Groenlandia es la mayor isla del planeta. También es uno de los lugares más despoblados del mundo. Incluso dejando de lado Sermersuaq, la enorme capa de hielo que cubre el 80% de su territorio, los 465.000 km² restantes, habitados en 2024 por 56.836 personas, tendrían una densidad de 0,12 habitantes por kilómetro cuadrado. Esa tenue presencia humana y uno de los climas más extremos de la Tierra, hacen que Groenlandia no tenga nada remotamente parecido a una red de carreteras. Absolutamente todo el transporte entre sus pequeños núcleos urbanos debe hacerse por aire o por mar. Incluido el turismo.

El SH Vega en el Rødefjord

El SH Vega en el Rødefjord, en agosto de 2023.

Por ese motivo, mis dos viajes a la isla habían sido en barco. El primero, como parte de un largo crucero trasatlántico, que apenas pasó tres días entre los fiordos de su rincón suroccidental. El siguiente, en un crucero de expedición que, zarpando desde Islandia, recorrió Scoresby Sund y el Kong Oscar Fjord. Ambos cruceros fueron una delicia, sobre todo el segundo. Pero me dejaron con ganas de más. De poder moverme a mi propio ritmo, fuera de la burbuja turística. Algo que, en Groenlandia, no resulta tan sencillo.

El Sarfaq Ittuk zarpando de Ilulissat

El Sarfaq Ittuk zarpando de Ilulissat.

La solución llegó de la mano del Sarfaq Ittuk, un ferri que, con permiso de la banquisa, recorre la parte más poblada de la costa occidental de Groenlandia, entre Qaqortoq, la mayor población del sur de la isla, e Ilulissat, la capital de su municipio más septentrional. Un viaje de casi cinco días, en el que se recorren aproximadamente 1.300 kilómetros de costa. En muchas ocasiones, navegando por aguas interiores, entre una maraña de fiordos, islas y escollos, rodeados por un paisaje tan imponente como descarnado.

El Sarfaq Ittuk en Sisimiut

El Sarfaq Ittuk en Sisimiut.

Aunque algunos se refieran al Sarfaq Ittuk como «el Hurtigruten de Groenlandia», aquí solo hay un barco realizando la ruta. Por tanto, no dispones de la flexibilidad de Noruega, donde puedes desembarcar en cualquier puerto y continuar tu ruta cuando te venga bien, pues todos los días hace escala un buque en cada sentido. En Groenlandia, tendría que hacer todo el trayecto de un tirón. Aun así, el ferri me permitiría conocer lugares remotos, mezclado con la población local. Viajando como ellos viajan, comiendo lo que ellos comen y, con suerte, pudiendo entablar alguna conversación interesante, que me permitiera conocer mejor la idiosincrasia de los groenlandeses.

Hielo y agua en el Kangia de Ilulissat.

En cualquier caso, el destino final de mi viaje, el principal motivo para ir a Groenlandia, era el fiordo de hielo de Ilulissat. El fascinante Ilulissat Kangerlua. Una vez llegase a la capital del norte de Groenlandia, dormiría seis noches en uno de sus hoteles. La idea era tener tiempo para recorrer tranquilamente la zona, contando con que el voluble clima del Ártico podría acabar jugándome alguna mala pasada. Más allá de visitar el fiordo desde tierra y desde el mar, quería hacer alguna excursión en barco por la bahía de Disko.

Sobrevolando el Tunulliarfik

Sobrevolando el Tunulliarfik.

También había que tener en cuenta los tiempos perdidos en los desplazamientos aéreos. Treinta horas para llegar desde Madrid hasta Qaqortoq y veintisiete para regresar desde Ilulissat a Madrid. A lo que debía añadir cierto margen de seguridad, por lo que llegaría a Qaqortoq, si todo salía bien, 26 horas antes de la hora de embarcar. Al final, contando entre mi salida de Madrid y mi regreso a casa, el viaje se prolongaría hasta los catorce días, que quedaron como sigue.

Un viaje que cumplió ampliamente mis expectativas. No tuve ningún contratiempo con los vuelos y el barco fue más o menos lo que esperaba. Quizá lo peor fue la comida, aunque lo compensó con creces el camarote, bastante confortable para ser un ferri. Los hoteles estuvieron bien y el clima fue bastante agradable, con temperaturas entre 1 y 6 grados sobre cero. Tan solo la niebla complicó alguna de las jornadas de navegación y uno de mis días en Ilulissat. El resultado fue que pude hacer todo lo que había previsto, con la única excepción de una visita a Qeqertarsuaq, que cambié en el último momento por la excursión a Ilimanaq. Creo que fue un acierto. La niebla también me impidió hacer una excursión en avioneta sobre el Sermeq Kujalleq, que incluso tenía reservada. Pero no dejaba de ser una improvisación, que no formaba parte de mi plan inicial, por lo que tampoco se puede decir que lo alterase.

El Ilulissat Kangerlua desde la senda azul

El Ilulissat Kangerlua desde la senda azul.

Por lo demás, poder moverte por Groenlandia con relativa libertad resulta bastante interesante. Aunque siempre deberás tener en cuenta que la palabra clave es «relativa». Groenlandia es un lugar muy complicado. Mucho más que, por ejemplo, Islandia. A la escasa presencia humana y la inexistencia de carreteras se une la de cualquier otra infraestructura básica, una vez dejes atrás los pocos lugares habitados. Tampoco deberás desdeñar el clima, que puede torcerse en cualquier momento. Aunque, personalmente, siempre he tenido suerte, soy consciente de que Groenlandia no deja de ser un lugar tremendamente duro y hostil. Por último, está la fauna. A pesar de que los osos polares no sean tan abundantes como en Svalbard, pueden ser una amenaza. Lo normal, en muchas caminatas largas por el campo, es que alguien vaya armado. Los bueyes almizcleros, sin ser tan extremadamente peligrosos, también suponen cierto riesgo. Y nunca es aconsejable acercarse a una morsa.

Disko Bugt al atardecer

Disko Bugt al atardecer.

En cualquier caso, las dificultades y complicaciones no impiden que Groenlandia sea un lugar fascinante. Más bien al contrario. Además, esta misma complejidad mantiene la isla a salvo del turismo masivo. Otra cuestión es cuánto tiempo pueda seguir así, una vez estén plenamente operativos los nuevos aeropuertos de Nuuk e Ilulissat, capaces de operar vuelos transoceánicos. Quizá ambos lugares acaben «normalizándose», mientras el resto de la isla mantiene su aura de aislamiento. O quizá no, y buena parte de Groenlandia acabe convertida en una especie de parque temático ártico. Por si acaso, ya estoy planificando mi siguiente viaje a la Tierra Verde. Esta vez, a principios del otoño boreal, antes de que inauguren el nuevo aeropuerto de Ilulissat.

Para ampliar la información.

En https://depuertoenpuerto.com/tag/groenlandia/ puedes ver todas las entradas de este blog sobre Groenlandia.

Otro blog interesante es El Rincón de Sele: https://www.elrincondesele.com/tag/groenlandia/.

En inglés, la web oficial de turismo de Groenlandia está en https://visitgreenland.com/.

Puedes encontrar la de Air Greenland en https://www.airgreenland.com/.

Y la de World of Greenland, una filial de la aerolinea dedicada a actividades turísticas en la bahía de Disko en https://worldofgreenland.com/en/.

Puedes ver una infografía sobre los animales peligrosos de Groenlandia en https://visitgreenland.com/wp-content/uploads/2025/06/Infographic-Encountering-polar-bear-while-hiking-in-Greenland-by-Visit-Greenland.pdf.

Y un documento más específico sobre los encuentros con osos polares en https://greenlandtours.com/assets/media/documents/guidelines-for-encounters-with-polar-bears.pdf.