La pequeña localidad de Siglufjörður es una de las más septentrionales de Islandia. Situada en el fiordo homónimo, cerca del extremo norte de Tröllaskagi, apenas 46 kilómetros la separan del círculo polar ártico. Recorriendo sus tranquilas calles es difícil imaginar que, hace menos de un siglo, buena parte del arenque de Islandia se exportaba desde sus muelles. En menos de cuatro décadas, pasó de ser un lugar apenas poblado a superar los 3.000 habitantes. Durante aquellos años, tan prósperos como caóticos, llegó a tener apodos como «Klondike del Atlántico» y «Capital Mundial del Arenque». Todo terminó en la década de 1960, con el repentino colapso de las pesquerías.

Llegando a Siglufjörður

Llegando a Siglufjörður.

Poco antes de las seis de una tarde cada vez más gris, avistábamos por primera vez Siglufjörður. Nos detuvimos brevemente en un mirador, a escasos metros del segundo túnel de Héðinsfjarðargöng. Abiertos en 2010, tras cuatro años de trabajos, los dos túneles comunican Siglufjörður con Ólafsfjörður, Akureyri y el resto de Islandia. Mas allá de Siglufjörður, la carretera 76 sigue brevemente hacia el norte, para luego describir un amplio arco camino de Hofsós y la Ring Road, pero es una carretera con poco tráfico y cierta tendencia a estar cerrada en invierno. En cualquier caso, sería la carretera que recorreríamos al día siguiente, en la parte de nuestro periplo veraniego centrada en la costa norte de Islandia.

Hotel Sigló

Hotel Sigló.

Unos minutos después, estábamos en el hotel Sigló. Tenía buenas referencias del lugar, pero he de reconocer que superó nuestras mejores expectativas. Confortable, limpio hasta extremos asombrosos y en una preciosa ubicación, surgiendo de las aguas del puerto de Siglufjörður. Además, viajando en el segundo verano de la pandemia, con el turismo de Islandia todavía reducido a la tercera parte del habitual, hasta resultó tener un precio razonable. De inmediato, se convirtió en mi nuevo hotel favorito de la isla.

Callejeando por Siglufjörður

Callejeando por Siglufjörður.

Después de cenar, aprovechamos una larga tarde de verano subártico para dar un tranquilo paseo por la pequeña localidad. Aunque haya dejado atrás sus años dorados como puerto pesquero y su población se haya reducido a poco más de 1.200 habitantes, Siglufjörður está considerada en Islandia como un ejemplo de supervivencia de una comunidad ubicada en un lugar remoto y con escasos recursos. Su puerto pesquero aun mantiene cierta actividad, pero el principal activo de la población es el turismo. Su espléndido hotel, un camping, algún local de ocio y el Museo del Arenque se unen a un festival de música, que se celebra cada primer fin de semana de agosto, para hacer de Siglufjörður un pequeño polo de atracción.

Henríksen-Hús

Henríksen-Hús.

A pesar de lo cual, el lugar rezumaba tranquilidad por los cuatro costados. Siglufjörður es una de las pocas poblaciones de Islandia con cierto encanto. Como les gusta decir a sus habitantes, fue «ocupada» por los noruegos en dos ocasiones. La primera, en torno al año 900, cuando Thormódur Rammi se estableció en la zona. La segunda, casi un milenio más tarde, cuando los pescadores noruegos se afincaron nuevamente en el fiordo, catapultando la economía local. De aquellos años, a caballo entre los siglos XIX y XX, han quedado algunas construcciones de madera y una trama urbana razonablemente homogénea. Quizá uno de sus edificios más destacados sea Henríksen-Hús, construido para uno de los magnates noruegos del arenque y actualmente convertido en un hostal.

SI-152

SI-152.

Nuestro errático paseo por la pequeña localidad nos llevó a los pies del SI-152, uno más de los numerosos buques varados en tierra que se reparten por los cuatro rincones de Islandia. Es curiosa la afición que tienen en el país a sacar los barcos a tierra y dejarlos allí, descomponiéndose lentamente en su inclemente clima. En este caso, no logré averiguar nada sobre el buque, ni he sido capaz de encontrar información fiable en la web. Tan solo alguna vaga referencia a que podría estar destinado al Museo del Arenque. Si es así, más vale que se den prisa.

Museo del Arenque

Museo del Arenque.

Museo que, sin duda, parece ser mayor atractivo turístico de la ciudad. Pero que no pudimos visitar. Cuando llegamos, estaba cerrado. Al día siguiente abría a las diez en punto. Demasiado tarde para nuestros planes. Nos tuvimos que conformar con contemplar las fachadas de sus grandes edificios de madera, procedentes de la época dorada del arenque, y leer algunos carteles informativos que había en el exterior.

Antiguo muelle en Siglufjörður

Antiguo muelle en Siglufjörður.

Buena parte de los antiguos muelles, que en 1927 llegaron a sumar una longitud superior a los siete kilómetros, ha acabado desapareciendo. Al igual que una industria cuya producción local llegó a representar el 10% del valor total de las exportaciones de Islandia. Como suele ocurrir, no hay una explicación sencilla para la desaparición de los grandes bancos de arenque. La sobreexplotación debió jugar un papel fundamental, pero también pudieron influir los cambios en las condiciones marítimas, sobre todo en la temperatura del agua. En 1883 se produjo un primer colapso de las capturas. La segunda era dorada duró desde 1903 hasta 1968. Tras varios años oscilando en el entorno de las 200.000 toneladas, las capturas descendieron a la mitad en 1969 y a tan solo 10.000 cuatro años más tarde. En cualquier caso, más allá de que la metrópoli estuviera ocupada por la Alemania nazi, para algunos fue la riqueza aportada por las pesquerías el factor determinante que permitió al joven país alcanzar la autosuficiencia económica e independizarse de Dinamarca en 1944.

Atardecer en Siglufjörður

Atardecer en Siglufjörður.

Como suele ocurrir cerca del Ártico en verano, nos fuimos a dormir de día. La oscuridad no llegaría hasta las once de la noche y nosotros estábamos despiertos desde las seis y media de la mañana. Demasiado cansados para esperar la llegada de un ocaso que se produciría bajo una gruesa capa de nubes, suficiente para ahogar cualquier atisbo de un atardecer memorable. En realidad, llevábamos sin ver la noche cerrada desde que habíamos aterrizado en Keflavik, cinco noches atrás, y no volveríamos a verla hasta aterrizar en Madrid, once días más tarde.

Mañana de verano en Siglufjörður

Mañana de verano en Siglufjörður.

A la mañana siguiente, de nuevo nos levantamos antes de las siete de la mañana. El día era espléndido, con un cielo azul que contrastaba con las nubes de la tarde anterior. Tras desayunar en el hotel, disfrutando de las relajantes vistas sobre el puerto, salimos a dar un breve paseo. Estuvimos tentados de prolongarlo hasta la apertura del museo. Pero teníamos por delante una larga jornada, recorriendo la mitad occidental de Tröllaskagi y la vecina península de Skagi. Tuvimos que hacer un esfuerzo para partir de una de las pocas poblaciones de Islandia que recuerdo con nostalgia. La otra es Seyðisfjörður, en los Fiordos del Este, también fundada por pescadores noruegos. ¿Casualidad?

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Para ampliar la información:

En https://depuertoenpuerto.com/dieciseis-dias-en-islandia/ se puede ver todo nuestro itinerario de 16 días por Islandia.

En https://depuertoenpuerto.com/el-museo-del-arenque-de-siglufjordur/ encontrarás la descripción de una visita al Museo del Arenque.

El blog de Jordi Pujolá tiene una entrada sobre Siglufjörður: https://escritorislandia.com/siglufjordur-islandia/.

En inglés, Guide to Iceland tiene un breve artículo sobre la población: https://guidetoiceland.is/travel-iceland/drive/siglufjordur.

Todavía más breve la reseña en la web oficial de turismo del norte de Islandia: https://www.northiceland.is/en/destinations/towns/siglufjordur.

En el blog Full Suitcase podemos encontrar un largo post, en el que además describen una visita al Museo del Arenque: https://fullsuitcase.com/siglufjordur-iceland/.

La web oficial de Fjallabyggð, municipio en el que está integrado Siglufjörður puede consultarse en https://www.fjallabyggd.is/en/home.