Hasta que llegara el momento de embarcar en el Santa María Manuela, habíamos decidido alojarnos en la Pousada de Angra do Heroísmo, ubicada en el interior del Fuerte de San Sebastián. La fortaleza más antigua de la ciudad, edificada a lo largo del siglo XVI para defender el Puerto de Pipas, que era el principal fondeadero de Angra y una importante escala en las rutas de navegación portuguesa. Mientras esperaba la hora del desayuno, aproveché para dar un primer paseo por sus murallas, disfrutando del frescor del amanecer.
Nos pusimos en marcha a las nueve de la mañana. La ciudad de Angra había quedado para el final del viaje, cuando no tendríamos coche de alquiler, por lo que no nos detuvimos hasta que dejamos sus calles atrás. La primera parada fue para visitar la iglesia de San Jorge, en un lugar llamado Doze Ribeiras. La actual iglesia fue levantada entre 1896 y 1899 para reemplazar la original, de 1526, destruida, junto con muchos otros edificios de Doze Ribeiras, durante el temporal de 1893.
Al otro lado de la carretera, casi enfrente de la iglesia, nos encontramos con el Imperio das Doze Ribeiras. Fue nuestro primer encuentro con una tradición de las Azores, que tiene en Terceira su máximo arraigo. Las Festas do Espírito Santo hunden sus raíces en la Edad Media portuguesa, antes incluso de que fueran descubiertas las islas. Viajaron hasta las Azores con sus primeros pobladores. En fecha tan temprana como 1492 ya existe constancia documental de un Império dos Nobres, en Angra. La tradición, que acabó desapareciendo en el Portugal continental, perduró en las islas convertida en una forma de organización social, en torno a la que giraba buena parte de la vida de las comunidades.
Inicialmente se celebraba en estructuras temporales de madera, que comenzaron a ser remplazadas por edificios permanentes en la segunda mitad del siglo XVIII. Aunque habría que esperar a finales del siglo siguiente para que la sustitución se generalizara, quizá de la mano de las remesas enviadas por los isleños que emigraron a América. El Imperio das Doze Ribeiras fue construido en 1891, aunque inicialmente se encontraba al otro lado de la carretera. Cambió de ubicación dos veces. La primera vez, mientras se reconstruía la iglesia, cuando simplemente se movió de un lado a otro de su fachada. Tras el terremoto de 1980 fue desmontado nuevamente y trasladado a su ubicación actual.
La siguiente parada fue en Serreta, apenas cuatro kilómetros al norte. Allí visitamos el Santuario de Nuestra Señora de los Milagros. Sus orígenes estarían en una pequeña ermita, construida a finales del siglo XVII por un sacerdote, que alojaba la imagen de una virgen considerada milagrosa. La ermita se deterioró y la imagen fue trasladada a Doze Ribeiras. Hasta que, durante la guerra hispano-lusa de 1762, un grupo de notables locales prometió a la Virgen construir un nuevo templo, si la isla quedaba a salvo de un ataque.
El comienzo de las obras se retrasaría hasta 1819 y las complicadas circunstancias políticas del Portugal de principios del XIX postergarían su finalización hasta 1842. Aquel templo no tardó en quedarse pequeño y sería sustituido por otro mayor, construido en el emplazamiento actual entre 1895 y 1907. Gravemente dañado durante el terremoto de 1980, fue reconstruido conservando el diseño anterior. En el lugar ocupado por el antiguo templo se levanta desde 1922 el Império do Divino Espírito Santo de Serreta.
Finalizadas las visitas culturales, comenzamos aquellas centradas en la naturaleza en un promontorio cercano al extremo occidental de Terceira, que recibe dos nombres: Ponta do Queimado y Ponta da Serreta. Empezamos descendiendo hasta el final de la carretera, atravesando un hermoso bosque de laurisilva asombrosamente denso.
Allí nos encontramos con un campo de lava adentrándose en el océano. En realidad era el extremo de una colada de tipo traquítico, que descendió desde el volcán de Santa Bárbara, aproximadamente 6,5 kilómetros al sureste. La lava se adentra varios cientos de metros más, sumergida bajo las aguas.
Hacia el suroeste, podíamos distinguir una vaga silueta, difuminada por la bruma. Era la isla de São Jorge, cuyo extremo occidental se encuentra a menos de 40 kilómetros de la Ponta da Serreta. En cambio, no podíamos distinguir Graciosa, 56 kilómetros al noroeste. En aquellas aguas hubo una erupción submarina, entre 1998 y 2001, dando lugar a un fenómeno conocido como «globos de lava», que en algunos casos lograban flotar hasta la superficie. También permitió identificar un nuevo tipo eruptivo, bautizado como «actividad serretiana».
Completaba el escenario un grupo de charranes, revoloteando entre la lava y el mar. Aparentemente se trataba de varios ejemplares de charrán común (Sterna hirundo), que suelen anidar en zonas rocosas. Aunque no realicen migraciones épicas, como los charranes árticos, también hacen largos viajes. Suelen permanecer en las Azores entre abril y agosto, pasando el resto del año en la costa atlántica de Sudamérica. La mayoría en Brasil, aunque algunos ejemplares llegan hasta Uruguay o Argentina.
En la zona también encontrarás un mirador, con una hermosa (y expuesta) vista sobre los acantilados, y el faro de Serreta. Aunque este último es poco más que una torre metálica, sin apenas interés. El original, inaugurado en 1908, fue destruido por el terremoto de 1980.
Nuestro siguiente destino, la Mata da Serreta, resultó estar muy cerca. Su frondoso bosque, formado principalmente por eucaliptos, pinos, helechos arbóreos y diversas especies de Metrosíderos, no es natural. El lugar se utiliza como espacio de recreo desde 1950. Más allá de una curiosa fuente monumental, conocida como el chafariz de la paloma, lo que más nos llamó la atención fue ver varios gallos, desplazándose libremente entre la arboleda. Se trata de ejemplares asilvestrados, pues la especie llegó a las Azores con los portugueses.
Tras una breve pausa en el mirador de Raminho, acabamos comiendo (magníficamente, por cierto), en la terraza de Pôr do Sal, justo al lado de las piscinas naturales de Biscoitos, por las que después dimos un breve paseo. Parece que las piscinas se formaron en varias fases, con las coladas que, hace 4.500 años, descendieron desde Pico Gordo. Posteriormente, en 1969, las piscinas fueron adaptadas para el baño, mejorándose las instalaciones en 2022.
La primera parada de la tarde fue en un lugar mucho más salvaje: el mirador de Alagoa, al que tuvimos que llegar por una pista de tierra. La zona, comprendida en una reserva natural que se extiende por 57 hectáreas, tenía un aspecto muy interesante. Los acantilados, de hasta 70 metros de altura, deben su origen a gruesas capas de lava. Formaban una costa tan hermosa como intrincada, por la que zigzagueaba alguna ruta de senderismo. Desgraciadamente, aún teníamos pendientes las tres principales visitas del día, en el interior de la caldera de Guilherme Moniz. Nos estábamos quedando sin tiempo.
La Gruta do Natal.
En el Algar do Carvão.
Después, llegó la que quizá fue mayor decepción de todo nuestro viaje por las Azores: las Furnas do Enxofre. Puede que parte de la culpa fuera nuestra. En primer lugar, llegamos justo después de visitar el Algar do Carvão, que había dejado el listón muy alto. También pudieron influir las numerosas áreas geotermales que conocemos en Islandia. Éramos perfectamente conscientes de que Enxofre no iba a estar a la altura de lugares como Hverir. Pero, sinceramente, esperábamos algo más.
Visto con la perspectiva que da el tiempo, el paseo tuvo su interés. El recorrido, perfectamente acondicionado, permitía visitar un hermoso paisaje, de un verde rabioso, en el que también pudimos ver algunos pájaros interesantes. Pero fue inevitable echar en falta las densas humaredas, el intenso olor a azufre y las charcas burbujeantes a que Islandia nos tiene malacostumbrados.
Finalizada la última visita del día, tan solo quedaba regresar al hotel en Angra. Trayecto que hicimos por la carretera EN3-1A, deteniéndonos brevemente para fotografiar la curiosa silueta del monte Brasil. Un topónimo que aparece por primera vez en 1436, en el mapamundi de Andrea Bianco, 64 años antes del descubrimiento del país que hoy conocemos con el mismo nombre. Su etimología es lo suficientemente confusa como para no estar seguros de si su origen es árabe o celta. Según la fuente que consultes, Brasil vendrá del nombre de una planta que utilizaban los árabes como tinte o de una isla mítica, ya mencionada en un mapa de 1325.
A las siete de la tarde estábamos de vuelta en el Fuerte de San Sebastián. En total, habíamos recorrido tan solo 88 kilómetros en aproximadamente diez horas. Una muestra del reducido tamaño de Terceira y de su densidad de lugares interesantes. En general, la isla había cubierto sobradamente nuestras expectativas. La relativa decepción de las Furnas do Enxofre se vio compensada con creces por la espléndida visita al Algar do Carvão. Al día siguiente, tocaba complementar nuestra primera jornada en Terceira haciendo un recorrido por su mitad oriental.
Para ampliar la información.
El blog Viajar lo Cura Todo tiene una buena entrada sobre la isla: https://www.viajarlocuratodo.com/que-necesitas-saber-para-viajar-a-terceira/.
En Lápiz Nómada puedes ver otra visión de la isla: https://www.lapiznomada.com/que-ver-en-terceira-islas-azores/.
Si te interesan los Impérios, Nunca sin Viaje tiene una buena guía: https://www.nuncasinviaje.com/ruta-imperios-terceira-azores/.



















