La silueta del monte, vagamente volcánica, nos había llamado la atención desde el primer amanecer en el Fuerte de San Sebastián, donde pasamos las tres noches previas a embarcar en el Santa María Manuela. Nos pareció aún más interesante según regresábamos la primera tarde a Angra do Heroísmo. Desde la carretera EN3-1A su forma cónica era aún más evidente. Sobre la marcha, decidimos que sería nuestro primer destino del siguiente día. Poco después de las diez, estábamos recorriendo la carretera, tan estrecha como sinuosa, que conduce a la cima, mientras disfrutábamos de las espléndidas vistas sobre la costa meridional de Terceira.
Desde el punto de vista físico, el monte Brasil es un cono de toba surtseyana, creado por tres erupciones que dieron lugar a una península de aproximadamente 1,4 km². Está flanqueado por dos bahías: la de Angra, al este, y la de Fanal, al oeste. Su cima más elevada es el Pico do Facho, a 205 metros sobre el nivel del mar. Aunque en algunos lugares se da la cifra de 20.000 años, en realidad desconocemos hace cuánto se formó.
La historia del monte está vinculada a la de España. La gran fortaleza que aloja (la mayor de las Azores) fue levantada durante lo que los historiadores portugueses llaman dinastía filipina. La Fortaleza de San Juan Bautista fue concebida para proteger las flotas que regresaban de América. Sus obras comenzaron bajo el reinado de nuestro Felipe II (Filipe I para los portugueses), por lo que inicialmente fue bautizada como Fortaleza de São Filipe. El diseño inicial fue de Giovanni Vicenzo Casale, que contó con la ayuda de Tibúrcio Spannocchi y Anton Coll. Buena parte de las obras estaban concluidas para 1636. Apenas cinco años más tarde, sería atacada por los portugueses durante la guerra de Restauración. El gobernador español, Álvaro de Viveiros, rendiría la fortaleza tras un asedio de once meses. Después se realizaron nuevos trabajos, como la iglesia de São João Baptista, levantada entre 1643 y 1660. Sus defensas siguieron actualizándose durante el siglo XVIII, aunque a partir del XIX comenzó un largo periodo de abandono de buena parte de su largo perímetro defensivo. En la actualidad, sigue siendo la base del Regimento de Guarnição n.º 1 del Ejército portugués.
Después de hacer varias paradas, finalmente llegamos a la cima del Pico das Cruzinhas, a 168 metros de altitud. Allí encontramos una batería antiaérea, instalada durante la Segunda Guerra Mundial, junto a un monumento apenas unos años más antiguo. El Padrão Comemorativo do V Centenário do Povoamento da Ilha Terceira fue erigido en 1932 para conmemorar el quinto centenario del poblamiento de las Azores. Su diseño se inspira en los padrões con que los navegantes portugueses iban marcando los hitos de su avance por la costa africana y el Índico.
Aunque lo más interesante del lugar eran las espléndidas vistas sobre la ciudad de Angra do Heroísmo y buena parte del sur de Terceira. Más allá del Fuerte de San Sebastián, que protegía el extremo opuesto de la bahía de Angra, lo más interesante era el centro de la ciudad. A pesar de la enorme destrucción provocada por el terremoto del 1 de enero de 1980, su casco histórico tenía un aspecto magnífico. Sería el objetivo de nuestro último día en las islas, cuando regresáramos de nuestra larga excursión hasta Flores.
Tras descender del monte y atravesar Angra, comenzamos nuestro periplo hacia el este, intentando ceñirnos lo más posible a la costa. Una vertiginosa bajada nos llevó a nuestra siguiente escala, en las Poças da Serretinha. Allí había una zona de baños, con muy buen aspecto, frente a los islotes de las Cabras. Aunque desde nuestro alojamiento parecían un único islote, el cambio de perspectiva nos permitió apreciar que en realidad eran dos. Se trata de los restos erosionados de un antiguo volcán, famosos en Terceira por los ricos fondos marinos, que atraen a numerosos buceadores. También son un refugio para diversas especies de aves marinas, entre las que destacan los charranes, pardelas y gaviotas. Deben su nombre a los rebaños que, hasta principios de siglo, solían pastar en sus laderas. Aunque, curiosamente, parece que había más ovejas que cabras.
Seguimos avanzando hacia el este, por el mirador de Cruz do Canário, hasta llegar a Porto Judeu. Una diminuta ensenada apenas protegida por un dique de abrigo, en la que tiene su base una pequeña flota de pesca artesanal. La localidad parece tener una larga historia, que se remonta al siglo XV. A pesar de su nombre, que se traduciría al español como Puerto Judío, no hay constancia de que hubiera ninguna comunidad hebrea relacionada con el lugar.
Poco después de las doce y media llegábamos al Farol da Ponta das Contendas, cerca del extremo suroriental de Terceira. El faro, con una torre de 13 metros, tiene el plano focal a 53 metros sobre el nivel del mar. Aunque ya hubo propuestas para construirlo a finales del siglo XIX, entró en servicio el 1 de febrero de 1934. Para su construcción se utilizaron piedras recuperadas de antiguas fortalezas que había en las inmediaciones.
Un poco más al este, el pequeño promontorio conocido como Ponta das Contendas ofrecía una buena vista sobre la costa circundante. Hacia el norte estaba la bahía de Mós donde, en 1583, tuvo lugar el último intento organizado de resistencia portuguesa ante la conquista de Felipe II. Álvaro de Bazán decidió desembarcar sus 4.000 hombres en esta bahía, tras lo que en solo dos días logró quebrar la resistencia ofrecida por los portugueses y sus aliados franceses. Poco después entraba en Angra, tomando el control efectivo de la isla. La bahía ya contaba con fortificaciones en aquella época, que fueron reforzadas posteriormente. Apenas quedan restos, más allá de los que podrás ver en la propia bahía: un muro roto, caído sobre las negras arenas de la playa.
Tras una breve parada en Porto Martins, decidimos comer en Praia da Vitória. Pero el lugar que habíamos elegido no tenía hueco antes de las tres. Reservamos mesa y seguimos nuestro periplo, subiendo hasta el mirador de Facho, desde donde había una espléndida vista de la amplia bahía. El puerto de Praia da Vitória es la principal ruta de entrada de mercancías en la isla. Aquí tuvo lugar otro episodio de la Guerra de Sucesión Portuguesa, en 1581, cuando las tropas castellanas desembarcaron al mando de Pedro de Valdés. Las tropas portuguesas, claramente inferiores, optaron por azuzar ganado bravo contra los invasores, logrando desorganizar sus líneas y obligándoles a retirarse. La tradición afirma que la tourada à corda tuvo su origen en este episodio, aunque resulta imposible corroborarlo.
Antes de ir a comer, aún nos dio tiempo a acercarnos al Forte de Santa Catarina, cerca del extremo meridional de la playa. El fuerte participó tanto en la batalla de 1581 como en la batalla de Praia, en 1829. En esta ocasión, dentro de la guerra civil portuguesa de 1828-1834, el fuerte estaba en manos del bando liberal, ayudando a repeler el asalto de las tropas absolutistas de Miguel I de Portugal. Para conmemorarlo, una vez terminada la guerra se decidió cambiar el nombre de la localidad al actual Praia da Vitória.
Comimos magníficamente en Santa Catarina. Un establecimiento «de los de toda la vida», en el que unos cuantos turistas nos mezclábamos con una nutrida clientela local. No nos complicamos la vida: pedimos un alcatra de carne y otro de rabo de buey. Ambos tan deliciosos como contundentes. El alcatra es un plato tradicional de Terceira, al que algunos atribuyen 500 años de antigüedad, en el que confluyen la tradición culinaria del Portugal continental con las especias traídas por los navegantes a las Azores. Una cocción extremadamente lenta consigue que la carne se deshaga en la boca como si fuera mantequilla.
En cualquier caso, entre lo tarde que comenzamos a comer y la habitual parsimonia de los restaurantes tradicionales portugueses, acabamos saliendo del local a las cuatro y media de la tarde. Además, teníamos hora límite para devolver el coche de alquiler, por lo que decidimos restringir nuestras visitas de la tarde a la Caldeira das Lajes. Un lugar que visto en el plano tenía muy buen aspecto, pero que sobre el terreno resultó un tanto decepcionante. La caldeira, un anfiteatro natural formado por el colapso de una antigua cámara magmática, apenas era perceptible. O quizá comenzábamos a acusar el cansancio, acentuado por la digestión.
Después emprendimos el regreso a Angra do Heroísmo, nuevamente atravesando el centro de la isla. Con la única diferencia de que, en esta ocasión, no hicimos ninguna pausa. Devolvimos el coche de alquiler a las seis y media, con treinta minutos de margen sobre la hora límite. A continuación, un tranquilo paseo por las calles de Angra nos llevó hasta el hotel. Tan solo quedaba esperar al día siguiente, cuando comenzaría la segunda etapa de nuestro viaje, navegando hasta Flores a bordo de un hermoso lugre de cuatro palos.
Para ampliar la información.
El blog Viajar lo Cura Todo tiene una buena entrada sobre la isla: https://www.viajarlocuratodo.com/que-necesitas-saber-para-viajar-a-terceira/.
En Lápiz Nómada puedes ver otra visión de Terceira: https://www.lapiznomada.com/que-ver-en-terceira-islas-azores/.
En inglés, Futurismo tiene una buena entrada sobre el monte Brasil: https://www.futurismo.pt/blog/monte-brasil/.













