Hraunfossar, las cascadas de la lava. Un nombre que se ha ganado a pulso uno de los saltos de agua más bellos de Islandia. Hraunfossar es en realidad una sucesión de pequeñas cascadas, extendiéndose a lo largo de casi un kilómetro de la orilla derecha del río Hvitá. Su principal peculiaridad consiste en que el agua mana prácticamente sobre las cascadas, creando un efecto tan mágico como extraño. Aguas arriba, poco antes de llegar a Hraunfossar, el Hvitá atraviesa una zona de rápidos, conocida como Barnafoss, que añade un extra de interés a la zona.

Hraunfossar surgiendo de la lava

Hraunfossar surgiendo de la lava.

Habíamos conocido Hraunfossar y Barnafoss durante el verano de 2021, antes de adentrarnos en la espectacular Kaldadalsvegur. El lugar nos había parecido hermoso. Indudablemente, hacía honor a su fama. Pero la visita no acabó de cumplir mis expectativas, sobre todo desde el punto de vista fotográfico. El intenso viento, la mala suerte de coincidir con un autobús lleno de turistas y la falta de tiempo, con un itinerario atravesando las siempre inciertas Tierras Altas de Islandia por delante, no me permitieron recrearme todo lo que me habría gustado.

Hraunfossar en invierno

Hraunfossar en invierno.

Al comienzo de mi tercer viaje invernal a Islandia, esta vez en solitario, decidí dar una segunda oportunidad a las cascadas. Una apuesta no exenta de riesgo. Por una parte, éstas se encuentran hacia el interior de la isla. Aunque están en una zona aún baja, su relativo aislamiento, lejos de la Ring Road y de cualquier núcleo urbano de cierta relevancia, podía tener como consecuencia que me encontrara con una carretera intransitable. Además, toda visita a un salto de agua durante el duro invierno islandés tiene cierta dosis de incertidumbre. Lo mismo puedes encontrar un lugar fascinante, rodeado por un mágico mundo parcialmente congelado, que un bloque compacto de hielo y nieve, virtualmente indistinguible del paisaje circundante.

El aparcamiento de Hraunfossar

Junto al aparcamiento de Hraunfossar.

En cualquier caso, llegué a las inmediaciones de Hraunfossar poco antes de las diez y media de una mañana, como no, fría y gris. Aunque no podía quejarme, pues ni nevaba ni hacía viento. Ambas cascadas están tan próximas, que el acceso se realiza desde un aparcamiento común. Al salir del coche, me encontré una explanada cubierta por un incólume manto blanco. La mejor prueba de que, aquel día, era el primer visitante del lugar.

Hraunfossar entre la nieve y la lava

Hraunfossar entre la nieve y la lava.

De inmediato, me dirigí a Hraunfossar. Pese a que el volumen de agua era inferior al del verano, la cascada no me defraudó. La nieve, cubriendo buena parte del campo circundante, hacía aún más evidente que el agua manaba a escasos metros del cauce del Hvitá. Su flujo mantenía limpia una parte de la lava, creando un intenso contraste entre su negra superficie y el manto blanco. Este insólito universo se desplomaba hacia las aguas del río, teñidas de un azul verdoso, tan hermoso como extraño.

Hraunfossar y el río Hvitá

Hraunfossar y el río Hvitá.

El origen de Hraunfossar se encuentra en el entorno del año 930. Durante una fecha indeterminada de dicha década, entró en erupción el gran volcán que hay bajo las nieves perpetuas del Langjökull, el segundo glaciar más extenso de la isla. La erupción duró varios años, creando un enorme campo de lava, bautizado como Hallmundarhraun, que supera los 200 km² de superficie, con una longitud de 50 kilómetros y un ancho máximo que roza los 7.000 metros. Hallmundarhraun modificó el cauce del Hvitá, que en la actualidad bordea parte de su límite meridional. El nuevo campo de lava está emplazado sobre terreno más compacto, que el transcurso de los siglos ha vuelto impermeable. El resultado fue que el agua de lluvia, al filtrarse entre los poros de la lava más joven, se topa con una capa infranqueable, donde comienza a fluir valle abajo, en dirección al mar. Mientras tanto, el impetuoso Hvitá ha ido erosionando su nuevo cauce, creando el desnivel que en la actualidad da origen a la cascada.

Junto al nuevo puente sobre el Hvitá

Junto al nuevo puente sobre el Hvitá.

Poco más de 200 metros aguas arriba de Hraunfossar, encontraremos Barnafoss. Esta otra cascada, en realidad, sería algo más parecido a una sucesión de rápidos, creados por el Hvitá al darse de bruces con el lugar en el que Hallmundarhraun alcanza unas colinas cercanas. Como tantos lugares de Islandia, Barnafoss tiene una leyenda asociada, a la que debe su nombre, que se traduciría como Cascada de los Niños. Según ésta, en los tiempos del landnámsöld había un arco natural sobre el río Hvitá. Un par de hermanos, que habitaban en la cercana granja de Hraunsás, quisieron reunirse con sus padres en la iglesia local. Buscando atajar, intentaron atravesar el arco de lava, con el resultado de que cayeron al río. La madre, despechada, hizo derruir el arco. Aunque, en la actualidad, cuando el río tiene un caudal moderado, aun es posible apreciar un arco sobre las aguas del Hvitá. ¿Habría anteriormente un arco adicional, en una posición más elevada? ¿Fue derribado, o caería de forma natural, como el que existía hasta 1993 en Ófærufoss? Siempre resulta complicado saber cuánto hay de cierto en las viejas leyendas islandesas.

El Hvitá, entre Barnafoss y Hraunfossar

El Hvitá, entre Barnafoss y Hraunfossar.

Sin previo aviso, según llegaba a Barnafoss, comenzó a nevar. Al principio, débilmente. Aún logré hacer una fotografía relativamente limpia, en la que los copos de nieve son casi imperceptibles. El lugar, sin tener la delicada belleza de Hraunfossar, trasmite una intensa sensación de fuerza, de misterio, con el río abriéndose paso por un angosto cauce de lava. En cierto modo, ambas cascadas son tan antagónicas, que se complementan.

En los cuatro minutos que tardé en llegar al mirador frente al arco natural, nevaba con cierta intensidad. Un par de minutos más tarde, comenzaba a soplar el viento, cada vez con más fuerza. Por segunda vez, el clima de Islandia había frustrado mis planes de volar el dron y hacer alguna fotografía de larga exposición. Además, en esta ocasión, corría el riesgo de quedar bloqueado en el tramo final de la carretera 518. Me puse en marcha sin la mayor dilación.

Ponte los crampones

Ponte los crampones.

No habría recorrido ni tres kilómetros, cuando la mañana volvió a cambiar. Cesaron el viento y la nieve y el cielo mostraba alguna tímida señal de que el sol quería romper entre las nubes. Mi destino del día estaba en el sur de la península de Snæfellsnes, apenas a 144 kilómetros de distancia. Tenía tiempo de sobra. Di media vuelta y regresé a Hraunfossar. Volví a ponerme los crampones, saqué el trípode y me dirigí de nuevo al mirador sobre el Hvitá. Otra vez andando sobre nieve virgen, pues la última nevada había borrado las huellas de mi anterior paseo.

Pero aquel no era mi día. Según montaba la cámara, comenzó nuevamente a nevar. Si cabe, con más intensidad que la vez anterior. Tan solo logré hacer un video medianamente aceptable. Después, nevaba tanto, que las fotos eran poco más que un amontonamiento de puntos blancos, entre los que se adivinaban algunos retazos de Hraunfossar. En Islandia, la naturaleza manda. Hay que saber aceptar las derrotas, sobre todo en invierno. Salí corriendo rumbo a la costa, aún más rápido que en la primera ocasión.

Para ampliar la información.

En https://depuertoenpuerto.com/hraunfossar-y-barnafoss/ se puede ver nuestra anterior visita al lugar, en verano.

ZigZagviajes tiene una interesante entrada sobre las cascadas en invierno: https://zigzagviajes.com/barnafoss-hraunfossar-invierno-islandia/.

En inglés, Arzo Travels nos describe la visita tanto en verano como en invierno: https://arzotravels.com/visit-stunning-hraunfossar-waterfalls-and-barnafoss-in-iceland/.

El canal de YouTube del fotografo danés Mads Peter Iversen tiene un video sobre la cascada: https://www.youtube.com/watch?v=kNYMU7-Qrek.