Viajar en ferri es muy distinto a hacerlo en un crucero. Menos cómodo, pero mucho más auténtico. Entremezclado con la población local, visitando los lugares que ellos habitan y con mucha más flexibilidad, al poder elegir cualquier fecha en la que el servicio esté operativo. O incluso con la posibilidad de partir el itinerario en varios tramos, aprovechando la regularidad de este. En el que sería mi tercer viaje a Groenlandia, había decidido hacer en barco todo el trayecto que fuera posible. Hasta el punto de dar un largo rodeo hacia el sur, desde Nuuk hasta Qaqortoq, con el fin de subir al Sarfaq Ittuk en su escala más meridional. Mi destino era Ilulissat, en el extremo opuesto de la línea. Entre ambos, pasaría cinco días recorriendo la costa suroriental de la mayor isla del planeta.

El Sarfaq Ittuk llegando a Qaqortoq

El Sarfaq Ittuk llegando a Qaqortoq.

No recuerdo cómo descubrí la existencia del Sarfaq Ittuk. Sé que no fue en mi primer viaje a Groenlandia, pues no coincidimos con el barco ni en Qaqortoq ni en Narsaq, las dos únicas escalas en la isla de un largo itinerario atravesando el Atlántico norte. Quizá fue por casualidad, curioseando alguna página web. En cualquier caso, de inmediato pasó a engrosar mi abultada lista de viajes soñados. Un viaje que no era fácil, pues llegar a Groenlandia siempre ha sido complicado y, por tanto, caro. Hasta que, en noviembre de 2024, se abrió la nueva pista del aeropuerto de Nuuk, que permite el aterrizaje de aviones de fuselaje ancho. Aquello abarataba notablemente los vuelos a Groenlandia, aunque también significaba que la isla no tardaría en estar en el punto de mira del turismo masivo. Había que darse prisa.

El Sarfaq Ittuk zarpando de Ilulissat

El Sarfaq Ittuk zarpando de Ilulissat.

Pero el Sarfaq Ittuk no opera durante todo el año. Incluso cuando lo hace, su itinerario se va alargando y encogiendo, como un acordeón, al albur del estado de la banquisa. Ilulissat, en su extremo septentrional, era el último puerto en ser accesible, bien entrada la primavera. Además, tenía que considerar los compromisos laborales y mis posibilidades una vez llegara a Ilulissat, donde no todas las actividades se pueden hacer en cualquier época del año. Finalmente, me decidí por la última singladura del barco en el mes de mayo. Zarparía de Qaqortoq el día 28, para llegar a Ilulissat el 1 de junio. Por el camino, haría nueve escalas, recorrería 1.300 kilómetros y vería un incontable número de icebergs.

Día 1: navegando por Kujalleq.

Tras zarpar de Qaqortoq, el Sarfaq Ittuk pasó toda la tarde zigzagueando por aguas interiores, rodeado por el impresionante paisaje del sur de Groenlandia. Primero, rumbo a Narsaq, para luego buscar mar abierto atravesando el Ikersuaq, rodeado por un hermoso atardecer subártico.

Día 2: en el sur de Sermersooq.

Pasamos el segundo día navegando entre los puertos meridionales del municipio de Sermersooq, mientras recorríamos una costa rabiosamente hermosa. Aunque la niebla amagó con adueñarse del paisaje, acabamos disfrutando de una tarde espléndida, mientras hacíamos escala en Qeqertarsuatsiaat.

Día 3: escala en Nuuk.

En su tercera jornada navegando hacia el norte, el Sarfaq Ittuk pasaría trece horas y media amarrado a los muelles de Nuuk. Una ocasión perfecta para conocer la capital de Groenlandia. Aproveché para dar un largo paseo, tanto por su viejo puerto colonial, como por su moderno centro urbano. Entre tanto, pude visitar un par de museos.

Día 4: navegando por Qeqqata.

La cuarta jornada estuvo dominada por la niebla. Apenas pude entrever Maniitsoq. Kangaamiut, la siguiente escala, estaba en un claro con un sol espléndido, pero era imposible desembarcar. En cambio, pude dar un breve paseo por Sisimiut, la segunda mayor ciudad de Groenlandia, con un pequeño centro histórico.

Día 5: Disko Bugt.

Finalmente, llegamos a la impresionante bahía de Disko. Tras una breve escala en Aasiaat, atravesamos unas aguas cuajadas de icebergs de todas las formas y tamaños concebibles, para llegar a Ilulissat y comenzar el siguiente capítulo de mi viaje por Groenlandia.
Un itinerario espléndido, a pesar de que alguna jornada transcurrió entre densas nieblas, que me impidieron contemplar parte del paisaje que recorríamos. Nada excepcional en un viaje al Ártico, donde siempre debes contar con que el clima acabe trastocando tus planes. Si buscas certezas y garantía de condiciones atmosféricas favorables, es mejor que viajes a otro lugar. De todos modos, el barco realiza buena parte del recorrido muy ceñido a la costa, cuando no directamente por canales interiores, sorteando islas y escollos. Por tanto, si el clima es propicio, podrás disfrutar de unas vistas deslumbrantes.

Junto a la baliza de Kilattoq

Junto a la baliza de Kilattoq.

También debes tener en cuenta que muchas de las escalas son extraordinariamente cortas. Entre 15 y 30 minutos, por lo que apenas tendrás tiempo de, como mucho, pisar tierra y acercarte a los edificios más cercanos. En otras, como Arsuk, es directamente imposible desembarcar, salvo que sea tu puerto de destino. Las únicas escalas mínimamente largas, más allá de Qaqortoq e Ilulissat, son Nuuk (trece horas y media en sentido norte) y Sisimiut (dos horas y media en sentido norte). También entra dentro de lo posible que los horarios cambien, según la época del año o el estado del mar. En cualquier caso, no creo que nadie viaje a Groenlandia por sus «ciudades». En mi opinión, son poco más que un divertimento, entre la apabullante naturaleza de la isla.

Arsuup Uummannaa

Arsuup Uummannaa.

Respecto al barco, no olvides que se trata de un ferri. Aunque en este caso, por sus reducidas dimensiones, no vayan vehículos a bordo, su prioridad es meramente funcional: servir de nexo de unión entre las distintas localidades del suroeste de Groenlandia, en un país donde las carreteras son virtualmente inexistentes. La ruta y los horarios se articulan en torno a esta premisa, sin la más mínima concesión al turismo. La gastronomía a bordo es extremadamente sencilla, el principal entretenimiento es pasar horas en cubierta disfrutando del mar y los paisajes y el alojamiento va desde literas hasta pequeños camarotes. De todos modos, puedes ver el barco con mayor detalle en esta otra entrada del blog: En el Sarfaq Ittuk.

Cantando en el Café Sarfaq

Cantando en el Café Sarfaq.

En más de un lugar, he visto alguna referencia a la ruta como «el Hurtigruten de Groenlandia». Pese a las evidentes similitudes, hay ciertas diferencias que, si has realizado la ruta noruega y no tienes en cuenta, pueden llevarte a más de un desengaño. En general, el Sarfaq Ittuk está mucho menos «turistificado» que los buques de Hurtigruten, donde hasta en pleno invierno la mitad del pasaje está formado por extranjeros. Personalmente, lo considero positivo, pero aquí no hay desvíos para contemplar un fiordo o una montaña especialmente escénicos. Ni «daily» matinal, al estilo de los cruceros. Ni posibilidad alguna de realizar excursiones con la naviera. Los camarotes también son peores que los de Hurtigruten, al menos si los comparamos entre categorías similares. Por contra, si nos atenemos estrictamente a su precio, me parecen mejores los del Sarfaq Ittuk. La gastronomía también es mucho peor y aún más limitada. Meramente de subsistencia.

Icebergs bajo el sol

Icebergs bajo el sol.

A cambio, irás en un barco que, por lo que he podido aprender de la historia de Hurtigruten, se parece a lo que era la vieja ruta postal noruega en sus orígenes: un vital vínculo de unión entre pequeñas poblaciones, prácticamente incomunicadas por otros medios. Aquí aún hay puertos en los que es imposible atracar y, al igual que en Noruega hace varias décadas, el trasiego de personas se realiza en lanchas. Respecto al paisaje, el Sarfaq Ittuk navega siempre que puede por aguas interiores, ofreciendo múltiples oportunidades para contemplar la espectacular geografía de Groenlandia. Y aunque en general acabe atravesando aguas abiertas, relativamente apartado de la costa, en más ocasiones que los buques de Hurtigruten, la continua presencia de icebergs logra compensarlo con creces.

Roca y nieve al norte de Kangaamiut

Roca y nieve al norte de Kangaamiut.

En resumen: un viaje deslumbrante, aunque no creo que sea para cualquiera. Si te gusta el mar y quieres hacer un itinerario fuera de las rutas más trilladas, recorriendo paisajes de una belleza y dimensiones difíciles de concebir, el Sarfaq Ittuk puede ser una buena opción para conocer la parte más civilizada de Groenlandia, a un precio casi razonable. Si, como en mi caso, además has contraído el «mal del Ártico», me atrevería a decir que es un viaje imprescindible.

Para ampliar la información.

Otras formas de viajar en barco a Groenlandia son en un crucero normal (https://depuertoenpuerto.com/tres-dias-en-groenlandia/) o en uno de expedición (https://depuertoenpuerto.com/cuatro-dias-en-scoresby-sund/). Tres experiencias radicalmente distintas.

​En Business Insider hay un artículo sobre un itinerario parcial: https://www.businessinsider.es/archivo/he-viajado-ferri-groenlandia-he-visto-paisajes-increibles-449033.

En cestee encontrarás una entrada con información práctica, de alguien que viajó en litera: https://www.cestee.es/resenas/linea-arctic-umiaq.

En inglés, la web oficial de Arctic Umiaq Line, la naviera propietaria del Sarfaq Ittuk, está en https://aul.gl/en/experience-greenland/.

El blog A Maveric tiene una entrada sobre el viaje completo: https://www.a-maverick.com/blog/sarfaq-ittuk.

Lisa Germany tiene una serie de cinco entradas sobre el viaje, muy similar a la aquí descrita. La primera está en https://lisagermany.com/sarfaq-ittuk-leaving-qaqortoq/.