Llegaba el final de mi segundo viaje invernal por Islandia. En principio, una jornada tranquila, en la que tan solo tenía que recorrer los 118 kilómetros que separan el hotel The Greenhouse, en Hveragerði, del Aurora Star, a escasos metros de la terminal del aeropuerto internacional de Keflavik. En realidad, la distancia por el camino más corto es de 85 kilómetros, pero prefería dar un rodeo por la costa sur de Reykjanes y, de paso, hacer dos o tres visitas. Un plan sencillo.

Estado de las carreteras del suroeste de Islandia

Estado de las carreteras del suroeste de Islandia.

Pero, en el invierno islandés, casi nada es tan fácil como parece. El fuerte temporal de la noche anterior había cortado la carretera 427 al oeste de Þorlákshöfn. Imposible ir por la ruta sur. Incluso la Ring Road, estaba cerrada en Hellisheiði. El tráfico se desviaba por el trazado antiguo, la actual carretera 39, que en cualquier caso parecía estar completamente cubierta de nieve. No me preocupé. Al menos había una carretera abierta hasta Keflavik y la mañana era espléndida. La situación iría mejorando. Mientras tanto, haría la primera visita del día, de la que apenas me separaban unos cuantos metros.

Invierno en Hveragerði.

Hveragerði es otro de esos lugares de Islandia por el que casi todo el mundo pasa, pero que casi nadie conoce. Situado en la Ring Road, justo al final de la larga bajada que lleva desde el páramo de Hellisheiði hasta la llanura de Ölfus, es difícil visitar la Tierra de Hielo sin pasar por la gran rotonda que hay justo a la entrada de la población.

Þrengslavegur

Þrengslavegur.

Cuando, pasadas las once de la mañana, quise salir de Hveragerði, el estado de las carreteras apenas había cambiado. Si quería llegar hasta mi siguiente parada, en uno de los aparcamientos de la erupción más reciente, los 69 kilómetros de la ruta directa se convertirían en 104, al tener que dar un rodeo por la carretera 39 y Reikiavik. Resignado a atravesar la capital de Islandia, me puse en camino de inmediato. Pronto se hizo evidente que la noche había sido dura, como demostraba el rosario de vehículos desperdigados por las cunetas de Þrengslavegur.

La Ring Road al oeste de Hellisheiði

La Ring Road al oeste de Hellisheiði.

La situación no mejoró al llegar a la Ring Road, al oeste de Hellisheiði. La carretera estaba completamente cubierta de nieve, aunque el tráfico y el continuo trajín de las máquinas quitanieves la mantenían perfectamente operativa.

La 427 está cerrada

La 427 está cerrada.

Finalmente, casi veinte minutos antes del mediodía, lograba dejar atrás Grindavík, para darme de bruces con un vehículo del servicio de emergencias cortando la 427. De momento, era imposible llegar al aparcamiento de Geldingadalir. Una vez más, tocaba improvisar.

Fotografiando la Laguna Azul.

Para hacer tiempo, decidí visitar la Laguna Azul. Un lugar que, a priori, representa todo aquello que menos me agrada de Islandia. Pero había leído que era posible recorrer libremente su periferia y que ésta era un auténtico paraíso para cualquier aficionado a la fotografía. Intentaría averiguarlo.
Illahraun desde Bláalónsvegur

Illahraun desde Bláalónsvegur.

El día seguía siendo espléndido, por lo que en poco más de una hora la 427 estaba abierta en su totalidad. Aún estaba a tiempo de intentar acercarme al volcán. De camino, pude disfrutar de la conducción por Bláalónsvegur, la carretera 426, mientras atravesaba el campo de lava de Illahraun, al sur de la Laguna Azul. Finalmente, al filo de las 14:10, lograba aparcar junto al arranque de la senda de Geldingadalir.

El volcán en invierno.

Medio año después de mi última excursión a Geldingadalir, regresaba al entorno del volcán. Aunque éste llevaba 159 días sin dar muestras de actividad, quería recorrer la zona en invierno y apreciar, de primera mano, los cambios que se habían producido en el entorno desde mi visita más reciente.
Cuando quise regresar al coche, eran poco más de las cinco de la tarde. Podía haber aprovechado para hacer alguna visita adicional, pero estaba muy cansado. La larga caminata por la nieve me había dejado agotado, por lo que decidí devolver el coche y aprovechar para descansar. De camino a Keflavik, tuve una de las visiones más insólitas de todo el viaje. Las grandes columnas de vapor de la planta geotermal de Svartsengi se elevaban, completamente verticales, por encima de las chimeneas. Toda una rareza, en la normalmente ventosa Islandia.

Svartsengi

Svartsengi.

Tras devolver el vehículo, poco después de las seis estaba en el hotel, a escasos 200 metros de la terminal. Cenaría, reorganizaría el equipaje y, tras un sueño reparador, al día siguiente tan solo quedaría el trámite de atravesar andando el aparcamiento del aeropuerto y realizar el check-in. Un plan sencillo. Pero, en el invierno islandés, casi nada es tan fácil como parece.

Para ampliar la información.

En https://depuertoenpuerto.com/un-dia-en-el-sur-de-reykjanes/ se puede ver un recorrido parecido, en primavera y visitando otros lugares.

Mi primera visita invernal a la península está en https://depuertoenpuerto.com/un-dia-en-reykjanes/.

En inglés, la web oficial de turismo de Reykjanes está en https://www.visitreykjanes.is.

En la revista Iceland Magazine hay un artículo con 21 lugares para visitar en la península: https://icelandmag.is/article/21-reasons-visit-reykjanes-peninsula.