Nadie sabe a ciencia cierta cuándo se edificó la primera fortaleza de Akershus. Aunque sí sabemos que debió ser después de 1287, pues en ese año la ciudad de Oslo fue atacada por Alv Erlingsson, un miembro de la nobleza noruega, haciendo evidente la necesidad de reforzar sus defensas. Trece años más tarde, si no finalizada, debía estar al menos en construcción, pues el rey Haakon V la menciona en una carta. Desde entonces, ha servido como último bastión en la defensa de Oslo, sufriendo seis asedios. Cinco por parte de tropas suecas y uno de soldados escoceses a las órdenes del rey de Dinamarca. Todos fracasaron. Pero su impecable hoja de servicios tuvo un amargo final en abril de 1940, cuando fue ocupada sin resistencia por las tropas alemanas en las primeras horas de la Operación Weserübung.

Akershus bajo la nieve

Akershus bajo la nieve.

Akershus ocupa la parte más elevada del entrante que divide Pipervika y Bjørvika, las dos ensenadas del antiguo puerto de Oslo. Hacia el este, los edificios que la separan de Bjørvika la ocultan parcialmente. Incluso desde el tejado de la flamante Ópera de Oslo, la mole rosácea del Havnelageret impide ver con claridad la fortaleza. Por contra, es imposible estar en Pipervika y no apreciar la silueta de sus torres y bastiones, dominando la orilla oriental. La imagen del invierno anterior, con Akershus bajo una capa de nieve, que hacía difícil distinguir sus tejados del denso manto de nubes que cubría el cielo de Oslo, había quedado grabada en mi mente. En aquella ocasión, no pude visitar la fortaleza, pero hice el firme propósito de no desaprovechar la siguiente oportunidad.

Batteri veien

Batteri veien.

Ocasión que se dio 373 días más tarde, tras finalizar un recorrido por el Museo del Pueblo Noruego. Solo que aquello no se parecía en nada a la visita que había planeado. Por una parte, llegué mucho más tarde de lo que tenía previsto. Mea máxima culpa, pues debía haberme documentado mejor sobre el magnífico museo. Por otra, a pesar de volver a visitar Oslo a medidos de febrero, un sol radiante iluminaba los muros de Akershus, a la vez que templaba el ambiente hasta el punto de hacer difícil pensar que aquello era un día de invierno escandinavo. Ni rastro del precioso manto blanco que cubría la ciudad durante mi anterior visita. Me consolé pensando que, al menos, la dura luz que había arruinado mis fotos en el museo comenzaba a estar tamizada por el incipiente atardecer.

Sol de invierno en Akershus

Sol de invierno en Akershus.

En cualquier caso, mi tardía llegada a la fortaleza acabó no teniendo mayores consecuencias. Aun llegando a la hora prevista, habría sido imposible visitar sus edificios, pues los encontré cerrados, en pleno proceso de reforma. Una de las cruces de viajar en temporada baja. Tuve que limitarme a dar un tranquilo paseo por sus muros exteriores. Paseo que, en cualquier caso, fue sumamente agradable. Aunque la temperatura era baja, el sol, la ausencia de viento y mi ropa de invierno se conjugaron para que acabase pasando calor. No debía ser el único con esa sensación, pues en las zonas más soleadas del recinto era fácil encontrar jóvenes charlando en un banco, o sentados tranquilamente en el césped, con la única compañía de un libro.

Museo de la Resistencia Noruega

Museo de la Resistencia Noruega, en Dobbelt Batteri.

Akershus ha tenido gran importancia en la historia noruega. Su existencia fue determinante para que, en 1299, Oslo reemplazara a Bergen como capital del reino. Durante las diversas uniones con Suecia y Dinamarca, que acabaron de facto con la independencia del país, la fortaleza fue la residencia del rigsstatholder, un cargo similar al de nuestros virreyes. En los oscuros años de la Segunda Guerra Mundial, se utilizó para diversas ejecuciones. Primero, de patriotas noruegos por parte de los nazis. Tras la liberación, fueron los principales colaboracionistas noruegos quienes acabaron frente al pelotón de fusilamiento. Entre otros, Vidkun Quisling, que en 1942 utilizaría la fortaleza para su proclamación como líder del gobierno títere de la Noruega ocupada. En 1945 sería ajusticiado entre sus muros. Tres años más tarde, se estableció en Akershus el panteón real, en el que reposan los dos únicos reyes fallecidos en la renovada Noruega independiente.

Batería junto a la torre Munk

Batería junto a la torre Munk.

El recinto que podemos ver hoy es fruto de la reforma realizada tras el gran incendio de 1624, que devastó Oslo durante tres días. Cristián IV de Dinamarca aprovechó la destrucción para trasladar la ciudad desde la desembocadura del Alna hasta Akershagen, en las inmediaciones del castillo. En su honor, la ciudad sería rebautizada como Christiania, nombre que conservó hasta 1925. También reformó el castillo, creando una fortaleza al gusto renacentista, con bastiones de estilo italiano, más adecuados para resistir los ataques de la artillería.

Torre Munk y ala meridional

Torre Munk y ala meridional.

Akershus mantuvo su importancia hasta que, con el tratado de Kiel, Noruega pasó a estar unida a Suecia. Perdida su principal razón de ser, la fortaleza pasó a ser utilizada como prisión, cayendo en un estado de progresivo abandono. El deterioro llegó a tal punto, que se llegó a pensar en demolerla y utilizar sus terrenos para la creciente expansión de la ciudad. Fue salvada in extremis por el naciente movimiento nacionalista noruego. En 1896 se preparó un primer proyecto de restauración. Los trabajos comenzaron en 1900, llegando a su fin en 1960.

El Oslofjorden desde Akershus

El Oslofjorden desde Akershus.

Cuando quise llegar al extremo meridional de la fortaleza, había comenzado el atardecer. Aun no estaba en el Ártico, con sus casi eternas horas doradas. Pero la latitud de Oslo es lo suficientemente septentrional para que aun quedara hora y media hasta la puesta de sol. Con tiempo de sobra para ir hasta Tjuvholmen Badeplass, donde tenía previsto disfrutar del ocaso, pasé un rato descansando, sentado sobre los contrafuertes del bastión del Príncipe Carlos, mientras disfrutaba de la serena vista sobre el fiordo. Había surcado esas mismas aguas un par de veces. La más reciente, esa misma mañana, llegando a Oslo en ferry procedente de Copenhague.

Akershus desde Aker Brygge

Akershus desde Aker Brygge.

Finalizada mi visita, pasé lo que quedaba de tarde dando un tranquilo paseo por la orilla occidental de Pipervika, recorriendo Aker Brygge hasta Tjuvholmen. Después de cenar, hice el camino inverso, por los muelles vacíos que flanquean Stranden. Prácticamente estaba solo en la calle. Acabé sentándome en los largos peldaños de madera que descienden desde la calzada hasta los muelles. Al otro lado de la ensenada, la fortaleza iluminada se reflejaba en las tranquilas aguas del fiordo de Oslo, tan solo agitadas por los últimos ferris que zarpaban rumbo a las islas cercanas a la ciudad. La increíble sensación de paz me hizo olvidar la violenta historia de la fortaleza. Afortunadamente, Akershus ha dejado atrás su pasado, convertida en uno de los lugares favoritos para disfrutar del aire libre por los habitantes del moderno Oslo.

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Para ampliar la información:

El blog Profundidad de Campo tiene una entrada con unas preciosas fotos de la fortaleza en invierno: https://profundidad.net/blog/la-fortaleza-de-akershus-en-oslo.

En El Paigar Viajero podemos ver Akershus en verano: https://www.elpaigarviajero.com/viajes/oslo/la-fortaleza-akershus-de-oslo.

La web oficial de turismo de Oslo tiene una página sobre la fortaleza, con información práctica: https://www.visitoslo.com/es/producto/?TLp=14900.

En https://depuertoenpuerto.com/de-copenhague-a-tromso/ se puede ver todo mi viaje invernal entre Copenhague y Tromsø.

En inglés, se puede descargar un interesante PDF con un plano de la fortaleza en https://historiaviagenselivros.files.wordpress.com/2017/10/akershus-fortress-mapa.pdf.

En Culture Trip hay un artículo sobre la historia de Akershus: https://theculturetrip.com/europe/norway/articles/a-brief-history-of-akershus-festning-oslos-medieval-fortress/.