Ubicada, en linea recta, 13 kilómetros al este de Ísafjörður, Vigur es la segunda isla más extensa del Ísafjarðardjúp. Con una longitud de 2 kilómetros y un ancho máximo de 400 metros, ocupa una superficie de 0,6 km², habitados en invierno por 5 personas, todas ellas de una misma familia. La isla pasaría prácticamente desapercibida, a no ser por sus abundantes colonias de aves. Al elder común se unen los charranes árticos y varias especies de álcidos, entre los que destacan los frailecillos, para convertirla en uno de los lugares más propicios para el avistamiento de aves en Islandia. Al menos, esa es la teoría.

Möngufoss

Möngufoss bajo los últimos rayos de sol.

Vigur era nuestra segunda escala de la jornada. Tras pasar la mañana atracado en Ísafjörður, el SH Vega aprovechó la hora de la comida para reposicionarse frente a la costa occidental de la isla. Poco después de las dos de la tarde, fondeábamos unos 1.500 metros al oeste del extremo meridional de Vigur. El día, que había amanecido razonablemente benigno, incluso con algunos retazos de cielo azul, recuperaba lentamente la plomiza normalidad de los Fiordos del Oeste. Lo cual eran malas noticias. Esta vez, íbamos en el último grupo de lanchas. Si, como era de esperar, la tarde derivaba hacia la lluvia, corríamos el riesgo de quedarnos sin excursión. Mientras tanto, pasamos el tiempo asistiendo a una interesante charla de David J. Drewry y contemplando desde cubierta el impresionante entorno que nos rodeaba, con el salto de agua de Möngufoss, en la costa septentrional del Ísafjarðardjúp, brillando bajo los últimos rayos de sol.

Tarde gris en Vigur

Tarde gris en Vigur.

Finalmente, sobre las cinco de la tarde, llegó nuestro turno. En menos de diez minutos, desembarcábamos en la isla. La coordinación fue perfecta. Según poníamos nuestros pies en el muelle de madera que comunica Vigur con el resto del mundo, comenzó a llover. Al principio, no eran más que unas cuantas gotas aisladas. Pero, viendo los negros nubarrones que cada vez teníamos más cerca, no pude evitar maldecir la mala suerte que habíamos tenido.

Granja de Vigur

Granja de Vigur.

La visita comenzó con un recorrido por los edificios de la granja, que ocupan el extremo meridional de la isla. Aunque puede que estuviera habitada anteriormente, la primera referencia escrita que nos ha llegado de Vigur es de 1194. Cobró notoriedad a caballo de los siglos XVII y XVIII, de la mano de Magnús Jónsson. Un rico terrateniente que, desde su residencia en Vigur, se dedicó a recopilar y copiar diversas obras. Desde sagas y cuentos medievales, hasta trabajos contemporáneos sobre geografía, pasando por obras de poesía compuestas por miembros de su familia. Aquellos copiados por su propia mano se atesoran actualmente en Reikiavik. Los que fueron transcritos por escribas a sueldo de Magnús están repartidos por diversas instituciones, en Reikiavik, Londres, Copenhague o Estocolmo.

Vigurbreiður

Vigurbreiður.

En la actualidad, la granja cuenta con un edificio de 1860. Uno de los más antiguos que se conservan en la isla y por tanto legalmente protegido. También tiene un molino de viento construido sobre 1840. El único que se conserva en Islandia y puede que el más septentrional del mundo. Por último, el bote de remos Vigurbreiður es el más antiguo de Islandia que aún es capaz de navegar.

Pesando el plumón

Pesando el plumón.

Parte de los ingresos de la granja siguen teniendo su origen en las plumas del eider común. Para recolectarlas, se espera a que los polluelos abandonen el nido. En ese momento, se recoge todo el plumón que la madre ha utilizado para confeccionarlo. Con una asombrosa capacidad para retener el calor, es un material muy apreciado para la elaboración de edredones y prendas de abrigo. En la granja podremos ver parte de la maquinaria empleada para su procesamiento, así como paneles explicativos de las demás especies que frecuentan la isla.

En la orilla sureste de Vigur

En la orilla sureste de Vigur.

La visita a la isla se hace en grupos, dirigidos por uno de los guías de la granja. A nosotros nos tocó una chica inglesa, que estaba pasando allí el verano y cuya mayor preocupación era no mojarse. Nos dio pocas explicaciones, con todavía menos ganas, mientras nos llevaba a toda velocidad por una de las sendas que serpentean entre la vegetación. El principal interés de la mayor parte de los que la acompañábamos era ver frailecillos, pero nos explicó que habían emigrado una semana antes. Algo que, como pudimos comprobar posteriormente en un panel donde anotaban las especies que habían avistado cada día, era falso.

Charranes árticos

Charranes árticos.

Con frailecillos o sin ellos, las orillas de la isla rebosaban de vida. Personalmente, siempre he preferido ver charranes árticos antes que frailecillos. Son mucho menos fotogénicos y tienen mucho peor carácter, pero sus migraciones son, sin el menor atisbo de exageración, épicas. Todos los años hacen un viaje de ida y vuelta entre regiones árticas y antárticas, recorriendo unos 38.600 kilómetros. Aunque se sabe que algunos ejemplares han superado los 80.000. Su instinto territorial es asombroso, hasta tal punto que otras especies de aves buscan anidar en sus proximidades, para disfrutar de su protección frente a posibles depredadores. Los he visto atacar sin titubear a personas, coches o incluso enormes tráilers, circulando a 80 km/h. Como siempre suelen acometer desde arriba, dirigiéndose a la parte más alta de aquello que consideran una amenaza, una buena estrategia, si debes atravesar una zona cercana a sus nidos, es llevar un paraguas viejo, o cualquier tipo de palo con un trapo anudado, bien visible sobre tu cabeza.

Ostreros euroasiáticos junto a la granja

Ostreros euroasiáticos junto a la granja.

También pudimos ver dos pequeños grupos de ostreros euroasiáticos. Otro ave migratoria, que cria en latitudes boreales, para después pasar el invierno en el sur de Europa o el norte de África. Aunque se conocen ejemplares que permanecen durante todo el año en las Islas Británicas.

Araos aliblancos

Araos aliblancos.

Y algunos otros álcidos, como los siempre abundantes araos aliblancos. Hasta tiempos relativamente recientes, en Islandia era bastante común cazar todo tipo de aves. De las que, como nosotros con el cerdo, se aprovechaba todo. Aunque sigue siendo una práctica legal, cada vez es menos común. Y la poca que se sigue practicando es por tradición y deporte, no por necesidad, en una de las sociedades más prósperas del mundo. En la actualidad, desde el punto de vista económico, es mucho más rentable explotar las aves turísticamente que intentar comérselas. Algo de lo que Vigur es un magnífico ejemplo, pero no el único. En Islandia, el principal obstáculo para la recuperación definitiva de las grandes colonias de aves es la competencia con los humanos por los recursos pesqueros de sus costas.

El SH Vega desde Vigur

El SH Vega desde Vigur.

Regresamos al barco pasadas las seis y media de la tarde. Apenas unos minutos después de que, finalmente, dejara de llover. Completamente empapados y, todo hay que decirlo, bastante decepcionados. Aunque logramos ver numerosas aves, no encontramos ni focas ni frailecillos. Pero ni esto ni la lluvia fueron lo peor. Al fin y al cabo, cuando visitas un espacio natural, nunca puedes estar seguro de la fauna que puedes encontrar, si es que encuentras alguna. Y mucho menos del clima, en la siempre imprevisible Islandia. Lo realmente frustrante fue la actitud de la persona que nos «enseñó» la isla. Si, por razones de conservación ecológica, es obligatorio realizar la visita bajo supervisión, lo menos que se puede pedir es que quien haga las funciones de guía, tenga cierta pasión por su trabajo. Lo contrario es un despropósito, tanto para el guía como para los guiados.

Para ampliar la información.

En https://www.birdingplaces.eu/es/birdingplaces/iceland/vigur se puede ver un listado de las especies de aves que es posible encontrar en Vigur.

El blog Acampamos tiene una entrada sobre la isla: https://www.acampamos.com/isla-de-vigur/.

En inglés, la web oficial de la isla está en https://www.vigurisland.com/.

West Tours ofrece excursiones a Vigur desde Ísafjörður: https://www.westtours.is/en/tours-activities/vigur.