Me aproximaba al extremo oriental de Islandia. En la undécima jornada de mi tercer periplo invernal por la isla, el objetivo era llegar a Egilsstaðir, donde tenía pensado pasar un par de noches. Apenas 109 kilómetros, siguiendo la Ring Road. Pero en realidad no tenía un plan fijo y, como casi siempre, acabé realizando un par de desvíos, elevando la distancia total hasta los 268.

Möðrudalur al alba

Möðrudalur al alba.

Aunque el amanecer no comenzaría antes de las 8 de la mañana, preferí madrugar. Tenía por delante una larga jornada, llena de posibilidades, y parecía razonable emprender la ruta cuanto antes. Cuando quiso comenzar la hora azul, había desayunado y estaba listo para ponerme en marcha. Aun así, me resistía a salir de Möðrudalur. La antigua granja es el emplazamiento permanentemente habitado a mayor altitud de Islandia. 469 metros sobre el nivel del mar. También tiene el récord de la temperatura mas baja registrada en la isla: -38º C, medidos el 21 de enero de 1918. Aquella mañana de febrero, la temperatura era bastante más benigna. Apenas 9 grados por debajo de cero. En cualquier caso, Möðrudalur parecía un lugar mágico, que la creciente luz iba desvelando lentamente.

Hotel Fjalladýrð

Hotel Fjalladýrð.

Pese a que se ignora la fecha de su fundación, la granja parece haber estado habitada desde los lejanos tiempos del landnámsöld. Aparece mencionada en varias sagas, como en la de Grettir, pues el lugar fue durante siglos uno de los principales cruces de caminos del noreste de Islandia. Hasta que, en 2001, la Ring Road estrenó un nuevo trazado, atravesando Möðrudalsöræfum. El tramo antiguo se convirtió en la carretera 901, también conocida como Möðrudalsleið. Una ruta secundaria, sin asfaltar, que dejaría de recibir servicio invernal más allá de la granja. Aquello parecía la sentencia de muerte de Möðrudalur. Pero Vilhjálmur Vernharðsson, el hijo de los propietarios, decidió abandonar Reikiavik y regresar a su tierra natal. Desde entonces, ha convertido la granja en un pequeño centro turístico, justo en el límite de las Tierras Altas septentrionales. Con un restaurante y varios tipos de alojamiento, que van desde un camping hasta el confortable hotel en el que había pasado la noche. Aunque, en invierno, Möðrudalsleið no suele ser transitable más allá de Möðrudalur, el relativo aislamiento de la granja se ha convertido en uno de sus principales atractivos.

Amanece junto a Herðubreið

Amanece junto a Herðubreið.

Pasé un rato despidiéndome del lugar, mientras el coche entraba en calor. Hacia el suroeste, la mole de 1.682 metros del Herðubreið dominaba el horizonte. Aunque había perdido gran parte del espectacular penacho de nubes de la tarde anterior, a la incipiente luz del amanecer seguía haciendo honor a su fama como «reina de las montañas de Islandia». Es un ejemplo casi perfecto de tuya, cuyo origen parece remontarse al último periodo glaciar. Su ubicación, junto al desierto de Ódáðahraun, y sus empinadas laderas de material suelto retrasaron su primera ascensión hasta el año 1908.

Desde la carretera 901

Desde la carretera 901.

Finalmente, logré ponerme en marcha. Quería alcanzar el mirador que hay en las proximidades de Jökulkinn durante la hora dorada. Aunque hubo un momento en que comencé a temer que repetiría el fracaso de la tarde anterior, cuando había llegado al lugar demasiado tarde. Un zorro ártico que se cruzó en mi camino y las hermosas vistas sobre las montañas que flanquean la carretera 901 parecían empeñados en retenerme en el antiguo trazado de la Ring Road.

Al este de Vegaskarð

Al este de Vegaskarð.

Llegué al mirador a las nueve de la mañana. Justo a tiempo de contemplar cómo la hora dorada se diluía lentamente, mientras la luz del sol comenzaba a iluminar las montañas al otro lado del valle. Primero sus cimas, luego las blancas laderas, finalmente la llanura de Útland. Entre tanto, el cielo cambiaba sus tonos salmón por otros azulados y la nieve se volvía cada vez más blanca. La serenidad del momento era asombrosa, tan solo interrumpida por un par de vehículos que pasaron por la Ring Road y el sonido del obturador de mi cámara, incapaz de detenerse ante tanta belleza.

Tardé media hora en lograr reanudar mi ruta, para atravesar Möðrudalsöræfum en unas condiciones mucho más favorables de lo que esperaba. Quizá el viento de la tarde anterior había acumulado menos nieve de lo normal. O, tratándose de la principal ruta del este de Islandia, habían limpiado la calzada con mayor empeño. En cualquier caso, el principal problema que encontré fue el sol, brillando intensamente sobre el horizonte.

Stuðlagil en invierno.

Aprovechando las espléndidas condiciones atmosféricas, decidí desviarme hasta Stuðlagil. Al final, tuve que conformarme con contemplar el cañón desde su mirador occidental. A la vez el más accesible y el menos interesante.

Rjúkandafoss en invierno

Rjúkandafoss en invierno.

De vuelta a la Ring Road, no tardé en detenerme en Rjúkandafoss. Al contrario que el año anterior, la cascada no estaba completamente congelada. Pero había tanto hielo, que era difícil apreciar la sucesión de saltos, que en conjunto alcanzan los 139 metros de altura. Tampoco pude encontrar el comienzo del camino que lleva hasta su mirador. Me tuve que conformar con hacer una foto desde el puente de la Ring Road sobre el Ysta-Rjúkandi y seguir mi camino.

Hjarðarhaga

Hjarðarhaga.

Mi siguiente parada estaba a tan solo 4.900 metros, en las casas de turba de Hjarðarhaga. Dos construcciones que son todo lo que queda de un antiguo conjunto de seis. Las otras cuatro fueron derribadas en la década de 1970, cuando se mejoró el trazado de la Ring Road. Nadie sabe cuándo habían sido construidas, ni con qué fin. Aunque su último uso, hasta la década de 1980, fue como cobertizos para el ganado. En las proximidades encontraremos una antigua herrería. Aparentemente ocupa lo que, hasta la Reforma protestante, fue una pequeña capilla. Una gran placa de hielo se interponía en mi camino. Además, tampoco sabía si iba a encontrar su puerta abierta. Me pareció más prudente continuar mi ruta hacia el este.

En Hróarstunguvegur

En Hróarstunguvegur.

Una vez crucé el puente sobre el Jökulsá á Dal, me desvié a la izquierda por Hróarstunguvegur, la carretera 925. Mi nuevo destino era la remota localidad de Bakkagerði, en el más septentrional de los Fiordos del Este. Antes, tuve que atravesar Hróarstunga, la gran llanura formada por los ríos Jökulsá á Brú, nombre con el que se conoce el tramo inferior del Jökulsá á Dal, y Lagarfljót, por donde desagua el lago homónimo. A continuación, tendría que atravesar el paso de montaña de Vatnsskarð.

Hróarstunga desde Vatnsskarð

Hróarstunga desde Vatnsskarð.

Llegué a los primeros contrafuertes del puerto unos minutos antes de la dos de la tarde. La carretera comenzaba a zigzaguear, mientras tomaba altura rápidamente. Las vistas eran espectaculares, pero no pude detenerme hasta unos metros antes de coronar Vatnsskarð. Allí encontré un pequeño aparcamiento, prácticamente oculto por la nieve. El panorama era grandioso, incluso para un lugar como Islandia. La llanura llegaba hasta el mar, donde se convertía en la amplia Héraðssandur. Al otro lado, las cumbres de Smjörfjöll (las Montañas de Mantequilla) cerraban el horizonte. Las atraviesa el paso de Hellisheiði. Una de las carreteras a mayor altitud de Islandia, con fama de encontrarse también entre las más hermosas. Aún no he tenido ocasión de comprobarlo.

Una excursión invernal a Borgarfjörður eystri.

Mi segundo desvío del día me llevó a Bakkagerði. Una de las localidades más remotas y menos conocidas de Islandia, rodeada por una naturaleza deslumbrante. El más septentrional de los Fiordos del Este no tiene nada que envidiar a sus hermanos del sur.
Ventisca al oeste de Vatnsskarð

Ventisca al oeste de Vatnsskarð.

De regreso, volví a detenerme en el mirador junto a Vatnsskarð. En las dos horas y media que había pasado en Borgarfjörður eystri, el día había cambiado. Encontré mucha menos luz y, por contra, mucho más viento. Tanto, que ni pude salir del coche. Hacia el sur, más allá de la ventisca, se extendía la llanura que debía atravesar camino de Egilsstaðir. Sobre el horizonte, las nubes se aferraban al terreno, descargando alguna que otra nevada. La vista era hermosa, llena de esa fuerza primigenia tan habitual en Islandia, pero parecía presagiar un cambio de tiempo. No podía demorarme.

Atardecer desde Borgarfjarðarvegur

Atardecer desde Borgarfjarðarvegur.

El viento cesó tan pronto como descendí al amplio valle, mientras las nubes parecían retirarse rápidamente hacia el sur. Contra todo pronóstico, acabé conduciendo por un entorno asombrosamente apacible. Entre tanto, el atardecer avanzaba lentamente, tiñendo las montañas que separan Bakkagerði del resto de Islandia. Terminé haciendo un par de breves paradas, mientras recorría la carretera 94 hacia el sur. Lo justo para hacer unas pocas fotografías.

Ocaso desde Gistihúsið

Ocaso desde Gistihúsið.

Llegué a Egilsstaðir con las últimas luces del ocaso, justo a tiempo de contemplar la superficie congelada del Lagarfljót desde la ventana de mi habitación. Una vez más, me alojaba en Gistihúsið, el espléndido hotel junto al lago. A priori, un lugar perfecto para observar (y fotografiar) auroras boreales. Con un cielo sin apenas nubes, tan solo necesitaría un poco de actividad solar. Aquella noche, los dioses nórdicos debieron pensar que, al menos por unas horas, mi cupo de belleza estaba más que cubierto.

Para ampliar la información.

Quien no tenga experiencia conduciendo en Islandia durante el invierno, debería leer esta otra entrada del blog: https://depuertoenpuerto.com/conducir-en-islandia-el-invierno/.

En inglés, la web de Möðrudalur está en https://fjalladyrd.is/.

También hay un buen artículo sobre el lugar en Guide to Iceland: https://guidetoiceland.is/connect-with-locals/regina/modrudalur-the-highest-located-farm-in-iceland.

La página Iceland Falls tiene una breve reseña de Rjúkandafoss: https://icelandfalls.com/rjukandi-rjukandafoss/.

Igualmente breve la entrada sobre Hjarðarhaga en el blog Hej Hej!: https://hejhejgonorth.wordpress.com/2018/06/13/turf-houses-of-hjardarhaga/.