Cualquiera que conozca mínimamente Islandia sabrá que una de sus peculiaridades es la diversidad de carreteras por las que, a poco que quieras salirte de las rutas más trilladas, tendrás que conducir. Más allá de la Ring Road y las demás rutas principales, convenientemente asfaltadas, están las carreteras secundarias, que en muchas ocasiones no tienen asfalto. A lo que debemos añadir las «carreteras de montaña», también sin asfaltar y con trazados a veces bastante tortuosos, en los que incluso tendrás que vadear ríos. Sin embargo, no todos saben que la diversión no acaba aquí. El siguiente nivel de dificultad es lo que, en Islandia, denominan «pistas no oficiales». Que básicamente son carreteras de montaña, aún en peores condiciones, con todavía menos mantenimiento y cuyo estado no aparece reflejado en umferdin.is.

Las Tierras Altas nororientales

Las Tierras Altas nororientales.

Por otra parte, cualquiera que esté interesado en la faceta más salvaje de la isla sabrá que hay dos rutas para llegar al cráter del Askja, uno de los lugares emblemáticos de las Tierras Altas orientales. La corta, aquella que utilizan la mayor parte de las excursiones organizadas, que generalmente arrancan en el entorno del Mývatn, por la F88. Una pista razonablemente buena, con un serio inconveniente: el vado del Lindá, que puede ser infranqueable si el río baja crecido. Por lo que la mayor parte de aquellos que intentan llegar por libre utilizan una combinación de la F905 y F910, llegando desde Möðrudalur. Aún tendrás que atravesar varios vados, entre los que destaca el del Þríhyrningsá, pero suelen ser menos complicados. Aunque la ruta es más tortuosa, también tiene fama de ser más escénica. Hay una tercera opción, que casi nadie tiene en cuenta: la F910 desde el oeste. Una ruta con fama de estar entre las más complicadas de las Tierras Altas. Además de ser larga y obligarte a recorrer parte de la F26, con vados como el del Hagakvislar.

La ruta desde el este

La ruta desde el este.

Pero hay una cuarta ruta, aún menos conocida, atravesando pistas no oficiales que, partiendo del asfalto de la presa de Kárahnjúkar, se reincorpora a la F910 3.800 metros al sur del vado del Þríhyrningsá. Aún te quedarán tres vados antes de llegar al aparcamiento del Askja, pero estos suelen ser poco más que charcos con algo de corriente, además de estar muy cerca del refugio de Dreki donde, en caso de necesidad, no será difícil encontrar ayuda. Que no tenga vados complicados, no quiere decir que sea una ruta sencilla. Los 37 kilómetros que recorrerás desde que dejes la F910, al oeste del aparcamiento de Kárahnjúkar, hasta que te reincorpores a la misma carretera, te llevarán a la Islandia más salvaje. Lejos de la cobertura del teléfono móvil, atravesando rutas por las que probablemente no pase otro vehículo en varios días.

Un Forester en Álftadalur

Un Forester en Álftadalur.

Tras mi fracaso intentando llegar al Askja por la F910, había decidido intentarlo desde el este. Mi única referencia de la pista, más allá de que aparecía en los mapas de los paneles informativos de la zona Ódáðahraun-Snæfell, era una breve reseña, de apenas dos páginas, en «Trackbook Iceland». Un pequeño libro, que compré hace varios años y me acompaña siempre que viajo a Islandia fuera de su duro invierno. Sus autores afirmaban que era posible atravesarla con cualquier vehículo 4×4 que tuviera cierta altura sobre el suelo. Conduciendo un Subaru Forester, quizá fuera un tanto justo, pero al menos había decidido intentarlo. Como siempre en Islandia, si no lo veía claro, daría media vuelta.

Llegando a Sauðárdalur

Llegando a Sauðárdalur.

Abandoné el asfalto a las diez y media de una mañana muy poco propicia. Los bancos de niebla me habían acompañado desde que dejé atrás el valle de Fljótsdalur, comenzando a subir hacia las Tierras Altas por la 910. Tras una larga pausa en la presa de Kárahnjúkar, había decidido dejarlo para el día siguiente, cuando la previsión era más favorable. Pero, ya que estaba allí, me pareció buena idea explorar el tramo inicial de la ruta. Aquel que va junto al embalse y una de sus presas. Mi principal temor era que la pista que avanza sobre la presa auxiliar de Sauðárdalur fuera de acceso restringido. Temor que resultó infundado. Aunque estaba prohibido pasar sobre la presa, habían construido una pista alternativa a sus pies.

Möðrudalur 61

Möðrudalur 61.

Decidí seguir un poco más. La pista tenía un firme y un trazado más que aceptables y el día parecía estar mejorando, sobre todo hacia el oeste. También había puesto el cuentakilómetros a cero y estaba controlando las distancias con las especificadas en el libro. Además, había logrado «engañar» a Guru Maps, la aplicación de navegación que suelo utilizar en las Tierras Altas, mediante el sencillo procedimiento de decirle que me diera una ruta para bicicleta de montaña. Por último, la tarde anterior había notificado mi ruta en safetravel.is. En realidad, nada me impedía continuar avanzando. Mis dudas comenzaron a disiparse cuando, en medio de ninguna parte, me di de bruces con una señal de tráfico: Möðrudalur 61.

A partir de ahí, sufrí un ejemplo de libro del «síndrome de la rana hervida». La ruta fue complicándose poco a poco, pero yo iba entusiasmado con los deslumbrantes paisajes que recorría. Paisajes duros y ásperos, que no son para todo el mundo, pero que a mí me fascinan. Aunque avanzaba muy lentamente, cada vez tenía menos kilómetros por delante y más por detrás. La mañana seguía mejorando y yo cada vez estaba más decidido a llegar hasta el Askja.

La vista hacia el noroeste

La vista hacia el noroeste.

Las pocas dudas que me quedaban se disiparon cuando, tras remontar una colina, por primera vez tuve al frente una buena vista hacia el paisaje que debía recorrer. Un pequeño río zigzagueaba entre terrenos pantanosos, hasta unirse a otro mayor, probablemente el Kreppa, que a su vez es tributario del Jökulsá á Fjöllum. Todo ello en medio de un silencio y una soledad sepulcrales, con la mole del Herðubreið, parcialmente velada por las nubes, como telón de fondo. En esas condiciones, cualquier intento de resistencia era inútil. Mi suerte estaba echada.

La pista, que había girado decididamente hacia el norte, seguía avanzando por un terreno yermo y pedregoso. Como casi siempre en la Islandia más salvaje, algunos tramos eran una delicia, con un firme liso que te permitía avanzar con comodidad. En cambio, otros eran un suplicio. Bacheados, con rocas salpicadas por el suelo y sin apenas marcas con las que guiarte. En un par de ocasiones, hasta tuve que bajar del coche para averiguar por dónde seguía la ruta. Pero, tal como había leído en la pequeña guía sobre las pistas de las Tierras Altas, no encontré ningún vado. Y las vistas eran deslumbrantes.

A las doce y media llegaba al cruce con la F910. Que, comparativamente, me pareció casi una autopista. Había tardado dos horas en hacer 37 kilómetros. Aunque, todo hay que decirlo, también me había detenido para hacer unas cuantas fotos y estirar las piernas. En cualquier caso, aún estaba a 64 kilómetros de mi auténtico destino: el aparcamiento del cráter del Askja. No podía dormirme.

Herðubreið entre las nubes

Herðubreið entre las nubes.

Mientras tanto, las nubes sobre Herðubreið parecían empeñadas en convertirse en mi principal preocupación. Ahora, la cima estaba completamente cubierta. Mi ruta en el Askja estaba aproximadamente a mil metros de altitud. Seiscientos menos que la invisible cima de Herðubreið. Si las nubes seguían bajando, corría el riesgo de fracasar en mi principal objetivo de la excursión. ¿Me habría equivocado?

Atravesando el Kreppa

Atravesando el Kreppa.

A diez minutos de la una llegaba al puente sobre el Kreppa. El mismo río que había visto desde la colina 50 minutos atrás. El puente se construyó en 1970. Antes, no quedaba más remedio que vadear el río. Algo que no debía ser en absoluto sencillo y desde luego imposible con un coche como el que yo conducía.

Entre el Kreppa y el Jökulsá á Fjöllum

Entre el Kreppa y el Jökulsá á Fjöllum.

Al otro lado del puente, encontré uno de los peores tramos de la sección oriental de la F910, avanzando directamente sobre una colada de lava. Después, algún tramo de arena, donde había que ir con cuidado de no perder el control del coche. También comencé a ver otros vehículos. Tanto en mi misma dirección, como en sentido contrario. Tras varias horas conduciendo en la más absoluta soledad, encontrarme con otros conductores fue reconfortante. Si tenía algún problema, no estaría solo.

El Jökulsá á Fjöllum desde la F910

El Jökulsá á Fjöllum desde la F910.

A las 13:40 llegaba al segundo puente de la ruta, esta vez sobre el impetuoso Jökulsá á Fjöllum, el segundo río más largo de Islandia y aquel que acaba despeñándose por la impresionante Dettiffoss. El puente fue construido en 1972, abriendo una ruta que, anteriormente, era impracticable. Las únicas opciones para cruzar de un lado a otro del río eran ir hacia los puentes que hay al norte (el de la Ring Road, desde 1957, o el de la carretera 85, junto a la costa, desde 1905) o seguir hacia el sur, buscando la zona en que el río aún avanza dividido en varios brazos. Aun así, vadearlos era considerado muy peligroso.

En la F894

En la F894.

Al oeste del río, mi principal problema fueron algunos tramos de arena. En cualquier caso, poco antes de las dos y media estaba frente a Dreki donde, entre otras instalaciones, hay un par de cabañas en las que es posible dormir. Desde allí, la F894 lleva hasta el aparcamiento del Askja, situado en el interior del propio cráter, atravesando un paisaje todavía más extraño que aquel que había recorrido durante buena parte de la mañana.

Desde el aparcamiento del Askja

Desde el aparcamiento del Askja.

Llegué a mi destino veinte minutos antes de las tres. Bajo un cielo plomizo, pero con las nubes suficientemente altas sobre el terreno. Al final, había tardado cuatro horas y diez minutos en recorrer los 101 kilómetros de pista que, por Álftadalur, separan Kárahnjúkar del Askja. Una media cercana a los 25 kilómetros por hora. A cambio, había vivido una pequeña aventura, mientras atravesaba rutas solitarias, disfrutando de paisajes deslumbrantes. Pero, para llegar a mi auténtico destino, aún tenía que recorrer 2.700 metros. Un último paseo, que me vendría bien para estirar las piernas, me separaba de Öskjuvatn, el lago que ocupa la parte más profunda del cráter del Askja.

Para ampliar la información.

Si no tienes experiencia conduciendo por las Tierras Altas de Islandia, te interesará leer esta otra entrada del blog: https://depuertoenpuerto.com/conducir-en-islandia-las-tierras-altas/. Aunque, en realidad, si nunca has visitado las Tierras Altas mi recomendación es que ni te plantees realizar esta ruta.

Puedes ver mi primer intento de llegar al Askja, desde Möðrudalur, al principio de esta otra entrada: https://depuertoenpuerto.com/una-excursion-desde-modrudalur/.

En inglés, la web de Guru Maps está en https://gurumaps.app/.

La edición inglesa de Trackbook Iceland parece estar agotada. Si dominas el alemán, lo puedes encontrar en Amazon, aparentemente en una versión extendida: https://www.amazon.es/Trackbook-Island-Auflage-Abenteuer-Routen-Off-Roader/dp/3982420040/.