En la que sería mi octava jornada otoñal en Islandia tocaba volver a cambiar de hotel, esta vez entre Fáskrúðsfjörður y Hallormsstaður. Por la ruta más corta, apenas había 77 kilómetros entre ambos alojamientos. Aunque, como casi siempre, mis planes eran algo más ambiciosos. Quería aprovechar para explorar un par de carreteras que no conocía, en la zona central de los Fiordos del Este. Después, en función de cómo evolucionase el día, daría un rodeo hacia el sur, para atravesar Breiðdalsheiði. Un antiguo paso de montaña, dejado de lado por la remodelación de la Ring Road en 2017.

Cementerio francés de Fáskrúðsfjörður

Cementerio francés de Fáskrúðsfjörður.

Inicié la excursión a las nueve en punto de la mañana, acercándome hasta el pequeño cementerio católico que hay al este de Fáskrúðsfjörður. Tan solo buscaba complementar mi visita de la anterior tarde al museo dedicado a los pescadores franceses que hay en la planta baja del Fosshotel Eastfjords, donde había pasado la noche. Como ya esperaba, el lugar era un remanso de paz, con unas espléndidas vistas sobre el tramo exterior del fiordo. Estuve tentado de seguir hacia el este por la carretera 955 y volver a recorrer la península de Vattarnes. Pero finalmente decidí mantener el plan inicial, que en cualquier caso ya era suficientemente ambicioso. Si me dispersaba en exceso, corría el riesgo de no poder completarlo.

En la península de Hólmanes

En la península de Hólmanes.

Mi siguiente parada era la península de Hólmanes, entre el Reyðarfjörður y su brazo septentrional, el Eskifjörður. Había estado en aquel mismo mirador en el invierno de 2022, con el paisaje cubierto por un inmaculado manto blanco. Mi principal interés era observar, con el campo limpio de nieve, la diferencia entre la lava ácida que forma su extremo oriental y la lava alcalina que predomina en el resto de la península. Tampoco fui capaz. Quizá por culpa del intenso contraluz, o simplemente debido a mi torpeza.

Eskifjörður desde Hólmanes

Eskifjörður desde Hólmanes.

En cualquier caso, la península ofrecía unas vistas espléndidas de la boca del Reyðarfjörður, el más extenso de los Fiordos del Este, y sobre la pequeña población de Eskifjörður, que se asienta en la orilla septentrional del fiordo homónimo. Tenía la posibilidad de recorrer una ruta de senderismo, de unos 3.900 metros de longitud, que permite adentrarte en su geografía. Pero, una vez más, preferí ceñirme al plan inicial.

Hólmanes desde Svínaskálastekkur

Hólmanes desde Svínaskálastekkur.

Después de atravesar Eskifjörður, hice una breve pausa en un lugar llamado Svínaskálastekkur donde, entre 1904 y 1912, hubo una factoría ballenera. En la actualidad, tan solo quedan las ruinas de un embarcadero y varias maquinarias oxidadas, todo ello acompañado de un cartel explicativo. Aunque, personalmente, me llamó más la atención el hermoso panorama sobre Hólmanes y la confluencia entre el Eskifjörður y el Reyðarfjörður.

Cascada al norte de la 954

Cascada al norte de la 954.

Tras recorrer un tramo de la carretera 954, entre este último fiordo y sus abruptas laderas septentrionales, desde las que se descolgaban varias cascadas, poco después de las once de la mañana llegaba a mi primer objetivo importante del día: la carretera 958, que debía llevarme a una de las zonas menos concurridas de los Fiordos del Este.

Vöðlavíkurvegur.

La carretera acabó siendo bastante más complicada de lo que había anticipado. Pero también más hermosa y entretenida de recorrer. Me permitió llegar a la playa de arena negra de Vaðlasandur, donde tan solo tuve la compañía de un nutrido grupo de gaviotas.

Helgustaðanáma.

La siguiente escala de mi ruta estaba justo en el margen de la 954. En este caso, se trataba de los escasos restos de la principal mina en la que, durante siglos, se extrajo el espato de Islandia. Un mineral con curiosas propiedades ópticas.

Después volví a desviarme, esta vez para explorar la carretera 9549. La antigua ruta que conectaba Neskaupstaður con el resto de Islandia. La carretera por Oddskarð, a 705 metros de altitud, se abrió en 1949, pero la nieve bloqueaba durante el invierno el puerto de montaña. Para evitarlo, entre 1974 y 1978 se excavó Oddskarðsgöng. Un túnel de un único carril, a 632 metros de altitud y con una longitud de 626 metros, que seguía siendo demasiado proclive a los cortes invernales. Finalmente, tras cuatro años de trabajo, en 2017 se abrió al tráfico el actual túnel de Norðfjarðargöng, con 7.542 metros de longitud, por el que la carretera 92 atraviesa las montañas a una altitud máxima de 60 metros.

El túnel de Oddskarðsgöng

El túnel de Oddskarðsgöng.

En la actualidad, tanto el paso de Oddskarð como el túnel de Oddskarðsgöng están cerrados al tráfico. Pero la carretera 9549 sigue operativa, justo hasta la entrada del viejo túnel, para dar servicio a la estación de esquí de Oddskarð, una de las más afamadas de Islandia. Por supuesto, en septiembre aún no estaría abierta, pero mi interés era comprobar si las dos antiguas rutas estaban cerradas y, de paso, disfrutar de las espléndidas vistas sobre el Reyðarfjörður.

Descendiendo hacia Eskifjörður

Descendiendo hacia Eskifjörður.

A las cuatro de la tarde estaba de vuelta en la 954, apenas a 75 kilómetros del hotel de Hallormsstaður, donde pensaba pasar la noche. Era la ocasión ideal para atravesar el paso de montaña de Breiðdalsheiði, en la carretera 95.

La distancia hasta el desvío de mi nueva ruta era de 77 kilómetros, que había previsto hacer de un tirón. No pudo ser. Al igual que en Vöðlavíkurvegur, la recogida de las ovejas, que pasan el largo invierno islandés estabuladas, retrasó mi avance por la Ring Road. Mientras tanto, la tarde había comenzado a cambiar nuevamente. Cuando quise llegar al desvío de la 95, lo hice entre chaparrones intermitentes.

Skriðdals- og Breiðdalsvegur.

Chubascos que, en cualquier caso, me permitieron remontar Breiðdalsheiði entre nubes y nieblas. Un hermoso recorrido por el antiguo trazado de la Ring Road que, una vez más, superó mis mejores expectativas.
Tras dar un breve rodeo hasta Egilsstaðir, para tomarme una sabrosa pizza en Askur, poco antes de las nueve estaba en el hotel. Al final, según el cuentakilómetros del coche, había recorrido 294 kilómetros. En una jornada típicamente islandesa, donde el clima había sido asombrosamente variable. Desde una mañana que podría calificarse como veraniega en Vöðlavík hasta una tarde claramente otoñal en Breiðdalsheiði. Todo ello, con los clásicos altibajos. Pero apenas había hecho viento y, en contra de lo habitual en Islandia, había logrado alcanzar todos mis objetivos para la jornada. Aunque en ese momento aún no lo sabía, mi suerte estaba a punto de acabarse.

Para ampliar la información.

Si no tienes experiencia conduciendo en Islandia, te vendrá bien leer esta otra entrada del blog: https://depuertoenpuerto.com/conducir-en-islandia-la-guia-completa/.

En https://depuertoenpuerto.com/nordfjardarvegur-en-invierno/ puedes ver un recorrido invernal por la zona, atravesando el nuevo túnel de Norðfjarðargöng.

Y en https://depuertoenpuerto.com/un-dia-de-otono-al-norte-de-hofn/ otra ruta, en este caso atravesando Öxi, que en cierto modo complemente la aquí descrita.

En inglés, la web oficial de turismo del este de Islandia está en https://www.east.is/en.

También te puede interesar leer este largo artículo en Guide to Iceland: https://guidetoiceland.is/nature-info/the-ultimate-guide-to-iceland-s-east-fjords.