A poco más de 24 horas del comienzo de mi excursión invernal a Kerlingarfjöll, había llegado la hora de acercarse a Skjól, donde se encontraba su punto de inicio. El plan para el día era llegar desde el hotel Basalt, en el valle de Lundarreykjadal, al Gullfoss, en la antigua granja de Brattholt. En verano, un corto trayecto de apenas 104 kilómetros. En pleno invierno, con la parte alta de la carretera 52 cerrada al tráfico, tendría que dar un rodeo hacia el oeste, elevando el recorrido hasta los 188.

Caballo en Lundarreykjadal

Caballo en Lundarreykjadal.

Aún así, la distancia no era excesiva. Además, estaba algo cansado tras dos largas jornadas, apuradas desde antes del amanecer hasta después del ocaso. Acabé poniéndome en marcha a las nueve y media de una mañana plomiza. Encontré el tramo abierto de la carretera 52 completamente cubierto de nieve. Pero no había niebla y, lo que era más importante, tampoco el menor rastro de viento. Descendí lentamente por el valle, camino de la carretera 50, deteniéndome a fotografiar los numerosos caballos que iba encontrándome. Lundarreykjadal, que antiguamente se llamaba Reykjadalur syðri, es un valle tranquilo y apartado, sin ningún núcleo urbano digno de mención.

Brekkufjall

Brekkufjall.

Tras llegar a la carretera 50, seguí avanzando hacia el oeste. Muy pronto, la mole de basalto del Brekkufjall comenzó a dominar el paisaje. A pesar de que apenas supera los 400 metros de altitud, sus paredes verticales, en las que la roca jugaba con la nieve, componían una hermosa estampa. Los geólogos piensan que se trata de un antiguo tapón volcánico.

Hvalfjörður en invierno.

A las diez y media, llegaba a la Ring Road y al fin de la tranquilidad. No es que la principal carretera de Islandia sea la M30. Pero, en comparación con las carreteras solitarias que llevaba una hora recorriendo, su tráfico me pareció excesivo. Sobre la marcha, improvisé un rodeo por el Hvalfjörður.

Consultando umferdin.is había observado que la carretera 48, atravesando Kjós, estaba marcada en blanco. La encontraría completamente cubierta con hasta 10 centímetros de nieve, pero me permitiría seguir avanzando por rutas tranquilas, mientras recorría un valle que me era completamente desconocido. Además, suponía acortar la ruta en 26 kilómetros, evitando regresar a la Ring Road para atravesar la periferia de Reikiavik.

Mañana de invierno en Kjós

Mañana de invierno en Kjós.

El nuevo desvío fue todo un acierto. El valle, completamente cubierto de nieve, exudaba serenidad, a pesar de estar tan cerca de Reikiavik, que administrativamente forma parte de la región de Höfuðborgarsvæðið (en español, Distrito de la Capital). En cualquier caso, entre ambos se encuentra el macizo del Esja, que alcanza los 914 metros de altitud y, lo que es más importante, no está atravesado por ninguna carretera. La gran montaña que domina el horizonte septentrional de Reikiavik también es el escudo que, al menos de momento, preserva la tranquilidad de Kjós.

Granjas al norte del Laxá í Kjós

Granjas al norte del Laxá í Kjós.

Recorría un paisaje eminentemente rural, por el que tan solo se repartía un puñado de granjas. Algunas, aparentemente reconvertidas en alojamientos turísticos. Aunque era imposible adivinar su presencia, por el centro del valle avanzaba el río Laxá í Kjós, famoso en Islandia por sus truchas y, sobre todo, por sus salmones. Todo ello rodeado de un imponente paisaje montañoso. Al sur, el macizo de Esja. Al norte, Reynivallahals y un Kjöllur que no debemos confundir con su homónimo más oriental, en el corazón de las Tierras Altas.

Þórufoss en invierno

Þórufoss en invierno.

La carretera comenzó a tomar altura. Poco después, llegaba junto a Þórufoss. A pesar del escaso tráfico, me llamó la atención encontrar media docena de coches en su aparcamiento. Más tarde, pude averiguar el motivo. La cascada había servido de fondo para una escena de Juego de Tronos. La relación de Islandia con la industria audiovisual es un extraño imán para el turismo. Como si la isla no tuviera suficiente atractivo por sí misma. En cualquier caso, Þórufoss no es una gran cascada, pues apenas tiene 16 metros de altura. Y el Laxá í Kjós tampoco es un gran río, con tan solo 20 kilómetros de longitud. Tanto el río como el salto de agua estaban completamente congelados. Además, en sus inmediaciones encontré más seres humanos que en todo el resto de la mañana. Tras una breve pausa, seguí mi ruta en busca de lugares más solitarios.

Kjósarskarðsvegur seguía tomando altura, mientras recorría un paisaje cada vez más blanco. La carretera también estaba cubierta de nieve, pero la temperatura era baja, por lo que mantenía una consistencia perfecta para el agarre de los neumáticos de invierno. Mi único temor era acabar rodeado por la niebla, empeorando unas condiciones de visibilidad que ya eran algo complicadas. Al final, tuve suerte. A la una y media, alcanzaba el cruce con la carretera 36 y giraba hacia el este. Había llegado a una ruta principal, con su negro asfalto completamente limpio.

El lago Þingvallavatn desde la carretera 36

El lago Þingvallavatn desde la carretera 36.

Apenas recorrí 4.200 metros, antes de volverme a detener. En este caso, en el primer mirador que, según llegas desde Reikiavik, permite contemplar el lago Þingvallavatn. Con 84 km² de superficie, es el lago natural más extenso de Islandia. También es uno de los más profundos, con 114 metros, por lo que una parte de su fondo estaría bajo el nivel del mar. En cualquier caso, aquel día su superficie estaba completamente congelada. Una vez más, tenía ante mí una escena asombrosamente serena. Sobre la marcha, improvisé el tercer desvío del día. En lugar de recorrer la orilla norte del lago, lo bordearía por el sur. Una orilla que no conocía y que, con toda seguridad, sería mucho más tranquila.

Desde la carretera 360

Desde la carretera 360.

Otro acierto. En los casi 27 kilómetros de la carretera 360, desde que dejé la 36 al oeste del Þingvallavatn hasta que la retomé al sureste del lago, no vi ni un solo coche. Volvía a conducir por una carretera completamente cubierta de nieve. Pero, con el vehículo y los neumáticos adecuados, perfectamente transitable. Con la ventaja de que podía detenerme a contemplar el paisaje prácticamente en cualquier lugar.

Dejé a mi derecha la gran planta geotérmica de Nesjavellir, la segunda más grande de Islandia. Construida entre 1987 y 1990, cubre aproximadamente la mitad de las necesidades de agua caliente y calefacción de la capital y su periferia. Aquella tarde, el gran penacho de vapor que desprendía, también parecía ser el lugar donde se fabricaba el denso manto de nubes que cubría mi pequeño mundo.

En la orilla del Þingvallavatn

En la orilla del Þingvallavatn.

Recorría un paisaje monocromo, que en algunos momentos parecía una oda al minimalismo. La superficie congelada del lago y la capa de nubes bajas se unían para reducir el universo a una estrecha franja, bañada por una luz suave y difusa. El desvío fue una auténtica maravilla. Por ponerle alguna pega, las mismas nubes que enmarcaban el paisaje, me impidieron ver el Hengill. Uno de los principales volcanes de Islandia, situado al sur del lago. El recorrido finalizó con una sutil nevada, que me acompaño desde el puente sobre el río Sog hasta que llegué a la orilla del Brúará.

Brúarfoss en invierno.

Mi última parada del día fue en el nuevo aparcamiento de Brúarfoss. Una de las cascadas más hermosas de Islandia que, en esta ocasión, encontré en unas condiciones óptimas, con una mezcla de hielo, nieve y agua difícilmente superable.
Llegué al hotel a las seis y cuarto, con los últimos estertores del ocaso. Al final, entre desvíos y atajos improvisados, acabé recorriendo 226 kilómetros. 38 más de los previstos inicialmente. Un precio insignificante, a cambio de poder realizar la mayor parte del itinerario por rutas solitarias, atravesando algunas zonas de Islandia que no conocía. Todo ello, en medio de un paisaje blanco, tan hermoso como sereno. Un prólogo perfecto para mi siguiente jornada en la Tierra de Hielo.

Para ampliar la información.

En wikiloc describen un itinerario en bicicleta alrededor del lago Þingvallavatn: https://es.wikiloc.com/rutas-mountain-bike/lago-thingvallavatn-38595079.

Quien vaya a recorrer la zona, puede estar interesado en las demás entradas del blog sobre el Círculo Dorado: https://depuertoenpuerto.com/category/europa/escandinavia/islandia/circulo-dorado/.

También puede ser conveniente leer la entrada sobre conducción invernal en Islandia: https://depuertoenpuerto.com/conducir-en-islandia-el-invierno/.

En inglés, la web Iceland Falls tiene una entrada sobre Þórufoss: https://icelandfalls.com/thorufoss/.

Aunque está centrada en su orilla septentrional, la entrada sobre el Þingvallavatn en Guide to Iceland se puede encontrar en https://guidetoiceland.is/travel-iceland/drive/thingvallavatn.