Con una población que en 2025 superaba los 5.100 habitantes, Ilulissat es la tercera mayor ciudad de Groenlandia. También es el principal núcleo urbano de la bahía de Disko y la capital del municipio de Avannaata, el tercero más extenso de la isla, con 522.700 km2. Además, está situada a menos de tres kilómetros de la principal maravilla de la zona: el fiordo de hielo conocido localmente como Ilulissat Kangerlua y entre los turistas como Ilulissat Icefjord. Precisamente esta última circunstancia me había empujado a elegir Ilulissat como destino final de mi largo viaje por el suroeste de Groenlandia. Un viaje que había comenzado en Qaqortoq, casi mil kilómetros más al sur. Y que, tras cinco jornadas navegando hacia el norte, llegaba a su segundo capítulo: los seis días que debía permanecer en Ilulissat, explorando la deslumbrante naturaleza circundante.

El Sarfaq Ittuk atracado en Ilulissat

El Sarfaq Ittuk atracado en Ilulissat.

Mi mayor temor, según descendía del Sarfaq Ittuk al comienzo de una espléndida tarde primaveral, era haberme equivocado. Tenía vuelo de regreso a Nuuk y seis noches de hotel reservadas, por lo que ya no había marcha atrás. ¿Daría la pequeña ciudad, de la que no sale ninguna carretera y en la que todo el transporte externo debe hacerse por vía aérea o marítima, para tantos días? No tardaría en averiguarlo. De todos modos, en cualquier viaje al Ártico debes contar con que su voluble clima acabe arruinando tus planes. Siempre sería mejor disponer de tiempo de sobra a que, después de hacer el esfuerzo de llegar hasta allí, un cambio en las condiciones atmosféricas me dejara a medias.

Hotel Ilulissat

Hotel Ilulissat.

Para dormir, había elegido el Hotel Ilulissat, de la cadena Best Western. Inicialmente me había decantado por el Arctic, propiedad de World of Greenland. Con mucho mejor aspecto y unas vistas, en principio, mucho más interesantes. Pero el factor determinante acabó siendo la distancia hasta el principal mirador sobre el Ilulissat Kangerlua. Desde el Best Western había 2.700 metros. Una distancia razonable para recorrer caminando, que se convertía en más de 4 kilómetros desde el Arctic. Al final, creo que fue un acierto. Estéticamente, el exterior del hotel era un horror, totalmente fuera de lugar. Pero el interior era moderno y confortable, las vistas desde la habitación una maravilla y el desayuno, también con un espléndido panorama, bastante completo. Además, estaba en pleno centro de la pequeña ciudad, a un paso de casi todo.

Sermermiut a vista de dron

Sermermiut a vista de dron.

Las inmediaciones de Ilulissat han estado habitadas desde hace al menos 4.400 años. Aunque, hasta la llegada de los daneses, todas las culturas que pasaron por la zona prefirieron establecerse un par de kilómetros más al sur, en Sermermiut, junto a la boca del Ilulissat Kangerlua. Comenzando por los Saqqaq, que permanecieron en la zona durante unos 1.500 años. Después, sobre el 800 AEC, fueron reemplazados por los Dorset, que desaparecieron tras 700 años, sin que tengamos muy claros los motivos. La bahía de Disko quedó deshabitada hasta que, alrededor del 1150, llegaron desde el norte los Thule, los antecesores de los actuales inuit. También hay algún rastro de presencia noruega, limitada a algún edificio utilizado ocasionalmente por cazadores. Pero los noruegos de Groenlandia nunca llegaron a habitar permanentemente la bahía y, en cualquier caso, a principios del siglo XV se desvanecieron en la bruma de la historia.

Frente a Oqaatsut

Frente a Oqaatsut.

A partir del siglo XVII, las aguas del Kangia de Ilulissat y su riqueza pesquera volvieron a ser un imán para los europeos. Principalmente, daneses y holandeses. Estos últimos habían fundado una pequeña factoría ballenera en Roobay, la actual Oqaatsut, unos 17 kilómetros al norte del Kangia. Aunque también utilizaban el puerto natural de Ilulissat, a la que ellos llamaban Maklykout, como fondeadero ocasional. Mientras tanto, los daneses se habían establecido en Qasigiannguit, entonces conocida como Christianshåb, 20 kilómetros al sur del Kangia. En 1734 decretaron el monopolio del comercio con Groenlandia. Finalmente, el 6 de junio de 1739 se produjo una batalla naval frente a Maklykout, entre cuatro barcos holandeses y tres daneses, comandados por Jacob Severin. La rotunda victoria danesa consolidó el control de Copenhague sobre el oeste de Groenlandia y llevó, dos años más tarde, a la fundación de Jakobshavn. La actual Ilulissat.

Llegando a la ensenada

Zions Kirke.

Entre 1779 y 1783 se levantó Zions Kirke, en aquel momento el mayor edificio de Groenlandia. En contra de lo habitual en aquella época, la iglesia no fue prefabricada en Europa. Por contra, se construyó directamente en Ilulissat, con madera llevada desde Escandinavia en buques de la Kongelige Grønlandske Handel (Compañía Real de Comercio de Groenlandia). Zions Kirke fue restaurada en 1907. Aunque se encontraba en un emplazamiento muy expuesto, cerca de una ensenada normalmente llena de icebergs. Por este motivo, entre 1929 y 1930 se decidió su traslado a una ubicación algo más protegida, 50 metros tierra adentro, donde además fue montada sobre una base de hormigón. Allí sigue, como emblema del diminuto centro histórico de Ilulissat, que fue el destino de mi primer paseo por la ciudad.

Atardecer frente al Ilulissat Kangerlua

Atardecer frente al Ilulissat Kangerlua.

Esa misma tarde, hice una primera excursión en barco al frente helado del Ilulissat Kangerlua. Un enorme caos de hielo y agua, con casi siete kilómetros de longitud, que cierra la salida del fiordo a la bahía de Disko. Su origen está en una antigua morrena, actualmente sumergida, aproximadamente 225 metros bajo el nivel del mar. Los grandes icebergs que llegan desde el fiordo, algunos con más de 800 metros de calado, quedan encallados, formando un auténtico laberinto, en constante mutación. El lugar, de por sí fascinante, se convirtió en un sueño mientras lo recorría coincidiendo con un hermoso atardecer ártico.

Sermermiut desde la senda azul

Sermermiut desde la senda azul.

El Ilulissat Kangerlua también es accesible desde tierra. Una pequeña red de sendas sale del Icefjord Centre, haciendo posible acercarse a la orilla septentrional del fiordo. La azul tiene un tramo perfectamente acondicionado con tablones, que permite llegar cómodamente a las inmediaciones del mirador principal sobre el Kangia. Desde allí, es posible completar un círculo de 7 kilómetros, para volver a Ilulissat después de haber recorrido una parte del fiordo, o atajar por la senda roja, que acorta de vuelta al Icefjord Centre. Este camino fue el que atravesé durante la primera de mis dos excursiones consecutivas hasta el Kangia, en mi primer día completo en la ciudad. En la segunda, coincidiendo con el atardecer, regresé por la plataforma de madera. Al igual que en la tercera, durante mi quinta tarde en Ilulissat.

Desde la senda amarilla

Desde la senda amarilla.

La otra senda que sale desde el Icefjord Centre es la amarilla, que acabé recorriendo un par de días más tarde, durante una tarde de niebla. En lugar de dirigirse hacia el interior del Ilulissat Kangerlua, rodea la colina que hay entre Sermermiut y la bahía de Disko. Quizá las vistas sean menos impactantes, pero no por ello carecen de interés. Permite apreciar la parte exterior del muro de hielo y la zona colindante, de aguas más abiertas. Aunque no tuve suerte, también parece ser un buen lugar desde el que avistar ballenas. En cualquier caso el trayecto, de 2.700 metros, fue tan tranquilo como agradable.

El Icefjord Centre

El Icefjord Centre.

El punto de arranque de las tres sendas es el Icefjord Centre, ubicado en el antiguo helipuerto de Ilulissat. Sus 900 m², inaugurados en diciembre de 2021, alojan un pequeño museo, cafetería y tienda de recuerdos. La visita permite conocer con mayor detalle tanto el pasado de Ilulissat como, sobre todo, la génesis del Ilulissat Kangerlua. Un fiordo que tiene su origen en el Sermeq Kujalleq, el glaciar que más hielo expulsa al mar en todo el hemisferio norte. Con un frente de casi un kilómetro de altura, los grandes icebergs que descarga sobre el Kangia son los responsables del gran tapón que hay donde este se encuentra con la bahía de Disko.

El Museo de Arte de Ilulissat

El Museo de Arte de Ilulissat.

Aunque el Icefjord Centre no es el único museo de Ilulissat. Empleé mi cuarta mañana en la ciudad visitando sus otros dos museos: el de Arte y el de Historia Cultural. El primero está en gran parte ocupado por una interesante exposición de cuadros, que nos ayudará a entender el papel del arte en la imagen que los europeos tenemos de Groenlandia. El último intenta poner en contexto la evolución de la ocupación humana de la bahía de Disko. Desde la llegada de los Saqqaq hasta nuestros días.

El norte de Ilulissat, desde la azotea del hotel

El norte de Ilulissat, desde la azotea del hotel.

Tras unos comienzos poco prometedores, Ilulissat acabó convirtiéndose en el principal núcleo urbano de la bahía. En la actualidad, es una de las pocas localidades de Groenlandia con un claro crecimiento demográfico. Su auge comenzó en la década de 1890, tras un brote de tifus que, tres décadas antes, había diezmado un tercio de su escasa población. El cambio de una economía basada en la caza de subsistencia por otra centrada en la exportación de pescado creó una ola de prosperidad. Aun así, en 1938 la población apenas llegaba a los 528 habitantes.

Un pequeño iceberg en el puerto de Ilulissat

Un pequeño iceberg en el puerto de Ilulissat.

Tras la Segunda Guerra Mundial, pasó a ser uno de los lugares elegidos por la autoridad colonial danesa para reubicar a los inuit, según las directrices de los planes G50 y G60. Mientras tanto, las exportaciones de fletán e hígado de tiburón eran reemplazadas por las de bacalao. Hasta que estas colapsaron en la década de 1960. Fueron sustituidas por las gambas y el fletán, ahora procesados y congelados directamente en Ilulissat. En 1972 los daneses cerraron la mina de carbón de Qullissat, en la isla de Disko. La mayor parte de sus pobladores fueron trasladados a Ilulissat, que cinco años más tarde alcanzaba los 3.572 habitantes. La ciudad cambió su nombre danés, Jakobshavn, por la denominación tradicional en lengua Kalaallisut: Ilulissat, que se traduciría al español por «Los Icebergs».

Repartiendo agua

Repartiendo agua.

Que Ilulissat crezca sin parar no quiere decir que carezca de problemas. Algunos de ellos, bastante comunes a muchas localidades de Groenlandia. El clima y el terreno, a cual más complicados, se unen para dificultar la implantación de infraestructuras. En algunos casos, de forma bastante evidente, como la inexistencia de aceras. En otros, resulta más difícil de observar. Muchas casas carecen de agua corriente y alcantarillado. Por las mañanas, podrás ver cómo reparten el agua con un camión cisterna, que recarga en la curiosa tubería que hay sobre la parada de autobús del centro de la ciudad. También podrás observar líneas de tuberías oxidadas, saltando por los cerros de roca pelada. Son los conductos por los que van los cables eléctricos. Todo ello, en medio de un urbanismo un tanto caótico, donde algunas calles no llevan a ninguna parte y las cuestas son omnipresentes.

Aeropuerto de Ilulissat

Aeropuerto de Ilulissat.

En 1984 se abrió el aeropuerto, tres kilómetros al norte de la pequeña ciudad. Aunque solo era apto para bimotores a hélice, supuso el nacimiento de un incipiente sector turístico. El Ilulissat Kangerlua es un lugar único en el planeta, que fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 2004. Mientras tanto, el número de hoteles se iba incrementando, hasta los seis que hay en la actualidad, con una capacidad conjunta que ronda las 300 habitaciones. A lo que debemos añadir un número difícil de estimar de alojamientos «informales». En paralelo, ha florecido una industria de excursiones y diversas actividades turísticas, siempre centradas en la deslumbrante naturaleza circundante: paseos en lancha, viajes en avioneta, trekkings…

Frente al Eqip Sermia

Frente al Eqip Sermia.

Quizá la excursión más habitual desde Ilulissat sea hacia el norte, hasta el Eqip Sermia. El frente glaciar, sin ser tan prolífico como el Sermeq Kujalleq, tiene una indudable ventaja: es fácilmente accesible en barco, además de tener fama por la frecuencia de sus desprendimientos. Al menos, esa es la teoría. Pero en el Ártico las cosas suelen ser más complicadas de lo que en principio pueden parecer. A principios de junio, el fiordo tenía tal acumulación de hielo que apenas logramos acercarnos a seis kilómetros de distancia.

Una excursión hasta Ilimanaq

Una excursión hasta Ilimanaq.

Tuve más suerte hacia el sur, en otra de las escapadas clásicas desde Ilulissat: una excursión hasta Ilimanaq. En cierto modo, el diminuto asentamiento sería el reflejo de Ilulissat, al sur del Kangia. Pero allí el destino parece haber tomado otros derroteros y, en la actualidad, apenas cuenta con 56 habitantes. En cualquier caso, el lugar es mucho más tranquilo y, sobre todo, más «groenlandés» que Ilulissat. A pesar de que el turismo es su último tablón de salvación, Ilimanaq era un remanso de paz y un pequeño paraíso para cualquier aficionado a la fotografía. Paraíso que alcanzó su cumbre durante un regreso a Ilulissat que, en lugar de bordeando el frente de hielo, hicimos por el interior del laberinto.

Mañana de niebla en Ilulissat

Mañana de niebla en Ilulissat.

Al final, mis temores resultaron completamente infundados, a pesar de tener suerte con el clima. Tan solo durante la tercera tarde en la ciudad, la niebla logró arruinar mis planes. También los condicionó al día siguiente, aunque no me impidió visitar el Icefjord Centre y recorrer la senda amarilla. Por lo demás, la temperatura estuvo entre 1 y 6 grados sobre cero, el viento fue prácticamente inexistente y tan solo nevó, muy sutilmente, justo mientras me dirigía a embarcar en el aeropuerto. Tan solo perdí una tarde, que en el fondo me vino bien para reponer fuerzas. A pesar de lo cual, me quedé con ganas de realizar varias actividades. Sobre todo, la senda azul al completo, que no tuve tiempo de recorrer. O una excursión hasta Qeqertarsuaq, en la isla de Disko. Ilulissat da para seis días, y para muchos más.

Entrando en el canal de hielo

Entre los hielos del Kangia.

Al menos, si quieres conocer la zona con un mínimo de calma y serenidad. La bahía de Disko es un lugar fascinante, lleno de pequeños asentamientos a los que es relativamente sencillo llegar en barco o helicóptero. El propio Ilulissat Kangerlua está lleno de posibilidades. Hay varias formas de recorrer el frente, desde barcos de cierto tamaño hasta kayaks. Y cada recorrido será diferente. El laberinto habrá cambiado entre visita y visita, al igual que cambian las condiciones de iluminación. Mi primer paseo en barco frente a sus hielos, en un atardecer lleno de luz cálida, fue radicalmente distinto del último, bajo un cielo gris. Aunque, desde el punto de vista fotográfico, pueda ser más llamativo el primero, vivido en primera persona casi me quedaría con el último.

Casas de colores en Ilulissat

Casas de colores en Ilulissat.

Pese a todos sus problemas y carencias, Ilulissat es uno de esos lugares que se hace querer. El propio destartalamiento de la ciudad le da un cierto encanto, que se ve acrecentado por la amabilidad de sus habitantes y la sensación de estar en un sitio remoto. Al menos a principios de junio, la presión turística era más que aceptable. Lo normal, en cuanto te salías de los caminos más trillados, era no encontrarte con nadie. Incluso en los espacios más frecuentados, como el Icefjord Centre o la parte de madera de la senda azul, apenas coincidiría con diez o doce personas. Quizá la situación sea distinta en plena temporada (julio y agosto) cuando visitan su puerto algunos cruceros. Mientras estos sean pequeños barcos de expedición, no creo que haya mucha diferencia. Pero también he podido ver alguna foto de un gran buque, con capacidad para 2.550 pasajeros, fondeado en la bahía. Dudo que la diminuta ciudad pueda absorber semejante avalancha.

A tres minutos de la medianoche

A tres minutos de la medianoche.

Mi otra duda sobre el futuro de Ilulissat tiene fecha: finales de 2026. Para entonces, está previsto finalizar las obras del nuevo aeropuerto, justo al norte del actual, con una pista de 2.200 metros que permitirá el aterrizaje de aviones de fuselaje ancho. En principio, Air Greenland tiene contratado un segundo A320neo, que empezaría a volar entre Copenhague e Ilulissat en el verano de 2027. Más allá de Air Greenland, la nueva pista atraerá a otras aerolíneas, que podrán volar directamente desde América o Europa. Lo que, en principio, puede ser bueno para el futuro de Ilulissat, al simplificar y abaratar el acceso a la ciudad, también puede ser su perdición. Esperemos que no acabe convertido en otro destino masificado.

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Para ampliar la información.

Imprescindible la entrada sobre Ilulissat en El Rincón de Sele: https://www.elrincondesele.com/que-ver-en-ilulissat-guia-groenlandia-oeste/.

En inglés, la página sobre Ilulissat en Visit Greenland está en https://visitgreenland.com/destinations/ilulissat/.

La web Trap Greenland tiene un largo artículo sobre la ciudad: https://trap.gl/en/kommunerne-og-byerne/avannaata-kommunia/ilulissat/.

La página oficial del Ilulissat Kangerlua está en https://kangia.gl.