Dimmuborgir es uno de los lugares más populares en las inmediaciones del lago Mývatn. Un amplio estacionamiento, un «centro de visitantes» (que en realidad es poco más que una cafetería) y una senda asfaltada y perfectamente señalizada son buena prueba de ello. Pero, como en tantos lugares de Islandia, la mayor parte de sus visitantes se limita a realizar un breve trayecto por la parte más próxima al aparcamiento, sin molestarse en conocer a fondo el lugar.

Kirkja

Kirkja, en agosto de 2021.

Yo mismo había cometido dicho pecado durante mi primera visita a Dimmuborgir, en compañía de Olga. Apenas estaríamos media hora, en la que nos limitamos a visitar Hallarflöt, su zona más turística. En nuestro descargo, tenemos que alegar que era nuestro primer día en Islandia y, en realidad, no conocíamos el país que estábamos visitando. Enmendamos nuestro error de principiantes cuatro años más tarde, mientras recorríamos una Islandia solitaria, con su turismo aun azotado por la pandemia. En aquella ocasión, hicimos un itinerario superior a los tres kilómetros, empleando aproximadamente dos horas.

Dimmuborgir en invierno

Dimmuborgir en invierno.

Pero, como suele pasar en Islandia, aquella visita me dejó cierto «gusanillo». Mientras recorríamos la senda roja, la más prolongada de todas, habíamos visto un desvío a otra senda, marcada en azul, que atravesaba la parte más abrupta del lugar. Además, el espléndido sol que disfrutamos en aquella visita me había impedido hacer buenas fotografías. Por último, quería conocer Dimmuborgir en invierno y comprobar si el lugar ganaba en espectacularidad con la nieve. Tres buenos motivos para visitar Dimmuborgir por tercera vez.

Llegando a Gatklettur

Llegando a Gatklettur.

Mi plan inicial, de emplear al menos dos horas en recorrer la senda azul, comenzó a hacer aguas antes incluso de llegar a Dimmuborgir. Un relajante paseo al amanecer por el puerto de Húsavík, un coche atascado en la nieve en Hverir, dos recorridos consecutivos por la zona geotermal y una prolongada visita a la península de Hofði, convertida en un lugar increíblemente mágico, se combinaron para hacerme llegar al aparcamiento de Dimmuborgir a las cuatro de la tarde. Mucho después de lo que había previsto inicialmente. Algo bastante común en un país lleno de maravillas, donde las visitas se suelen alargar más de lo previsto.

Hverfjall desde Gatklettur

Hverfjall desde Gatklettur.

Tuve que reconfigurar mis planes sobre la marcha, renunciando a visitar Hallarflöt, para dirigirme directamente a Gatklettur, el gran arco natural que marca el comienzo de la senda que lleva hasta el Hverfjall. Subir a Gatklettur, por un tortuoso camino cubierto de nieve helada, tuvo su dificultad. El premio fue una hermosa vista sobre un Hverfjall con sus oscuras laderas tamizadas por un manto blanco, que hacía todavía más irreal el inmenso cono de escoria.

En la senda roja

En la senda roja.

El descenso desde Gatklettur fue todavía más complicado. Tras lograr llegar al sendero principal, reanudé mi itinerario, adentrándome por la senda roja camino de Kirkja, mi siguiente objetivo. A partir de ese momento, continué mi paseo en la más absoluta soledad, recorriendo un sendero nevado, que zigzagueaba entre los arbustos.

Kirkja en invierno

Kirkja en invierno.

Kirkja es todo lo que queda de un antiguo tubo de lava, cuyos restos se desperdigan por las inmediaciones de las dos entradas a la cueva. El nombre de Kirkja, iglesia en islandés, procede su forma ojival, que recordaría vagamente a la ventana de una iglesia gótica. Curioso, pues en Islandia no hay ninguna. Probablemente fue «bautizada» por algún turista, o es una simple operación de márketing.

Junto al comienzo de la senda azul

Junto al comienzo de la senda azul.

Según contemplaba Kirkja, me di cuenta de que no había visto el desvío de la senda azul, que se encuentra unos metros antes. Me había pasado de largo. Regresé, observando con mayor detenimiento el lado izquierdo de la senda, hasta que logré dar con el camino. Con razón no había sido capaz de advertirlo. El poste azul que marcaba el sendero apenas sobresaldría un par de centímetros sobre la nieve. Por contra, era perfectamente visible un cartel advirtiendo de la dificultad del recorrido. A pesar de lo cual, decidí intentarlo. No llegué muy lejos. Era muy complicado andar por la nieve, que tendría unos 30 centímetros de espesor. Además, llevaba un buen rato sin ver un alma y la noche se aproximaba. En esas condiciones, no perecía prudente adentrarme en la senda menos transitada de Dimmuborgir.

Vindbelgjarfjall desde Dimmuborgir

Vindbelgjarfjall desde Dimmuborgir.

Me quedaban dos opciones. Desandar el camino hacia el aparcamiento y aprovechar para visitar Hallarflöt, o completar el círculo completo de la ruta roja. La primera era más corta y me llevaría a la que quizá sea simultáneamente la zona más vistosa y visitada de Dimmuborgir. La segunda me permitiría dar un paseo al atardecer por un paisaje nevado, probablemente en solitario. Me decidí por esta última.

Atardecer invernal en Dimmuborgir

Atardecer invernal en Dimmuborgir.

Pese a que esa zona carece de las espectaculares formaciones que caracterizan a Hallarflöt, Gatklettur o Kirkja, permite apreciar con claridad la apocalíptica génesis del lugar. Dimmuborgir se originó hace unos 2.300 años, cuando una cercana erupción simultánea en Þrenglsborgir y Lúdentsborgir creó un gran lago de lava. Su corteza se solidificó y, al retirarse el magma líquido, acabó colapsando. Las extrañas columnas de roca que se reparten por el terreno son en realidad los restos de antiguos conductos, por los que el vapor del suelo escapaba a la atmósfera, enfriando y solidificando la lava. La configuración de Dimmuborgir, casi circular, se aprecia con claridad desde el cercano cráter de Hverfjall. Una visita, por cierto, muy recomendable.

Hacia el final de la senda roja

Hacia el final de la senda roja.

En cualquier caso, fue un paseo rápido, en el que no hice ningún desvío (la nieve tampoco me dejaba muchas opciones) y apenas me detuve. A pesar de lo cual, acabó siendo muy gratificante. Más allá del extraño paisaje, pasear al atardecer por el fascinante entorno de Dimmuborgir, con la única compañía del viento que silbaba entre las rocas y los raquíticos abedules, fue una experiencia mágica. Otra más, en la Tierra de Hielo.

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Para ampliar la información:

Mis dos visitas anteriores al lugar están en https://depuertoenpuerto.com/dimmuborgir/ y https://depuertoenpuerto.com/un-paseo-por-dimmuborgir/.

En ingles, muy interesante, como siempre, la entrada sobre una visita otoñal en el blog ZigZagonearth: https://www.zigzagonearth.com/dimmuborgir-iceland/.

En el mismo blog, se puede ver una visita invernal en https://www.zigzagonearth.com/dimmuborgir-winter-iceland/.

En https://cdn.geo.su.se/pdf/theses/2016_jacob-gustafsson_bsc_30hp_2.pdf se puede descargar un largo PDF sobre la formación de Dimmuborgir.