Jökulfirðir llevaba años resistiendo todos mis intentos de conocerlo. Los pequeños barcos que sirven de nexo de unión con el resto de Islandia tan solo funcionan entre junio y agosto. Y durante mi visita más prolongada a Ísafjörður, en el verano de 2021, ni eso. Al final, acabó convirtiéndose en uno de los dos motivos para organizar el que sería mi sexto viaje a la capital de los Fiordos del Oeste. En mi primera jornada completa en la ciudad, haría una excursión hasta Hesteyri. Un pequeño asentamiento, tan solo habitado en verano, en la orilla del Hesteyrarfjörður, el más occidental de los cinco fiordos.
La excursión partía a las 9 desde el muelle de Návagarður, en el este de la ciudad. Navegaríamos durante una hora a bordo del Sif, un barco con 18 metros de eslora y capacidad para 48 pasajeros. Construido en Noruega en 1986, fue reformado en 2016, dotándolo de unas cómodas butacas, que en cualquier caso no pretendía utilizar. Mi intención era pasar toda la travesía hasta Hesteyri en cubierta.
El día era casi perfecto. Brumoso y encapotado, como corresponde a los Fiordos del Oeste, pero sin el menor rastro de viento o lluvia. Incluso el sol no tardó en comenzar a romper entre las nubes, presagiando una de las pocas jornadas con el cielo despejado que suelen darse en la región. Atravesamos el brazo principal del Ísafjarðardjúp entretenidos con el paisaje y las aves. Hasta nos cruzamos brevemente con una ballena, aunque nadie fue capaz de identificar su especie. Mucho menos de fotografiarla.
En poco más de media hora llegábamos frente a Bjarnarnúp, que marca la difusa frontera entre Jökulfirðir y el Ísafjarðardjúp. Poco después, estábamos en el lugar desde el que, hacia el este, deberíamos haber divisado el Drangajökull por primera vez. Pero el glaciar, cubierto por una densa nube, parecía empeñado en guardar sus secretos. Haciendo la vista si cabe más enigmática.
Mientras nos adentrábamos en el Hesteyrarfjörður, comenzaban a regresar las tenues señales de civilización. Primero, el faro de Sléttueyrarviti. Otra más de las pequeñas torres naranjas que se desparraman por la costa islandesa. En este caso, levantada en 1949 siguiendo el diseño de Axel Sveinsson. Con apenas 4,85 metros de altura, desde 1993 está alimentado por energía solar.
Poco después, las casas de Hesteyri. El pequeño asentamiento, abandonado en 1952, es el único lugar de Hornstrandir en el que se puede desembarcar cómodamente. El viejo embarcadero de madera fue destruido por un temporal en septiembre de 2021. Al año siguiente se inauguró un pantalán flotante, con una longitud aproximada de 80 metros, en el que el Sif atracó sin el menor contratiempo.
Dos paseos por Hesteyri.
Pasé las siguientes siete horas en Hesteyri, haciendo un par de agradables recorridos por la costa del fiordo, disfrutando del espléndido día, contemplando tranquilamente los paisajes circundantes y observando la flora y la fauna local.
Comenzamos a navegar hacia el sur por el Hesteyrarfjörður. Aunque siempre he preferido los Fiordos del Oeste en su estado natural, brumoso y gris, he de reconocer que, bajo el inusual sol, el fiordo estaba espléndido. El agua y la nieve parecían pugnar por ser lo más brillante, aunque ninguna podía competir con el espléndido sol, que ayudaba a templar el ambiente.
La sorpresa llegó cuando llegamos a la altura de Skaufanes, en la boca del fiordo. En lugar de continuar con su rumbo sur, el barco comenzó a virar a babor. Pronto se hizo evidente que íbamos a recoger a otro grupo de excursionistas.
Comenzamos a adentrarnos en el Veiðileysufjörður. No tardé en averiguar que nuestro destino se encontraba prácticamente en el fondo del fiordo, por lo que tendríamos que recorrerlo prácticamente en su totalidad. Cuando llegamos, al no haber embarcadero, hubo que botar la zódiac, por lo que pasamos casi quince minutos inmóviles en las aguas del Veiðileysufjörður. Una magnífica oportunidad para disfrutar del deslumbrante paisaje.
Después, nuevo recorrido por el fiordo, esta vez hacia el sur, con la ventaja de que ahora podía anticipar los lugares y las perspectivas más interesantes para las fotografías. Aun así, resultaba complicado decidirse. Había demasiado entre lo que elegir.
Una vez más volvimos a virar a babor, para recoger a otro grupo de excursionistas. Nuestro nuevo destino era un lugar llamado Kvíar, cerca de la boca del Lónafjörður, donde había una casa solitaria, un grupo de cuatro personas y ningún embarcadero. Otra vez la zódiac al agua.
Terminado nuestro trabajo como autobús náutico, llegó la hora de regresar a Ísafjörður. El Sif enfiló claramente hacia el suroeste, buscando las aguas del Ísafjarðardjúp, mientras se acercaba a la costa de Staðarhlíð.
Pero todavía faltaba una última sorpresa. El barco aminoró su velocidad, mientras se acercaba aún más a la costa. El motivo era Ófæran við Maríuhorn, un doble arco natural, en lo que parecen ser los restos erosionados de un antiguo dique magmático, que logran adentrarse unos metros en las aguas del fiordo.
En todo el trayecto por Jökulfirðir pudimos ver varias casas aisladas, o incluso pequeñas agrupaciones de edificios. Es todo lo que queda de la época en que Hornstrandir llegó a tener unos 500 habitantes, viviendo de la pesca, la caza y la ganadería. Alrededor de la mitad del siglo XX, la falta de perspectivas y de infraestructuras provocó que los asentamientos fueran abandonados uno tras otro. Por ejemplo, Grunnavík, el último frente al que navegamos, llegó a alcanzar los 80 habitantes en el entorno de 1900. En 1962 quedó completamente abandonado. En la actualidad, algunas casas se mantienen como residencias veraniegas, mientras las demás se van descomponiendo lentamente, bajo el duro clima del noroeste de Islandia.
Poco después de superar Grunnavík viramos hacia el sur, rumbo a Ísafjörður. El tiempo que tardamos en atravesar el Ísafjarðardjúp lo pasé fotografiando las numerosas aves, sobre todo fulmares, que estaban buscando peces en el fiordo. Unos minutos antes de las ocho, el Sif atracaba de nuevo en el muelle de Návagarður, dando por finalizada mi primera excursión a Hornstrandir. En poco más de diez horas tendría que regresar al mismo muelle para embarcar rumbo a la segunda, mucho más ambiciosa.
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Para ampliar la información.
Es muy complicado encontrar información en español sobre la zona. más allá de un brevísimo artículo en la Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/J%C3%B6kulfir%C3%B0ir.
O de un página sobre la excursión en Wild Westfjords: https://wildwestfjords.com/es/tours/isafjordur-hesteyri-hiking-wildlife-heritage/.
En inglés, encontrarás la empresa que realmente organiza la actividad en https://boreaadventures.com/tours/wildlife-and-heritage/.
La web nat.is tiene entradas sobre el Lónafjörður (https://nat.is/lonafjordur/) y Grunnavík (https://nat.is/grunnavik/).















