
Perfil de Algar do Carvão (© Montamheiros).
Nadie sabe cuándo ni quién descubrió la cueva. Quizá, como tantas veces, algún pastor vagando por los parajes volcánicos del centro de Terceira. En cambio, tenemos constancia del primer descenso a la sima, realizado el 26 de enero de 1893 por Cândido Corvelo, con la única ayuda de una cuerda. Habría que esperar a 1934 para que Guilherme Ramalho hiciera un nuevo descenso, en el que por primera vez se llegó a la laguna que hay en el fondo. La exploración sistemática comenzó en 1963, cuando se dibujaron los primeros alzados de la cueva. El mismo grupo que realizó esos trabajos fundaría a finales de aquel año la asociación Os Montanheiros, que actualmente sigue gestionando el lugar.
Entre mayo de 1965 y noviembre de 1966, los voluntarios de Montanheiros aprovecharon los fines de semana y festivos para acondicionar el acceso. Se excavó un primer túnel, con 35 metros de longitud, y se instalaron escaleras de madera. El 1 de diciembre de 1968 se abría la cueva al público, aunque la electrificación llegaría en 1970 y la primera escalera de hormigón en 1977. Treinta años más tarde se realizó una nueva fase de adecuación en la que, entre otras mejoras, se amplió el túnel. La gruta estuvo cerrada mientras duraron las obras. En 2024 se acometió una nueva ampliación, con la construcción de un centro de visitantes, que ocasionó un nuevo cierre de la cueva. Volvió a abrir al público, de forma provisional y con horario restringido, el 21 de marzo de 2026.
Llegamos a su puerta exactamente 134 días más tarde, casi al final de una larga jornada recorriendo la mitad occidental de Terceira. Aunque la gruta había ampliado algo sus horarios (imagino que influiría llegar en plena temporada alta), el acceso seguía siendo bastante precario. Tras pagar la entrada en una taquilla improvisada, había que rodear la zona de obras por un camino angosto. Después, se atravesaba una parte del edificio en construcción hasta llegar a la entrada del túnel.
Lo que encontré al otro lado me dejó literalmente sin palabras. Al principio, mi vista se fue hacia la luz, en la parte superior de la gruta. La misma imagen que había visto en decenas de fotografías: un cielo más o menos azul, según el día, enmarcado por un círculo de frondosa vegetación. Naranjeros salvajes, brezos y laureles de Azores se mezclaban con helechos y diversos briófitos. El resultado era una escena tan interesante como difícil de fotografiar, en una tarde con un cielo muy luminoso.
Pero lo realmente llamativo estaba en dirección contraria, hacia las profundidades del abismo. En mi ignorancia, había llegado al Algar do Carvão pensando que el lugar era poco más que el tubo de lava que tenía sobre mi cabeza. En realidad, la sima se extendía aún más hacia el centro de la tierra, en una gran cavidad de dimensiones mucho mayores que la parte alta del tubo. Una zigzagueante serie de escaleras descendía hacia las profundidades.
Y eso no era todo. Según bajaba, pude apreciar la cavidad principal, descendiendo hasta la pequeña laguna que ocupa el fondo de la sima, a unos 90 metros de la superficie. Alimentada por el agua de lluvia y algún pequeño manantial que hay en su interior, su nivel oscila con las estaciones, pudiendo alcanzar los 15 metros de profundidad o estar a punto de desaparecer en periodos excepcionalmente secos.
Una escalera lateral, en sentido ascendente, permitía explorar otra gran cavidad, en un costado de la principal. Entre ambas formaban una gran oquedad, con unas dimensiones máximas de aproximadamente 50 por 100 metros. Con una altura de aproximadamente 50 metros, la gran cavidad interior tiene un volumen aproximado de 130.000 m³. La sensación de amplitud se veía reforzada por haber llegado hasta sus inmediaciones atravesando un largo y angosto túnel, con un ancho que apenas supera el metro.
Los orígenes del Algar do Carvão estarían en dos episodios volcánicos. El primero, hace aproximadamente 3.200 años, fue una erupción traquítica, con magma rico en sílice y metales alcalinos (sodio y potasio), que da lugar a coladas muy densas. En esta fase se creó la parte más profunda de la sima, alrededor de la actual laguna. Se ha podido datar gracias a unos troncos carbonizados, encontrados cerca del fondo.
Posteriormente, hace unos 1.730 años, hubo una segunda erupción, que también ha podido datarse gracias a materiales vegetales carbonizados. Esta erupción, de tipo piroclástico, creó tanto los depósitos de escoria que hay sobre el Algar do Carvão, como el conducto vertical que llega hasta la superficie. Esta lava, mucho más fluida, se desparramó por el fondo de la Caldera de Guilherme Moniz, cubriendo una superficie de 16 km² y llegando incluso a alcanzar el mar. Todo indica que, al finalizar la erupción, el magma restante perdió presión y retrocedió, dejando la cavidad que hoy podemos visitar.
Al estar en una gran caldera volcánica que forma un sistema endorreico en superficie, el Algar do Carvão tiene diversas filtraciones, que son en parte responsables de su laguna. Estas mismas filtraciones disuelven el sílice de los materiales volcánicos y crean las estalactitas y estalagmitas, de aspecto blanquecino, que adornan las paredes. Curiosamente, estas formaciones no tienen un origen únicamente geológico. Se han encontrado diversas especies de diatomeas habitando diminutas zonas húmedas en su superficie, mientras colaboran activamente a su crecimiento. El lugar también tiene una fauna peculiar, aunque personalmente no fui capaz de ver ningún ejemplar.

Planta del Algar do Carvão (© Montamheiros).
Apenas once meses antes de recorrer el Algar do Carvão, había visitado Þríhnúkagígur, en las inmediaciones de Reikiavik. Un lugar que presume de ser la única cámara magmática del planeta a la que se puede acceder. Los islandeses tienen razón, ya que el Algar do Carvão es, geológicamente hablando, una chimenea volcánica. El conducto por el que la lava salía a la superficie, no su depósito subterráneo. En cualquier caso, más allá del impresionante descenso a las profundidades de Þríhnúkagígur, las sensaciones que tuve en ambos lugares no fueron tan distintas. Quizá se deba a que ambas tienen un origen muy similar: una gran cavidad dejada atrás por el magma tras una erupción. Personalmente, en lo que fue la visita propiamente dicha, disfruté más del Algar do Carvão, al poder verlo a mi ritmo, sin un estricto límite de tiempo.
De todas las visitas que hicimos en nuestro viaje por las Azores, el Algar do Carvão fue sin la menor duda la más interesante. Lo único que siento es no haber podido conocer el nuevo centro de visitantes que, una vez se inaugure, seguramente ayudará a poner el lugar en contexto, haciendo aún más recomendable un espacio ya de por sí deslumbrante. Mientras llega ese momento, mi consejo es que, antes de ir a la gruta, compruebes su horario de apertura. Entra dentro de lo posible que el avance de las obras obligue a algún nuevo cierre temporal.
If you see this after your page is loaded completely, leafletJS files are missing.
Para ampliar la información.
En http://www.montanheiros.com/wp-content/uploads/2023/02/AlgarCarvao-es.pdf puedes descargar una guía del Algar do Carvão.
Hay un estudio sobre los espeleotemas silíceos de la cueva en https://estudiosgeol.revistas.csic.es/index.php/estudiosgeol/article/view/904.
En portugués, encontrarás un documento muy completo sobre el lugar en https://es.scribd.com/document/911737866/Monumento-Natural-Regional-Do-Algar-Do-C.pdf.
En inglés, la web oficial está en https://www.montanheiros.com/en/novo-algarcarvao/.









