Visitar Bergen en febrero comienza a convertirse en una rutina. Bergen, además de la segunda ciudad de Noruega, es el principal nudo de comunicaciones en el oeste del país. Es complicado no recalar en alguna de sus calles o estaciones si se recorre la zona. Sobre todo, durante el inclemente invierno escandinavo, que limita las opciones más alejadas de la costa. En cualquier caso, nunca me ha importado regresar. Desde mi primera visita, Bergen se convirtió en mi ciudad favorita de Noruega.

El plan inicial para mi viaje de 2020 era, en lo referente a Bergen, muy sencillo. Llegar en barco a las 12:30, procedente de Stavanger, dejar mi equipaje en la terminal marítima de Nøstebukten, en el Puddefjorden, dar una vuelta por la ciudad, realizando un par de visitas, y regresar a Nøstebukten antes de las 20:00 para embarcar en el Polarlys, el buque de Hurtigruten que debía llevarme hasta Svolvær, en las islas Lofoten. Esta vez, no me quedaría a dormir.

Lille Lungegårdsvannet

Lille Lungegårdsvannet.

Pero no había contado con el imprevisible clima noruego. Una fuerte tormenta sobre el Mar del Norte obligó a cancelar la travesía del Stavangerfjord. Acabé haciendo un complicado trayecto en autobús y llegando a Bergen sobre las dos de la tarde. Además, el autobús me dejó junto a la estación central, a casi 25 minutos andando de la terminal marítima. Resignado, reorganicé mi breve estancia en la ciudad. Renuncié a visitar el Museo Marítimo de Bergen y decidí dar un tranquilo paseo hasta Nøstebukten, donde haría el check-in y me desharía del equipaje.

El Polarlys llegando a Nøstebukten

El Polarlys llegando a Nøstebukten.

Llegué a Nøstebukten quince minutos antes de las tres. Justo a tiempo para ver cómo el Polarlys arribaba a puerto. Tras contemplar la maniobra de atraque, aun tuve que esperar un rato para poder embarcar. Finalmente, al filo de las cuatro y media, volvía a poner pie en Bergen, liberado de mi maleta. Sin mayor dilación, me dirigí al que sería mi primer y prácticamente único destino del día.

Atardecer en el monte Fløyen.

De las actividades que había previsto para mi tarde en Bergen, la única que acabé realizando fue subir a contemplar el atardecer desde el mirador del monte Fløyen. El mirador conocido como Panorama Fløyfjellet, al que se accede cómodamente mediante el Fløibanen, ofrece las mejores vistas sobre la ciudad y su entrono.
Kjøttbasaren

Kjøttbasaren.

Cuando descendí del monte Fløyen, no tenía ningún plan concreto para lo poco que quedaba de tarde. Además, seguía lloviendo. Estaba muy cerca del Kjøttbasaren, el llamativo edificio de estilo neorrománico que se levanta en las inmediaciones de Zachariasbryggen. Fue construido entre 1874 y 1876, con la intención de dotar a la ciudad de un mercado central que mejorase las condiciones higiénicas de la distribución de alimentos. Tras sufrir dos reformas, en 1965 estuvo a punto de ser derribado, para levantar en su lugar una torre de 9 plantas. La oposición frontal de buena parte de la intelectualidad de Bergen logró salvar el edificio, aunque hubo que esperar a 1982 para que el municipio decidiera protegerlo oficialmente. En 1996 fue adquirido por una empresa privada, que realizó una restauración integral, dedicando sus espacios interiores a locales de restauración, entre los que destaca el Restaurant 1877. Aunque, al final, la lluvia y la ausencia de  clientela en los restaurantes del Kjøttbasaren me empujaron a ir sobre seguro y acabé cenando en Villani.

Fachadas de Bryggen

Fachadas de Bryggen.

Terminé de cenar perfectamente coordinado con el último chaparrón de la tarde. Según me acercaba a la salida del restaurante, pensando cuál sería el mejor lugar para encontrar un taxi, dejó de llover. En menos de 30 segundos, la única señal que quedaba del intenso aguacero era la fina película de agua que cubría el pavimento de Bergen, arrancando hermosos reflejos de sus adoquines. Una imagen que, en cualquier caso, forma parte de la esencia de la ciudad. Animado, decidí dar un último paseo, acercándome hasta Bryggen. ¿Qué mejor lugar para emplear mi última hora en Bergen?

Callejón de Bryggen

Callejón de Bryggen.

Encontré Bryggen tan hermoso y solitario como había esperado, con sus suelos de madera impregnados de humedad y ni el menor rastro de las hordas de turistas que, en verano, suelen abarrotar sus estrechos callejones. Aunque no pude disfrutar del barrio con la calma de mi visita en 2018, el paseo mereció la pena. Recorrer Bryggen en invierno es un lujo al que ningún viajero que tenga la fortuna de visitar Bergen en dicha estación debería renunciar.

Nøstebukten de noche

Nøstebukten de noche.

Regresé a Nøstebukten a través de Torgallmenningen, la arteria peatonal que forma el principal eje comercial de la ciudad. A pesar de lo cual, apenas me crucé con nadie. Tras un tranquilo paseo por las calles de Bergen, exactamente seis horas después de haber descendido del autobús en la estación central, embarcaba en el Polalys. Por segunda vez, me encaminaba al Ártico a bordo de un buque de Hurtigruten.

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Para ampliar la información:
Otras entradas sobre Bergen en este blog: https://depuertoenpuerto.com/category/europa/noruega/hordaland/bergen/.

La web oficial de turismo de Noruega tiene una sección dedicada a la ciudad: https://www.visitnorway.es/que-ver-en-noruega/noruega-de-los-fiordos/bergen/.

El blog Los Traveleros tiene una buena entrada, con 25 cosas que hacer en Bergen: https://lostraveleros.com/que-hacer-en-bergen/.

En https://depuertoenpuerto.com/de-copenhague-a-tromso/ se puede ver todo mi viaje invernal entre Copenhague y Tromsø.

En inglés, la página oficial de turismo está en https://en.visitbergen.com.

El blog Heart My Backpack tiene varias entradas sobre Bergen, entre ellas https://www.heartmybackpack.com/norway/special-things-bergen/y https://www.heartmybackpack.com/norway/weekend-in-bergen/.

Por último, en Life in Norway hay un blog dedicado a la ciudad: https://www.lifeinnorway.net/places/bergen/.