En la parte oriental de la ensenada de Bolungarvík, a los pies del monte Óshyrna y junto a la antigua carretera de Óshlíðarvegur, encontraremos un diminuto grupo de casas con techo de turba, a la orilla de una costa rocosa. Lo que parece ser un antiguo asentamiento pesquero, es en realidad un museo, en el que podremos apreciar las difíciles condiciones de vida que, hasta tiempos muy recientes, sufrían los pescadores de Islandia.

Desde la ventana

Desde la ventana.

Islandia es en la actualidad uno de los países más prósperos y socialmente avanzados del mundo. Sin embargo, hace no tanto tiempo la isla era un lugar depauperado. Sus complicadas condiciones climáticas, su aislamiento y su escasa población parecían condenarla a una economía de subsistencia. La inmensa mayoría de sus habitantes eran campesinos empobrecidos, que complementaban sus exiguas cosechas con la ganadería, la caza de focas y aves, la pesca artesanal y la elaboración casera de prendas de punto. En buena parte, la situación era fruto de una legislación asombrosamente rígida, que ataba los trabajadores al campo.

Almacén de aparejos

Almacén de aparejos.

Pese a estar situada en una de las áreas de pesca más ricas del Atlántico, a la que acudían regularmente embarcaciones de las Islas Británicas, Francia o los Países Bajos, y por contra en una zona con un clima muy poco favorable para la agricultura, la pugna entre los dos sectores económicos fue secular y el desarrollo de la industria pesquera asombrosamente lento. Hasta principios del siglo XIX, a pesar de que las exportaciones de pescado eran fundamentales para la economía doméstica, se utilizaban exclusivamente botes de remo. Además, la pesca solo podía ser una actividad temporal, desarrollada durante los meses en que no había labores agrarias.

Secadero de pescado

Secadero de pescado.

Con el siglo XIX llegó el uso de los barcos de vela. En 1863 se liberalizaron las condiciones de trabajo, permitiéndose la existencia de trabajadores «libres», no atados a ninguna granja y que, por tanto, podían buscar un empleo estable en la pesca. Ambas circunstancias revolucionaron el sector, que comenzó a centrarse en la exportación de bacalao seco. En 1902 se instaló por primera vez un motor en un pesquero islandés, dando lugar a una auténtica revolución en las capturas, que alcanzaron las 216.700 toneladas en 1930. La explosión en la pesca de arenque provocó una ola de prosperidad, creando desde la nada lugares como Siglufjörður o Djúpavík, y convirtiéndose en uno de los factores decisivos para la independencia de Islandia.

Interior de una de las cabañas

Interior de una de las cabañas.

Pese a su aspecto, los edificios del museo marítimo de Ósvör son muy recientes. Nacieron como un decorado, para la producción de un documental dirigido por Erlendur Sveinsson. Grabado en 1991, Verstöðin Ísland narra la historia de la industria pesquera de la isla desde la Edad Media hasta finales del siglo XX. En 1997 volvió a utilizarse para Íslands þúsund ár, un nuevo documental del mismo director. Posteriormente, se decidió aprovechar las instalaciones para crear un pequeño museo.

Ölver

Ölver.

Éste consta de la réplica de dos cabañas de pescadores de finales del XIX, un almacén de sal, un cobertizo para secar el pescado, un cabrestante y el bote de remos Ölver. Este último es la pieza más antigua del lugar, pues fue construido en 1941 y es una buena muestra de la falta de medios con las que, hasta hace relativamente poco tiempo, trabajaban los pescadores locales. Mas aun teniendo en cuenta que tradicionalmente la temporada de pesca se desarrollaba principalmente en invierno, cuando no había trabajo en el campo.

Guía del museo marítimo de Ósvör

Guía del museo marítimo de Ósvör.

El museo solo abre durante los meses de verano. Aun así, no está vallado, por lo que siempre será posible recorrer su parte exterior. Está atendido por un guía vestido con prendas de cuero, a la usanza de los pescadores del siglo XIX. Durante la visita, que dura poco mas de veinte minutos, nos irá mostrando las distintas estancias del lugar, mientras da escuetas explicaciones sobre el modo de vida de los pescadores tradicionales. Todo ello en un inglés bastante comprensible, pese a su acusado acento islandés.

A los pies del Óshyrna

A los pies del Óshyrna.

Ósvör está situado en un hermoso entorno, en las proximidades de la boca del gran Ísafjarðardjúp. Mas allá de la belleza del lugar y de sus fotogénicas instalaciones, visitarlo, nos permitirá apreciar las duras condiciones en las que, hasta tiempos bastante recientes, vivían y trabajaban los pescadores de Islandia. Un recordatorio de que la prosperidad de los pueblos no es gratuita y, generalmente, viene condicionada por las leyes e instituciones que éstos se dan. Y de la extraordinaria rapidez con la que pueden cambiar las tornas. Para bien o para mal.

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Para ampliar la información:

Puedes ver nuestro itinerario completo por los Fiordos del Oeste en https://depuertoenpuerto.com/seis-dias-en-los-fiordos-del-oeste/.

El museo no tiene página web. Tan solo hay una referencia en la web de Bolungarvík (https://www.bolungarvik.is/osvor/) y una página en Facebook (Osvorsjominjasafn). Ambos en islandés.

En inglés, hay una breve reseña en la página Iceland Travel: https://www.icelandtravel.is/attractions/outdoor-maritime-museum-at-osvor/.

Quien esté interesado en profundizar sobre la historia de la pesca en Islandia, puede hacerlo leyendo https://www.ices.dk/sites/pub/Publication%20Reports/Marine%20Science%20Symposia/ICES%20Marine%20Science%20Symposia%20-%20Volume%20198%20-%201994%20-%20Part%2004%20of%2063.pdf.

Sobre la misma materia, la web del gobierno tiene un buen resumen en https://www.government.is/topics/business-and-industry/fisheries-in-iceland/history-of-fisheries/.

La evolución del entramado legal de la agricultura islandesa se explica en https://www.tandfonline.com/doi/pdf/10.1080/03585522.1993.10415863.