iceland-1.
La web oficial de la planta geotérmica está en https://www.landsvirkjun.com/powerstations/theistareykir.
SI te interesa dormir en el pequeño refugio que hay junto a Þeistareykir, encontrarás información en https://www.ferdalag.is/en/service/theistareykir-mountain-hut.







