Había estado un par de veces en Seyðisfjörður. Una en verano y otra en invierno. En invierno, llegué por mar, procedente de Tórshavn, en las islas Feroe. En verano, por la carretera 93, superando los 620 metros del paso de Fjarðarheiði. Sería complicado decir cuál de los dos caminos me pareció más hermoso. ¿Quizá atravesando el fiordo? ¿O estaría mi perspectiva distorsionada por haber realizado el viaje en barco en pleno mes de febrero, recorriendo un onírico paisaje blanco al amanecer? Pasando dos noches de invierno en Egilsstaðir, con una tarde libre entre ambas, parecía una buena idea regresar a Seyðisfjörður. Con suerte, lograría salir de dudas.

Tras una hermosa excursión a Hengifoss, aún tenía unas cuantas horas de luz por delante. De las numerosas posibilidades de excursión que ofrece Egilsstaðir, una buena parte resulta inaccesible en invierno. En las horas previas, había realizado varias de las restantes. Aunque ya conocía Seyðisfjörður, decidí regresar a una de las pocas localidades de Islandia que combina una ubicación espectacular con una trama urbana mínimamente interesante. Además, atravesaría el paso de Fjarðarheiði en invierno. Algo que no siempre resulta posible y que, en cualquier caso, será mucho más complicado realizar por la ruta tradicional, una vez se inaugure el nuevo túnel de Fjarðarheiðargöng. Veinte minutos pasadas las tres, en una extrañamente apacible mañana de invierno islandés, tomaba el desvío de la carretera 93 y comenzaba el ascenso hacia el puerto de montaña.

Desde la subida a Fjarðarheiði

Desde la subida a Fjarðarheiði.

Según tomaba altura, las vistas eran espléndidas. La superficie congelada del lago Lagarfljót se entrelazaba con el paisaje nevado, desdibujando los límites entre ambos. Todo ello presidido por la silueta del monte Snæfell, junto al límite de las Tierras Altas orientales y bajo la suave luz de un incipiente atardecer subártico.

Unos minutos más tarde, comenzaba el espectacular descenso hacia el fiordo. La carretera zigzagueaba por la parte alta del valle, mientras Seyðisfjörður y el tramo final de su fiordo aparecían fugazmente entre una curva y la siguiente.

El fiordo desde las inmediaciones del Vestdalsá

El fiordo desde las inmediaciones del Vestdalsá.

Llegué a Seyðisfjörður quince minutos antes de las cuatro. No me detuve. El plan era volar el dron desde el pequeño aparcamiento que hay en la carretera 951, justo antes del puente sobre el Vestdalsá. Un lugar generalmente tranquilo y que, en cualquier caso, ofrece unas espléndidas vistas sobre el tramo exterior del fiordo, hasta allí donde éste se encuentra con el mar abierto.

Grabé varios videos con el dron, pero ninguno realmente satisfactorio. Aunque el entorno era impresionante, la falta de puntos de referencia sobre los que centrar la toma se unía a mi escasa experiencia grabando videos desde el aire para crear un resultado mediocre. Al final, decidí gastar la poca batería que me quedaba haciendo un seguimiento del coche, mientras regresaba a Seyðisfjörður. Fue la única toma medianamente aprovechable.

Seyðisfjarðarkirkja

Seyðisfjarðarkirkja.

De regreso, pasé junto a las inmediaciones de la iglesia de Seyðisfjörður. El edificio más famoso de la localidad, fotografiado hasta la extenuación desde la calle Norðurgata, frente a su entrada principal. Como tantos templos de Islandia, Seyðisfjarðarkirkja tiene una historia corta pero literalmente «movida». Sus orígenes están en Dvergasteinn, una granja en la orilla septentrional del fiordo, donde se ubicaba tradicionalmente la iglesia. En 1882 el templo se trasladó a una colina en Vestdalseyri, algo más cerca de Seyðisfjörður. Una práctica muy habitual en Islandia hasta tiempos muy recientes, fruto de la escasez crónica de madera. Aquel edificio fue dañado por un temporal en 1894. Se decidió rehabilitarlo, a la vez que se trasladaba a una ubicación más protegida. En 1920 se reubicaría a su emplazamiento actual, en el centro de Seyðisfjörður. Aunque sufrió un incendio en 1989, en la actualidad presenta un aspecto espléndido.

Casa en Seyðisfjörður

Casa en Seyðisfjörður.

Seyðisfjörður fue habitado por primera vez durante el landnámsöld, cuando un noruego llamado Bjólfur reclamó el dominio sobre todo el fiordo. Aunque hay restos de una stavkirke del siglo XI en Þórunnarstaðir, en la orilla meridional del fiordo, parece que fue abandonada a finales del siglo XII. La actual población tiene su origen en 1848, cuando se establece en el fiordo un grupo de pescadores. Éstos trajeron desde su Noruega natal un tipo de construcción muy poco frecuente en la depauperada Islandia del siglo XIX, dando a Seyðisfjörður su característico aspecto, muy distinto a los habitualmente destartalados asentamientos de la isla.

Pesquero varado en Seyðisfjörður

Pesquero varado en Seyðisfjörður.

El fiordo no tardó en convertirse en un polo del desarrollo del este de Islandia. En sus costas se estableció la primera estación ballenera industrializada, en 1864. Las ruinas existentes en las inmediaciones de Vestdalsfossar parecen ser todo lo que ha quedado de ella. En 1906 llegaría la primera conexión telegráfica con Europa y en 1913 la primera planta hidroeléctrica de alto voltaje de la isla, que permitió dotar a la pequeña población de alumbrado público. Tas ser utilizado por los Aliados durante la Segunda Guerra Mundial, más recientemente se convirtió en el único puerto de Islandia que dispone de un vínculo regular con el exterior. Es la última escala del ferry Norröna que, excepto en los meses de invierno, todas las semanas realiza una travesía entre Seyðisfjörður y Hirtshals, en el norte de Dinamarca.

Casa destruída

Casa destruída.

En cualquier caso, la trama urbana de Seyðisfjörður sufrió un duro golpe en diciembre de 2020. Tras varios días de intensas lluvias, parte de la ladera septentrional del monte Strandartindur se vino abajo, en una serie de deslizamientos. El 18 de diciembre se ordenó la evacuación total de la localidad. El resultado final fue de 12 edificios completamente destruidos, 5 seriamente dañados y otros 22 con desperfectos menores. Una catástrofe, para una comunidad de apenas 676 habitantes. Aunque, al menos, no hubo ningún fallecido.

Gufufoss en invierno

Gufufoss en invierno.

Comencé el regreso sobre las cinco y cuarto. El atardecer avanzaba rápidamente y no quería que la noche me sorprendiera en el paso de montaña. En cualquier caso, las condiciones en Fjarðarheiði parecían bastante favorables: -8ºC de temperatura y un suave viento del sureste, que apenas superaba los 20 km/h. Aún me permití el lujo de hacer una breve pausa junto a Gufufoss, aunque el mal estado del sendero me impidió acercarme a la cascada.

Veinte minutos más tarde, con el ocaso adueñándose del cielo, llegaba al cruce de la carretera 94, en las inmediaciones de Egilsstaðir. Mi excursión vespertina a Seyðisfjörður había durado poco más de dos horas. Un tiempo claramente insuficiente, si es tu primera visita al pequeño puerto. Sobre todo en verano, cuando hay numerosas posibilidades de excursión en el fiordo y sus alrededores. En cualquier caso, como suelen decir, lo bueno, si breve, dos veces bueno. Regresé al hotel satisfecho, aunque sigo sin tener claro cuál de las dos opciones para llegar a Seyðisfjörður resulta más atractiva. Al verano siguiente, tendría otra ocasión de averiguarlo.

Para ampliar la información.

Mi primera visita a Seyðisfjörður, en invierno, está en https://depuertoenpuerto.com/dia-de-invierno-en-seydisfjordur/.

La segunda, en verano, en https://depuertoenpuerto.com/tarde-de-verano-en-seydisfjordur/.

La web Traveler tiene un largo artículo sobre la ciudad: https://www.traveler.es/naturaleza/articulos/seydisfjordur-pueblo-mas-bonito-de-islandia-que-hacer-que-ver-como-llegar/15104.

En inglés, la página de turismo oficial está en https://visitseydisfjordur.com.

Muy interesante la entrada en Get Local: https://www.getlocal.is/blog/seydisfjoerdur-the-secret-gem-of-the-east.