El resultado de todos estos cambios es una serie de tramos «fosilizados», en los que es posible comprobar cómo era la ruta hace no tantos años. Entre los que aún es posible recorrer conduciendo un vehículo, quizá el más agreste y complicado sea el trayecto de la carretera 95 entre el valle de Breiðdalur y el paso de Breiðdalsheiði. Un trazado que formó parte de la Ring Road hasta 2017. Aunque, desde la apertura del túnel de Fáskrúðsfjarðargöng en 2005, la ruta recomendada era por Fagridalur, atravesando lo que entonces era el tramo occidental de la carretera 92.
Llevaba años queriendo atravesar Breiðdalsheiði. Algo que suele ser imposible en invierno. Durante mi primer viaje otoñal a Islandia, había dado prioridad al cercano paso de Öxi, en la carretera 939. Un año más tarde, en la octava jornada de mi siguiente viaje a la Tierra de Hielo, encontré un hueco para recorrerlo. Pese a que supondría dar un largo rodeo para regresar desde Eskifjörður hasta Egilsstaðir, apenas eran las cuatro de la tarde. Tenía tiempo de sobra para recorrer los 157 kilómetros de mi nueva ruta, aunque una parte del trazado estuviera sin asfaltar. A pesar de varios chaparrones y unos cuantos pequeños atascos en la Ring Road, por culpa de las ovejas, a las cinco y cuarto de una tarde cada vez más gris tomaba el desvío de la carretera 95.
Aunque el día era cada vez más plomizo y gris, decidí dar otro rodeo, en este caso para intentar acercarme a Flögufoss. Una cascada de aproximadamente 60 metros de altura, al sur de la carretera 95. No tenía muy clara la ruta y en la 966 encontré varios vehículos recogiendo las ovejas que, durante el verano, vagan libremente por los campos de Islandia. Más retrasos.
Finalmente logré encontrar el aparcamiento, desde el que partía una senda. Pero me equivoqué de orilla. Acabé a cierta distancia de la cascada. Podía haber intentado vadear el arroyo, pero la llovizna parecía tener ganas de convertirse en un chaparrón. Además, las nubes bajas me impedirían contemplar la vista más llamativa de la cascada, con un fondo de agrestes picos. Hice un par de fotos y regresé al coche. Parecía más razonable centrarme en mi objetivo principal.
El asfalto de la 95 se acabó apenas unos metros al oeste del cruce con la 966. La carretera se adentraba en un valle cubierto por un denso manto de nubes. Aunque apenas eran las seis de la tarde, la luz comenzaba a escasear. Malo para las fotos, aunque a cambio disfrutaría de esos paisajes brumosos que tanto me fascinan. Y que son una de las señas de identidad de los fiordos de Islandia, tanto en el este como en el oeste de la isla.
En apenas unos minutos llegaba al fondo del valle. Frente a mí, una pared verde, aparentemente infranqueable, se elevaba hasta perderse entre las nubes. La carretera, convertida en una pista de tierra, comenzaba a zigzaguear, hasta desaparecer entre los pliegues del terreno.
Pasé un buen rato parado en el margen de una carretera en la que no había el menor tráfico. Disfrutando del silencio y del imponente paisaje, mientras intentaba inmortalizar la majestuosa belleza del momento.
Después, comencé la lenta subida hacia Breiðdalsheiði. Ascendía pausadamente, sin la menor prisa, disfrutando de las vistas, mientras me detenía de vez en cuando para fotografiar Breiðdalur desde una posición cada vez más elevada.
Las nubes se deslizaban lentamente, revelando fugazmente jirones del deslumbrante paisaje. Rocas, arroyos, prados, cascadas, aparecían y desaparecían continuamente frente a mi vista, haciendo que el paisaje mutara incesantemente. La subida era muy brusca. Apenas habrá tres kilómetros entre el fondo del valle y Breiðdalsheiði. Pero fueron de una increíble belleza.
Coroné el paso unos quince minutos antes de las siete, en medio de la niebla. Ni me molesté en detenerme en el mirador que hay en las inmediaciones. En tan solo unos minutos, tras un descenso abrupto pero breve, salía de la niebla y llegaba al cruce con la carretera 939, procedente de Öxi. Había llegado a terreno conocido.
Poco después, llegaba al tramo asfaltado de la 95, que entre tanto había girado decididamente hacia el norte, camino de Egilsstaðir. La sección de carretera que tenía por delante había sido acondicionada antes de la reorganización de la Ring Road, por lo que tenía un firme y un trazado impecables. A las siete y media, estaba comiendo una sabrosa pizza en Askur, junto al cruce de la carretera 1 con la 93.
Terminaba así mi largo desvío, que había elevado en 111 los 46 kilómetros de la ruta directa que podía haber tomado desde Eskifjörður. Un desvío que, en cualquier caso, mereció la pena. Finalmente pude conocer otra de las rutas menos trilladas de Islandia, coincidiendo con una tarde nubosa y gris, que me regaló el tipo de paisaje que más me fascina en la mágica Tierra de Hielo.
Para ampliar la información.
En Los Viajes de Ark encontrarás un recorrido en sentido inverso: https://viajesdeark.com/breiddalsvik/.
Puedes ver la ruta hacia Flögufoss en Wikiloc: https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/flogufoss-41990132.
En inglés, Hit Iceland tiene una entrada sobre Flögufoss: https://www.hiticeland.com/post/flogufoss-waterfall-in-the-east-region.






