Borgarfjörður eystri es el más septentrional de los fiordos orientales de Islandia. En realidad, el lugar es un callejón sin salida, al que solo se puede llegar atravesando el hermoso paso de Vatnsskarð. Una vez dentro de lo que parece un diminuto Shangri-La, encajonado entre las montañas y el mar, tan solo nos encontraremos con una pequeña población, Bakkagerði, con apenas un centenar de habitantes. Y una igualmente pequeña red de carreteras y sendas, que permite explorar su deslumbrante naturaleza.

En la vertiente oriental de Vatnsskarð

Invierno en Vatnsskarð.

Tan solo había estado una vez en la zona, durante mi largo viaje invernal de 2023. Llegué a Borgarfjörður eystri procedente de Stuðlagil y, tras dar una vuelta por Bakkagerði y Hafnarhólmi, me fui a dormir a Egilsstaðir. Las pocas horas de luz, la falta de alojamientos abiertos, las pistas cerradas y la posibilidad de quedarme bloqueado en uno de los lugares más remotos a los que se puede acceder durante el duro invierno islandés, me impidieron hacer una visita prolongada. Pero aquellas pocas horas habían bastado para deslumbrarme. Me prometí regresar, en condiciones más propicias.

Héraðssandur y Smjörfjöll desde Vatnsskarð

Héraðssandur y Smjörfjöll desde Vatnsskarð.

Estas llegaron en mi segundo periplo otoñal por Islandia, que estaría centrado en el noreste de la isla. Contaba con encontrar las carreteras abiertas, antes de las primeras nieves del otoño. Además, los días serían más largos y había un par de hoteles abiertos en Bakkagerði, por lo que podía pasar la noche en el fiordo. En mi novena jornada de viaje, reservé habitación en el Blábjörg Resort y me puse en camino desde la no tan lejana Hallormsstaður. A las diez y media de la mañana, estaba en el mirador que hay justo antes de coronar el paso de Vatnsskarð. Al frente, más allá de Héraðssandur, una densa nube ocultaba las cumbres de Smjörfjöll (las Montañas de Mantequilla) y el paso de Hellisheiði. El mismo que había atravesado, entre la niebla, apenas cuatro días atrás.

Njarðvík

Njarðvík.

Al otro lado me esperaba el tan abrupto como hermoso descenso hacia Njarðvík, que realicé con toda la calma del mundo. Luego, los canchales de Njarðvíkurskriður, donde una vieja leyenda habla de un monstruo, llamado Naddi, que aterrorizaba a la población local. Hasta que un tal Jón Bjarnason se enfrentó al monstruo, haciendo que huyera rumbo al mar, para jamás volver a ser visto. Con o sin monstruo, este tramo concreto de la ruta era muy peligroso y regularmente se cobraba la vida de algún residente local. Hasta 1950 no fue transitable para coches, siendo asfaltado en fecha tan reciente como 2019.

Llegando a la F946

Llegando a la F946.

Pero el auténtico motivo de mi regreso a Borgarfjörður eystri no era revisitar en otoño los lugares que había conocido en invierno. En realidad, mi interés principal estaba en recorrer hasta el final la F946. O al menos intentarlo. Loðmundarfjarðarvegur es una de las carreteras de montaña más remotas y menos transitadas de Islandia. Va a morir frente a una granja en el pequeño fiordo de Loðmundarfjörður. Y es una muestra más de que, en Islandia, muchas veces el camino es más importante que el destino.

Loðmundarfjarðarvegur entre la niebla.

Pasé las siguientes tres horas intentando recorrer la F946. Al final, la niebla pudo conmigo y apenas conseguí llegar mucho más allá del refugio de Húsavíkurskáli. Aun así, mereció la pena recorrer el tramo inicial de una de las carreteras más remotas de Islandia.
Mi fracaso en recorrer hasta el final la F946 me dejó con varias horas libres en Bakkagerði. No tardé en trazar un nuevo plan, que de hecho ya había considerado antes de comenzar la excursión: iría hasta el final de la 947 para visitar Hafnarhólmi. Un lugar con fama de encontrarse entre los mejores de Islandia para el avistamiento de aves.

Una tarde de otoño en Hafnarhólmi.

Por supuesto, a esas alturas del año lo único que quedaba de los frailecillos eran sus madrigueras, vacías hasta la siguiente primavera. Aun así, pude hacer unas cuantas fotos a varias parejas de fulmares árticos que seguían anidando en el antiguo islote. Hasta que un chaparrón me obligó a regresar al coche.
Lindarbakki

Lindarbakki.

Aprovechando una breve pausa en la lluvia, me detuve en Lindarbakki. Una bonita casa tradicional islandesa, de principios del siglo XX, que en 2019 fue donada al municipio por sus propietarios. Al igual que en invierno, la encontré cerrada. Aunque siempre tienes la posibilidad de curiosear a través de sus ventanas y observar su interior, espléndidamente mantenido.

Blábjörg Resort desde Lindarbakki

Blábjörg Resort desde Lindarbakki.

Un nuevo chaparrón acabó por decidirme a ir al hotel. Este se encontraba a escasa distancia, junto a la orilla del mar. En parte, está construido sobre los restos de una antigua planta de procesado de pescado, que cerró en 1991. En 2011, tras una intensa reforma, abrió un hostal en el antiguo edificio principal de la factoría. En 2016 se inauguró un nuevo ala: 9 espléndidas habitaciones, con baño privado y una amplia terraza con vistas al fiordo. Me alojaría en una de ellas.

Briggjan

Briggjan.

Mientras me registraba en el hotel, la lluvia volvió a detenerse. El loco clima de Islandia haciendo de las suyas. Estaba cansado y era tarde para emprender una nueva excursión con el coche. Así que decidí dar un tranquilo paseo por el antiguo espigón de la factoría pesquera, construido en varias fases, entre 1944 y 1974. Al final, quedó con una longitud total de 140 metros, que recorrí tranquilamente hasta el final, mientras observaba varias aves flotando sobre el agua. Dejándose llevar por las corrientes, bajo unas nubes cada vez más oscuras y bajas, que no traían buenos presagios para el día siguiente.

Niebla más allá de Bakkagerði

Niebla más allá de Bakkagerði.

Mi plan para la siguiente mañana era realizar un segundo intento en la F946. De momento, aquello no tenía muy buen aspecto, pero en Islandia nunca se sabe. Viendo las nubes, que hacia el sur estaban a punto de rozar el suelo en la parte baja del valle, me consolé pensando que mi decisión de dar media vuelta en Loðmundarfjarðarvegur, apenas unos metros más allá de Húsavíkurskáli, había sido la correcta. Recorrer aquella pista con una niebla tan densa, habría sido una auténtica pesadilla. Mientras yo me perdía entre planes y reflexiones, otra vez se puso a llover. La señal definitiva de que había llegado la hora de cenar y dar uso a mi espléndida habitación.

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Para ampliar la información.

En este mismo blog, puedes ver un recorrido invernal por la zona en https://depuertoenpuerto.com/una-excursion-invernal-a-borgarfjordur-eystri/.

Si no tienes experiencia conduciendo en Islandia, te puede interesar esta otra entrada: https://depuertoenpuerto.com/conducir-en-islandia-la-guia-completa/.

Aquí encontrarás información sobre hoteles: https://depuertoenpuerto.com/islandia-de-hotel-en-hotel/.

En inglés, la web de turismo de Borgarfjörður eystri https://www.borgarfjordureystri.is/en.