No hay que ser demasiado observador para, mirando un mapa de Islandia, apreciar una larga franja de tierra, adentrándose profundamente entre las gélidas aguas del océano Glaciar Ártico, cerca del extremo nororiental de la isla. Se trata de Langanes, cuyo nombre quiere decir «península larga». Otro más de los topónimos autodescriptivos de la Tierra de Hielo. Sin embargo, pese a su visibilidad, Langanes sigue siendo uno de los lugares menos visitados de la isla.

Al norte de Sauðanes

Desde Sauðanes, en febrero de 2023.

También era una de mis eternas tareas pendientes en Islandia. A lo remoto del lugar se unen las malas carreteras que, además, no tienen mantenimiento invernal. En mi único intento de recorrer la península, no había pasado de Sauðanes. En aquella jornada de febrero de 2023, me había quedado con la duda de si no habría pecado de prudente. Ahora sé que tomé la decisión correcta. Dudo mucho de haber sido capaz de pasar dos o tres kilómetros más allá de la granja. Y estoy seguro de que no habría podido llegar hasta el faro.

Sauðaneshús

Sauðaneshús.

Lo intentaría de nuevo en una ventosa tarde del otoño de 2025, en la que Langanes sería la segunda excursión del día. Poco después de las dos atravesaba Þórshöfn, la única población de la península, y enfilaba la carretera 869. El asfalto se terminaba a la altura del pequeño aeródromo local. Aunque, de momento, la pista era ancha y tenía tanto un firme como un trazado más que razonables. En apenas unos minutos alcanzaba nuevamente Sauðanes, donde se levanta Sauðaneshús. Construida en 1879 para servir de residencia al vicario de la cercana iglesia, es el edificio de piedra más antiguo del noreste de Islandia. Estuvo habitado hasta 1955. En la actualidad, aloja un pequeño museo, que ni intenté visitar. No andaba sobrado de tiempo.

Un chorlito dorado en Langanes

Un chorlito dorado en Langanes.

Poco después, la carretera describía una amplia curva hacia la derecha y comenzaba a avanzar en paralelo a la costa de Langanes. Protegido por los cristales del coche, la tarde parecía espléndida. Aunque bastaba mirar hacia la izquierda para observar cómo el viento arrastraba mar adentro los penachos de espuma levantados por el escaso oleaje. Más cerca, algún chorlito dorado se paseaba por las praderas, entre restos de madera de deriva. No tardarían en emigrar hacia latitudes más cálidas.

La costa de Langanes

La costa de Langanes.

Atravesé un pequeño vado, que era poco más que un charco con corriente. Después, la carretera comenzaba a tomar altura. Las grandes balsas de agua, fruto de los intensos chaparrones de los días anteriores, eran muy abundantes. El principal problema, más allá de las salpicaduras, era no poder apreciar qué había bajo la superficie. Cualquier roca, o un hoyo profundo, podía meterme en un lío, en una «carretera» por la que avanzaba en la más absoluta soledad.

En Fontur

En Fontur.

Por lo demás, recorría una llanura que parecía interminable. Una infinita sucesión de roca y hierba, flanqueada por el mar. Quince minutos antes de las cuatro de la tarde, apareció un punto blanco al final de la llanura. Fue creciendo lentamente, mientras yo superaba incontables baches y charcos, hasta que se hizo evidente que se trataba de un faro. Estaba llegando a mi primer destino en la península.

El faro de Fontur

El faro de Fontur.

El faro de Fontur recibe su nombre de la estrecha franja de tierra en la que termina Langanes. El primer edificio fue levantado en 1910, aunque el actual es de 1950. Apenas tiene 10 metros de altura, aunque su plano focal está a 53 metros sobre el nivel del mar. Al contrario que muchos faros de Islandia, la torre de Fontur es blanca, con la estructura que aloja la linterna pintada de rojo. También es conocido como Langanesviti, aunque este nombre crea cierta confusión con el faro homónimo, en el Arnarfjörður.

Regresando

Regresando.

Había pensado dar un paseo por el extremo noreste de la península, pero el viento era infernal. No tardé en tirar la toalla y comenzar el camino de regreso, ahora con el sol creando intensos contraluces con el paisaje volcánico. Langanes tiene una longitud de 45 kilómetros y está principalmente formada por coladas del Pleistoceno. Su parte nororiental es una gran llanura, rodeada por acantilados. Por contra, en el sureste hay varias montañas, entre las que destaca el Gunnólfsvíkurfjall, que alcanza los 719 metros de altitud.

Ruinas de Skálar

Ruinas de Skálar.

Aunque en la actualidad casi toda la población se concentra en Þórshöfn, durante el siglo XX la península contó con otros núcleos habitados. Uno de ellos fue Skálar, nacido en 1910 como base para la pesca de bacalao y que sería mi segunda parada en Langanes. En 1924 había alcanzado los 117 habitantes, aunque la población se duplicaba en verano, durante la campaña de pesca. Un año antes, se había instalado la segunda planta de refrigeración de Islandia. Pero Skálar nunca lo tuvo fácil. A sus complicadas comunicaciones por tierra se unía la falta de un buen fondeadero, sobre todo tras la llegada de los barcos a motor. A partir de 1931 disminuyeron las capturas de pescado, agravadas por la caída de los precios debido a la Gran Depresión. En 1941 y 1942 explotaron dos minas navales, que habían quedado a la deriva en los Fiordos del Este, destruyendo un par de edificios. Aquello fue el principio del fin. Las familias fueron emigrando, hasta que en 1955 Skálar quedó completamente abandonado.

Al suroeste de Skálar

Al suroeste de Skálar.

Hoy en día apenas quedan unas cuantas ruinas, sin demasiado interés, junto a la solitaria costa nororiental de Bakkaflói. Aunque la sensación de soledad y aislamiento era abrumadora, quizá ensalzada por el intenso vendaval que llegaba desde el sureste. Además de agitar el mar y arrancar penachos de espuma a las olas, creaba una extraña neblina, que hacía imposible divisar el lado opuesto de la bahía. Y, justo donde comenzaba la parte más elevada de Langanes, empujaba hacia el cielo el agua de una cascada, creando un curioso penacho blanco. En cualquier caso, no tardé en retomar mi camino. La tarde avanzaba y aún me quedaba al menos otra parada en la península.

Stóri Karl desde Járnkarlinn

Stóri Karl desde Járnkarlinn.

Esta era Stóri Karl, donde anida una de las mayores colonias de alcatraces de Islandia. Stóri Karl es una columna de roca volcánica, situada a los pies de los acantilados de Skorvík. La roca es inaccesible por tierra y llegar por mar tampoco parece sencillo. Quizá este sea el motivo de la existencia de un asombroso número de aves. A los alcatraces se unen otras especies, como diversos tipos de alcas y, en temporada, frailecillos. Para facilitar el acceso, en 2014 se instaló una plataforma metálica sobre los acantilados, que permite observar Stóri Karl desde una posición privilegiada.

Stóri Karl

Stóri Karl.

El lugar parecía el paraíso de cualquier aficionado a la fotografía de aves. La ubicación de la plataforma facilitaba observar tanto la parte alta de la roca como los vuelos de los alcatraces, mientras estos se dirigían a mar abierto. Además, el intenso viento complicaba sus maniobras, llegando a detenerlos completamente, pese a que volaban a sotavento, casi siempre por debajo de la cresta de los acantilados. El problema era que el mismo vendaval afectaba a la plataforma. A pesar de su solidez, vibraba y gemía continuamente. Y las ráfagas se cebaban en mi teleobjetivo, arrastrándolo a su capricho. Resultaba tan increíblemente complicado enfocar cualquier objeto, que acabé con una gran colección de fotos totalmente aleatorias. El cielo, unas olas, un pedazo de barandilla, o la correa de la cámara, volando descontroladamente frente al objetivo.

Alcatraz frente a Járnkarlinn

Alcatraz frente a Járnkarlinn.

Aun así, logré unas cuantas tomas espléndidas. Creo que entre las mejores fotos de pájaros que he podido hacer jamás. Aunque nunca se han encontrado entre mis sujetos favoritos, con cada viaje a Islandia va aumentando mi afición a este tipo de fotografía. Más allá de sus deslumbrantes paisajes, Islandia es un auténtico paraíso para las aves. Y Stóri Karl uno de los mejores lugares para fotografiarlas. Habrá que regresar en un día menos ventoso.

Regresando a Sauðanes

Regresando a Sauðanes.

Reanudé mi camino. El siguiente plan era hacer una pausa en Heiðarfjall, aunque no tenía muy claro qué iba a encontrarme. Tan solo sabía que el lugar había albergado una estación de radar de la OTAN, entre las décadas de 1950 y 1970, desde la que se vigilaba el paso de los buques soviéticos por el estrecho de Dinamarca. Más allá de un puñado de ruinas, se suponía que la altura me brindaría una buena perspectiva sobre el paisaje circundante. En cualquier caso, había pasado mucho más tiempo del previsto en Stóri Karl. Comenzaba a hacerse tarde y aún tenía que llegar a Möðrudalur, en el límite de las Tierras Altas del norte. Además, la tarde estaba cambiando y comenzaba a lloviznar. Me pareció más razonable renunciar a la visita.

Una cascada en Hvalfjara

Una cascada en Hvalfjara.

Salí de Langanes con el convencimiento de que, una vez más, había subestimado la complejidad de un recorrido por las rutas menos trilladas de Islandia. En cualquier caso, a pesar de su aparente monotonía, la península no me había decepcionado. Más bien al contrario. Sus ásperos paisajes, la sensación de soledad, la abundancia de aves y una pista bastante entretenida fueron suficientes para dar interés a la visita. Todo ello, a pesar de elegir una tarde que no era precisamente la más adecuada para recorrer una de las zonas más expuestas de Islandia. Aquel día, logré borrar la península de mi abultada lista de lugares pendientes de Islandia. Para pasar a engrosar la de aquellos a los que me gustaría regresar.

Para ampliar la información.

No he logrado encontrar nada relevante en español.

En inglés, muy recomendable visitar la web de información turística de la península, en https://www.langanesbyggd.is/info.

También es interesante el artículo en Guide to Iceland: https://guidetoiceland.is/travel-iceland/drive/langanespeninsula.

Aunque apenas contienen algo más que una foto, puedes ver los tres lugares que visito en la web de turismo del norte de Islandia: Fontur (https://www.northiceland.is/en/place/fontur-lighthouse), Skálar (https://www.northiceland.is/en/place/skalar-in-langanes-peninsula) y Stóri Karl (https://www.northiceland.is/en/place/storikarl).

El progresivo deshielo del Ártico ha generado planes para construir un puerto en Finnafjörður, justo en la esquina sureste de Langanes. Afortunadamente, no parecen haber comenzado las obras, pero puedes ver un dosier sobre el proyecto en https://www.langanesbyggd.is/static/files/documents/finnafjordur/finnafjordur-kynning-ensku-efla.pdf.