Islandia, la isla de las 10.000 cascadas. Con saltos de más de 200 metros de altura o caudales de hasta 500 m³/s. ¿Puede un reducido salto de agua, con un desnivel de apenas 3 metros en un pequeño afluente del Hvítá, hacerse un hueco entre tanta competencia? Brúarfoss lo consigue, con una combinación de aguas de un hermoso azul turquesa y una configuración extraña, en la que el cauce del río se precipita en la fisura que lo atraviesa longitudinalmente, formando una miríada de pequeñas cascadas.

Río Brúará en las proximidades del aparcamiento

Río Brúará en las proximidades del aparcamiento.

Hasta hace poco, llegar a Brúarfoss era muy sencillo. Apenas un breve paseo desde una cercana urbanización. Pero en 2018, el comportamiento poco cívico de algunos visitantes tuvo como consecuencia el cierre de este acceso, que atravesaba terrenos de propiedad privada. Desde entonces, hay que dejar el coche en un aparcamiento junto a la carretera 37 y recorrer los 3.500 metros de un sendero que avanza hacia el norte, más o menos paralelo a la orilla izquierda del río Brúará. En cualquier caso, es un camino generalmente cómodo, que permite disfrutar de la hermosa naturaleza del lugar.

Hlauptungufoss

Hlauptungufoss.

Además, Brúarfoss no está sola. Aproximadamente a mitad de camino, nos encontraremos con Hlauptungufoss, una cascada de dos metros de altura que, en cierto modo, es su antítesis. El río se encajona en un pequeño barranco de tal forma que, a pesar de su reducido caudal, crea múltiples remolinos y turbulencias, mientras sus aguas rugen con fuerza.

Midfoss

Midfoss.

Otros quinientos metros aguas arriba nos llevarán a Midfoss, otro pequeño salto, en el que el Brúará se divide en dos brazos. Es otra cascada pequeña, de poco más de un metro de altura, tras la cual las aguas del río se remansan en una charca de color turquesa.

Agua turquesa en Brúarfoss

Brúarfoss.

Finalmente, se llega a Brúarfoss, donde un puente peatonal permite apreciar la cascada de frente. Su nombre significa precisamente «cascada del puente», pero no hace referencia a la precaria estructura de metal y madera que actualmente cruza sobre el Brúará. Según dicen, antiguamente un arco natural atravesaba el río, permitiendo pasar de una orilla a otra. En 1602 había una gran hambruna en Islandia. Un funcionario de la diócesis de Skálholt hizo destruir el arco, para evitar que los campesinos hambrientos pudieran acceder a los alimentos atesorados en Skálholt. Poco después moriría ahogado en el río.

Fotografiando Brúarfoss

Fotografiando Brúarfoss.

Pese a su modesto tamaño, Brúarfoss es una de las cascada favoritas de los fotógrafos de paisaje de Islandia. Los innumerables saltos de agua ofrecen un abanico de composiciones casi ilimitado. Además, es una cascada relativamente cómoda, a la que se llega fácilmente y que no tiene los niveles de masificación de SeljalandsfossGullfoss. Más allá de las posibilidades que ofrece el puente, cuando hay poco caudal es posible situarse en sus inmediaciones, casi a nivel del agua. Además, río arriba no hay ningún elemento que arruine la composición, como edificios o antenas.

Vista general de Brúarfoss

Vista general de Brúarfoss.

Entre ir, visitar la cascada y regresar al aparcamiento, acabamos empleando algo más de dos horas y media. Tuvimos la suerte de realizar la ruta en un espléndido día soleado. Además, llevaba varios días sin llover y el camino estaba completamente seco. Según parece, suele ser bastante normal encontrarse zonas con barro, sobre todo en la parte que avanza entre la arboleda. Pese a su proximidad al famoso Círculo Dorado, Brúarfoss no suele tener demasiados visitantes. Además de ser relativamente poco conocida fuera del ambiente de los fotógrafos paisajistas, su aparcamiento apenas puede acoger más de 20 ó 30 coches. En resumen, una visita interesante, si vas a pasar más de un día en el Círculo Dorado y quieres conocer algún lugar más allá de sus parajes emblemáticos.

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Actualización: nuevo aparcamiento.
Hay un nuevo aparcamiento para llegar a Brúarfoss. El acceso está señalizado unos metros al oeste del puente de la carretera 37 sobre el Brúará. Permite llegar con el coche a escasos 340 metros de la cascada. Pero, en la vida, nada es perfecto. El nuevo aparcamiento forma parte de la tendencia a cobrar por estacionar, que lentamente se va extendiendo por muchos lugares turísticos de Islandia. En concreto, según escribo estas líneas, 750 coronas islandesas para un coche o un SUV medio. Como suele ser habitual en Islandia, el pago se realiza mediante la aplicación Parka, o directamente en la página web.

Que yo sepa, el antiguo aparcamiento sigue siendo gratuito. Además, la caminata desde éste permite apreciar las pequeñas cascadas aguas abajo de Brúarfoss, tal como se describe en la entrada del blog que acabas de leer. La elección es tuya.

Para ampliar la información:

Regresé a Brúarfoss en febrero de 2024. Encontrarás la entrada del blog en https://depuertoenpuerto.com/bruarfoss-en-invierno/.

En https://depuertoenpuerto.com/doce-dias-en-islandia/ se puede ver el itinerario completo de nuestro viaje alrededor de Islandia en el verano de 2020.

El blog ProcessingRAW tiene una entrada sobre la cascada, con fotos en invierno: https://processingraw.com/bruarfoss/.

En inglés, en arctic adventures hay un artículo con consejos prácticos: https://adventures.is/iceland/attractions/bruarfoss-waterfall/.

En Earth Trekkers hay una descripción detallada de la ruta: https://www.earthtrekkers.com/how-to-visit-bruarfoss-waterfall/.

La web del nuevo aparcamiento, con alguna información práctica sobre la cascada y su acceso, está en http://bruarfoss.is.