La Alta Edad Media fue un periodo complicado en Europa. Cuando, a finales del siglo VIII, tras siglos de guerras e invasiones, el continente parecía encontrar un frágil equilibrio, el saqueo en el año 793 del monasterio de Lindisfarne, en Northumbria, por unos feroces guerreros que llegaron por sorpresa desde el mar, marcó el inicio de una nueva era de inestabilidad. Los vikingos, con su capacidad para viajar grandes distancias en relativamente poco tiempo, tuvieron un impacto enorme. Colonizaron las Feroe, Islandia y Groenlandia, llegando hasta la la costa septentrional de América. Hacia el sur, atacaron toda la fachada atlántica europea, penetrando en el Mediterráneo. Convertidos en normandos, desde su asentamiento en la desembocadura del Sena conquistaron Inglaterra e Irlanda, así como el emirato de Sicilia, sometiendo buena parte del sur de Italia. Crearon un efímero reino en el norte de África y tuvieron un importante papel en las Cruzadas, fundando el principado de Antioquía y el reino de Chipre. Incluso llegaron a las Canarias. Juan de Bethencourt, el conquistador de Lanzarote, Fuerteventura y El Hierro, era normando. En el este, donde eran conocidos como varegos, atacaron a los eslavos y los jázaros, llegando a los mares Negro y Caspio. Tuvieron un papel fundamental en la formación del primer estado ruso y, durante tres siglos, formaron la guardia varega, el cuerpo de élite del ejercito bizantino.

Talla en madera de cabeza de animal

Talla en madera de cabeza de animal.

Todo esto lo hicieron a bordo de sus naves, tan resistentes y versátiles que lo mismo servían para cruzar el gélido mar de Groenlandia que para remontar el Guadalquivir. Los famosos langskips, o barcos largos, se convirtieron en el terror de Europa. Su diseño les permitía llegar a lugares impensables para otros navíos. Podían adentrarse en ríos poco profundos o varar en cualquier playa. Incluso era posible transportarlos por tierra, para pasar de una cuenca hidrográfica a otra. Algo que era rutinario durante los viajes entre los mares Báltico, Negro y Caspio. Al igual que las galeras, podían navegar a remo o a vela. Pero su peculiar diseño, con popa y proa simétricas, hacía posible cambiar de sentido sin necesidad de virar. El precio a pagar por tanta flexibilidad era la ausencia de las comodidades más básicas. La única cubierta de los langskips, además de ser poco espaciosa, no ofrecía ninguna protección frente a las inclemencias meteorológicas. Sus largas travesías por los gélidos mares del norte debieron ser de una dureza difícilmente imaginable.

Sello de la ciudad de Bergen (c. 1293)

Sello de la ciudad de Bergen (c. 1293).

Los langskips también fueron utilizados como barcos funerarios. Lo cual ha permitido que, desde finales del siglo XIX, hayan sido desenterrados varios karves relativamente bien conservados. Otros, probablemente víctimas de naufragios, nos han llegado en peores condiciones al haber pasado siglos sumergidos en aguas costeras o enterrados en el lodo. Por contra, al menos hasta el momento, no se ha encontrado ningún drakkar. De mayores dimensiones, más ornamentados y con cabezas de dragón adornando su proa y su popa, fueron durante siglos los preferidos por los vikingos para sus expediciones militares de mayor relevancia. Hoy solo los conocemos por referencias escritas o alguna rara representación pictórica, como el antiguo sello de la ciudad de Bergen.

Exterior del Museo de Barcos Vikingos

Exterior del Museo de Barcos Vikingos.

Como no podía ser menos, la mejor colección de barcos vikingos que existe está en Oslo, en el Vikingskipshuset ubicado en la península de Bygdøy, al oeste de la ciudad. Llegué a sus puertas tras un paseo de veinte minutos por calles nevadas, procedente del Museo del Fram. Al igual que éste, el Museo de Barcos Vikingos no parecía gran cosa desde el exterior. Un gran edificio blanco, cubierto de nieve, que en cierta forma me recordaba el aspecto de ciertas iglesias noruegas de la primera mitad del siglo XX. Como en el caso del Fram, cualquier duda sobre el interés del museo se despeja al atravesar su entrada.

Cubierta del barco de Oseberg

Cubierta del barco de Oseberg.

Más allá de los barcos, lo primero que llama la atención del interior del museo es su sencillez. Cuatro naves, formando una cruz, alojan tres barcos vikingos, en diferente estado de conservación, además de diversos objetos hallados junto a éstos. El museo fue construido en varias fases. La primera, inaugurada en 1926, para alojar el barco de Oseberg. Los otros dos langskips se ubicaron en dos naves perpendiculares, fruto de una ampliación terminada en 1932. El ala que acoge la exposición de objetos menores se añadió en 1957. Sus bóvedas blancas parecen estar concebidas para evitar cualquier distracción visual, de forma que el visitante pueda centrarse en la contemplación de los magníficos barcos. En las esquinas entre las naves, unas escaleras dan acceso a miradores, que permiten contemplar sus cubiertas. Todo muy sencillo y funcional, pero efectivo.

Barco de Oseberg

Barco de Oseberg.

Aunque no creo que nadie vaya al Vikingskipshuset para apreciar el diseño del edificio. Según accedía a la primera nave nave del museo, la proa del barco de Oseberg me dejó sin palabras. Aunque sabía lo que iba a encontrar, no pude evitar asombrarme por el estado de conservación del barco. Construido sobre el 820, aparentemente fue utilizado durante varios años, antes de acabar como tumba de dos ricas mujeres, en el 834. Fue encontrado en 1903 en Slagen, unos 70 kilómetros al sur de su actual ubicación. Con 22 metros de eslora y 5 de manga, podía ser impulsado por una vela de unos 90 metros cuadrados, o por 30 remos, lo que le permitía navegar por encima de los 10 nudos. Impresionante, para un barco que ni siquiera era de los más destacados que la tecnología vikinga sabía producir.

Detalle de la roda del barco de Oseberg

Detalle de la roda del barco de Oseberg.

Además, el barco de Oseberg es el langskip más ricamente decorado que se ha encontrado hasta la fecha. Tanto la roda de proa como la de popa están delicadamente ornamentadas y coronadas por una hermosa espiral tallada. A pesar de sus doce siglos de antigüedad, se conservan las figuras de monstruos marinos repitiéndose, de forma un tanto escheriana, a lo largo de ambos costados. Aunque la inconfundible huella de los años ha dejado su huella en la madera, más allá de los hermosos barcos, aquellas tallas me embelesaron. Pasé un buen rato contemplándolas de cerca, observando sus intrincados detalles.

Barco de Gokstad

Barco de Gokstad.

En el ala izquierda, se encuentra el barco de Gokstad, datado en torno al 890. Sus dimensiones son mayores que las del anterior, con 24 metros de eslora y 5 de manga. Montaba una vela de 110 metros cuadrados y tenía espacio para 32 remeros. Se estima que podía alcanzar los 12 nudos. Su construcción era muy sólida, haciéndole perfectamente capaz de afrontar travesías oceánicas. Por contra, carece de la delicada ornamentación del barco de Oseberg. Tampoco estaba acompañado de un rico ajuar. Parece que la tumba fue saqueada poco después del enterramiento. Por lo demás, las condiciones de conservación eran excelentes, llegándose a encontrar restos de pintura, negra y amarilla, en algunas partes del barco.

Restos del barco de Tune

Restos del barco de Tune.

No se puede afirmar lo mismo del barco de Tune, que ocupa la nave del ala derecha. Construido en el entorno del 910, fue utilizado pocos años después para el enterramiento de un jefe local. Más pequeño que los otros dos, su estado de conservación es muy deficiente. En buena parte se debe a que se conocía su existencia, antes de su definitiva excavación en 1867, habiendo sido expoliado en repetidas ocasiones. En consecuencia, no ha llegado a nuestros días ninguno de los elementos de su ajuar funerario, aunque se tiene información de alguno de ellos. Curiosamente, es el único de los tres que conserva las juntas de lana que utilizaban los vikingos para impermeabilizar el casco.

Trineo vikingo

Trineo vikingo.

La última nave contiene una exposición, con objetos encontrados junto a los barcos. La mayor parte, sin duda las mejores piezas, proceden del enterramiento del barco de Oseberg. Destaca un carro de madera, el único que nos ha llegado de la era vikinga, así como varios trineos ricamente labrados. Los objetos se complementan con fotografías, en muchos casos realizadas durante las excavaciones, mapas y esquemas, que ayudan a comprender y poner en contexto las piezas de la exposición.

Detalle del barco de Gokstad

Detalle del barco de Gokstad.

Ninguna visión estereotipada de los vikingos como bárbaros del norte, apenas civilizados, puede resistir una visita al Vikingskipshuset. Indudablemente fueron violentos, en una época violenta. Pero demostraron no carecer de conocimientos técnicos, ni de sensibilidad artística. Quizá nunca sepamos a ciencia cierta los motivos que les impulsaron a dejar su tierra natal y desperdigarse por media Europa. Pero ese éxodo cambió para siempre la faz del continente. En algunos lugares, dejaron una huella duradera, como en Normandía, donde fundaron una dinastía que llegó a controlar la mayor parte de las Islas Británicas y la mitad occidental de Francia. O en Sicilia, que bajo su dominio conoció un increíble esplendor cultural, dejándonos joyas como la Capilla Palatina del Palacio de los Normandos. En otros, como Rusia, fueron asimilados por la población local y apenas queda huella de su paso. En todos, quedó su leyenda, que ha llegado a nuestros días quizá con más fuerza que nunca.

Museo de Barcos Vikingos

Para ampliar la información:

El museo tiene un pequeño folleto informativo en español. La versión en PDF está en https://www.khm.uio.no/english/visit-us/documents/museumsbrosjyre-spansk-trykk.pdf.

Apenas he encontrado más información de calidad en español. La excepción, una entrada del blog Kamaleon: http://kamaleon.viajes/un-museo-muy-vikingo/.

En https://www.youtube.com/watch?v=8T913a5jP1U se puede ver un breve recorrido por el museo.

Quien quiera profundizar sobre la era vikinga, hallará una avalancha de artículos en la web, entre los cuales es complicado encontrar buen contenido, más allá de la Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Vikingo. O del magnífico blog, dedicado a la cultura nórdica, de Laia San José: https://www.thevalkyriesvigil.com. Imprescindible.

Por último, mencionar el interesante trabajo fin de grado de Unai Salinas, que se puede descargar en https://biblioteca.unirioja.es/tfe_e/TFE004396.pdf.

En inglés, la web oficial del museo está en https://www.khm.uio.no/english/visit-us/viking-ship-museum/index.html.

Se puede consultar un artículo sobre las peculiaridades de los barcos vikingos en http://www.hurstwic.org/history/articles/manufacturing/text/norse_ships.htm.

También es recomendable la sección de divulgación del otro gran museo de barcos vikingos, en Roskilde, Dinamarca: https://www.vikingeskibsmuseet.dk/en/professions/education/.

Para finalizar, mencionar el proyecto de ampliación del museo, que ha tenido sus altibajos. Las últimas noticias al respecto están en https://www.newsinenglish.no/2019/09/02/state-finally-funds-viking-ship-repairs/.

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