No recuerdo cómo descubrí la existencia del Sarfaq Ittuk. Sé que no fue en mi primer viaje a Groenlandia, pues no coincidimos con el barco ni en Qaqortoq ni en Narsaq, las dos únicas escalas en la isla de un largo itinerario atravesando el Atlántico norte. Quizá fue por casualidad, curioseando alguna página web. En cualquier caso, de inmediato pasó a engrosar mi abultada lista de viajes soñados. Un viaje que no era fácil, pues llegar a Groenlandia siempre ha sido complicado y, por tanto, caro. Hasta que, en noviembre de 2024, se abrió la nueva pista del aeropuerto de Nuuk, que permite el aterrizaje de aviones de fuselaje ancho. Aquello abarataba notablemente los vuelos a Groenlandia, aunque también significaba que la isla no tardaría en estar en el punto de mira del turismo masivo. Había que darse prisa.
Pero el Sarfaq Ittuk no opera durante todo el año. Incluso cuando lo hace, su itinerario se va alargando y encogiendo, como un acordeón, al albur del estado de la banquisa. Ilulissat, en su extremo septentrional, era el último puerto en ser accesible, bien entrada la primavera. Además, tenía que considerar los compromisos laborales y mis posibilidades una vez llegara a Ilulissat, donde no todas las actividades se pueden hacer en cualquier época del año. Finalmente, me decidí por la última singladura del barco en el mes de mayo. Zarparía de Qaqortoq el día 28, para llegar a Ilulissat el 1 de junio. Por el camino, haría nueve escalas, recorrería 1.300 kilómetros y vería un incontable número de icebergs.
Día 1: navegando por Kujalleq.
Día 2: en el sur de Sermersooq.
Día 3: escala en Nuuk.
Día 4: navegando por Qeqqata.
Día 5: Disko Bugt.
También debes tener en cuenta que muchas de las escalas son extraordinariamente cortas. Entre 15 y 30 minutos, por lo que apenas tendrás tiempo de, como mucho, pisar tierra y acercarte a los edificios más cercanos. En otras, como Arsuk, es directamente imposible desembarcar, salvo que sea tu puerto de destino. Las únicas escalas mínimamente largas, más allá de Qaqortoq e Ilulissat, son Nuuk (trece horas y media en sentido norte) y Sisimiut (dos horas y media en sentido norte). También entra dentro de lo posible que los horarios cambien, según la época del año o el estado del mar. En cualquier caso, no creo que nadie viaje a Groenlandia por sus «ciudades». En mi opinión, son poco más que un divertimento, entre la apabullante naturaleza de la isla.
Respecto al barco, no olvides que se trata de un ferri. Aunque en este caso, por sus reducidas dimensiones, no vayan vehículos a bordo, su prioridad es meramente funcional: servir de nexo de unión entre las distintas localidades del suroeste de Groenlandia, en un país donde las carreteras son virtualmente inexistentes. La ruta y los horarios se articulan en torno a esta premisa, sin la más mínima concesión al turismo. La gastronomía a bordo es extremadamente sencilla, el principal entretenimiento es pasar horas en cubierta disfrutando del mar y los paisajes y el alojamiento va desde literas hasta pequeños camarotes. De todos modos, puedes ver el barco con mayor detalle en esta otra entrada del blog: En el Sarfaq Ittuk.
En más de un lugar, he visto alguna referencia a la ruta como «el Hurtigruten de Groenlandia». Pese a las evidentes similitudes, hay ciertas diferencias que, si has realizado la ruta noruega y no tienes en cuenta, pueden llevarte a más de un desengaño. En general, el Sarfaq Ittuk está mucho menos «turistificado» que los buques de Hurtigruten, donde hasta en pleno invierno la mitad del pasaje está formado por extranjeros. Personalmente, lo considero positivo, pero aquí no hay desvíos para contemplar un fiordo o una montaña especialmente escénicos. Ni «daily» matinal, al estilo de los cruceros. Ni posibilidad alguna de realizar excursiones con la naviera. Los camarotes también son peores que los de Hurtigruten, al menos si los comparamos entre categorías similares. Por contra, si nos atenemos estrictamente a su precio, me parecen mejores los del Sarfaq Ittuk. La gastronomía también es mucho peor y aún más limitada. Meramente de subsistencia.
A cambio, irás en un barco que, por lo que he podido aprender de la historia de Hurtigruten, se parece a lo que era la vieja ruta postal noruega en sus orígenes: un vital vínculo de unión entre pequeñas poblaciones, prácticamente incomunicadas por otros medios. Aquí aún hay puertos en los que es imposible atracar y, al igual que en Noruega hace varias décadas, el trasiego de personas se realiza en lanchas. Respecto al paisaje, el Sarfaq Ittuk navega siempre que puede por aguas interiores, ofreciendo múltiples oportunidades para contemplar la espectacular geografía de Groenlandia. Y aunque en general acabe atravesando aguas abiertas, relativamente apartado de la costa, en más ocasiones que los buques de Hurtigruten, la continua presencia de icebergs logra compensarlo con creces.
En resumen: un viaje deslumbrante, aunque no creo que sea para cualquiera. Si te gusta el mar y quieres hacer un itinerario fuera de las rutas más trilladas, recorriendo paisajes de una belleza y dimensiones difíciles de concebir, el Sarfaq Ittuk puede ser una buena opción para conocer la parte más civilizada de Groenlandia, a un precio casi razonable. Si, como en mi caso, además has contraído el «mal del Ártico», me atrevería a decir que es un viaje imprescindible.
Para ampliar la información.
En Business Insider hay un artículo sobre un itinerario parcial: https://www.businessinsider.es/archivo/he-viajado-ferri-groenlandia-he-visto-paisajes-increibles-449033.
En cestee encontrarás una entrada con información práctica, de alguien que viajó en litera: https://www.cestee.es/resenas/linea-arctic-umiaq.
En inglés, la web oficial de Arctic Umiaq Line, la naviera propietaria del Sarfaq Ittuk, está en https://aul.gl/en/experience-greenland/.
El blog A Maveric tiene una entrada sobre el viaje completo: https://www.a-maverick.com/blog/sarfaq-ittuk.
Lisa Germany tiene una serie de cinco entradas sobre el viaje, muy similar a la aquí descrita. La primera está en https://lisagermany.com/sarfaq-ittuk-leaving-qaqortoq/.











