Al menos, ese era mi plan inicial. Pero en Islandia siempre acaba mandando la naturaleza. Sobre todo, su voluble clima. Otro de los objetivos del viaje era volar en avioneta sobre el sur de la isla. En principio, tenía previsto hacerlo el viernes, durante mi viaje de regreso a Keflavik. Sin una razón concreta, más allá de que estaba de camino, en lugar de realizar la reserva por internet, decidí detenerme en el aeródromo de Skaftafell y hacerla en persona. Mi sorpresa llegó cuando, al comentar mis intenciones a la chica de Atlantsflug, me dijo que, debido al inminente temporal, habían cambiado la programación semanal. «¿Cuándo voláis?», pregunté. «En poco más de cinco horas. Y tenemos una plaza libre». Una vez más, mis planes habían saltado por los aires. Nunca mejor dicho.
Sin tiempo para realizar tranquilamente mi plan anterior, tocaba improvisar. No es que falten espacios fascinantes en las inmediaciones de Skaftafell, pero me había autoimpuesto la obligación de conocer alguno nuevo. En vez de acercarme hasta Múlagljúfur, iría a otro lugar que tampoco conocía, pero estaba mucho más cerca y cuya visita parecía bastante menos exigente, requiriendo menos tiempo y esfuerzo físico.
Frente al Falljökull.
Regreso al Svínafellsjökull.
Después, decidí acercarme hasta mi glaciar favorito de Islandia. Estaba demasiado cerca para resistir la tentación. A pesar de la brevedad de mi visita, conseguí una espléndida serie de fotografías.
Volando sobre el sur de Islandia.
Finalmente llegó el momento de viajar en avioneta. Los 90 minutos largos que duró el vuelo fueron como un sueño, conociendo desde el aire varios de los paisajes más deslumbrantes de Islandia.
Comencé a avanzar hacia el este, sin un plan concreto, disfrutando de un paisaje que, pese a haberlo recorrido unas cuantas veces, me parecía desconocido. El motivo era sencillo. Con la única excepción del verano de 2020, en las demás ocasiones había visitado la zona en invierno, con el campo virtualmente cubierto por un manto blanco. Y, la vez que pasé por allí sin nieve, lo había hecho en sentido contrario.
Además, el día seguía siendo perfecto, con las nubes y los claros alternándose en el cielo. Me detuve en varias ocasiones, disfrutando de los colores y las texturas de unas montañas que se mostraban en todo su esplendor. Una vez más, recorrer el flanco meridional del Öræfajökull, que la Ring Road rodea trazando un amplísimo arco, fue una experiencia maravillosa.
Frente al Kvíárjökull.
El tercer glaciar del día fue el Kvíárjökull. Lo había visitado durante el invierno anterior, pero ahora pude acercarme hasta su laguna y contemplar en las alturas un Öræfajökull prácticamente libre de nubes.
Contra todo pronóstico, logré avanzar a buen ritmo hasta llegar aproximadamente a 20 kilómetros de mi destino. Incluso tuve suerte en el puente de Jökulsárlón, donde no coincidí con ningún vehículo en sentido contrario. Según me dirigía hacia Höfn, comenzaban los primeros compases del atardecer, tiñendo el paisaje con tonos progresivamente más dorados. Con el sol a mis espaldas y la Ring Road prácticamente vacía, conducir era una auténtica delicia. De todos modos, el clima estaba cambiando. Se hizo evidente según atravesaba el puente sobre el Austurfljót. Al norte, en Viðborðsdalur, las nubes se iban adueñando del valle mientras, en las inmediaciones del Suðurfljót, el viento formaba remolinos con la arena del río.
Un poco más al este, podía ver el Hoffellsjökull surgiendo directamente desde unas nubes que cada vez estaban más bajas. Mientras tanto, un intenso vendaval agitaba las aguas del Austurfljót. Un corto río glaciar que desemboca en el Hornafjörður, alimentado por las aguas de varias lenguas de hielo que descienden desde el extremo sudoriental del Vatnajökull. Definitivamente, el día se había torcido.
Acabé llegando al hotel quince minutos antes de las ocho de la tarde, mientras el ocaso se adueñaba del firmamento. Decidí cenar en uno de los restaurantes que hay junto al puerto pesquero de Höfn. Un corto paseo, en medio de un vendaval cada vez más intenso. Tras unos días de tregua, el otoño parecía haber regresado a Islandia con toda su intensidad. Al día siguiente, buena parte de la isla estaba en alerta. En el sur, amarilla. Naranja en el norte. Al este, en los fiordos orientales, una franja de terreno, protegida por las montañas del centro de Islandia, parecía estar a salvo de los vientos. Sería el destino de mi siguiente excursión.
Para ampliar la información.
Si careces de experiencia conduciendo en Islandia, puede interesarte esta otra entrada del blog: https://depuertoenpuerto.com/conducir-en-islandia-la-guia-completa/.
Aquí encontrarás información para buscar alojamiento: https://depuertoenpuerto.com/islandia-de-hotel-en-hotel/.
En https://depuertoenpuerto.com/a-los-pies-del-oraefajokull/ puedes ver un recorrido invernal por la zona.
Uno de los principales lugares que no visito en este viaje es Jökulsárlón. Encontrarás una visita veraniega en https://depuertoenpuerto.com/regreso-a-jokulsarlon/. Y una invernal en https://depuertoenpuerto.com/jokulsarlon-y-breidamerkursandur-en-invierno/.
Tampoco me detengo en Skaftafell. Puedes ver la zona en https://depuertoenpuerto.com/un-paseo-hasta-skaftafellsjokull/, https://depuertoenpuerto.com/svartifoss/, https://depuertoenpuerto.com/el-mirador-de-sjonarnipa/ y https://depuertoenpuerto.com/una-excursion-a-morsardalur/.
¡Qué ruta más impresionante! Y qué chulada de fotos… nos apuntamos los tips.
Gracias Aarón. Espero que disfrutes de tu viaje.