Nuevamente navegaría a bordo del Leia. El mismo Targa 37 en el que había realizado la mágica excursión al atardecer por el frente del Ilulissat Kangerlua un par de días atrás. Y nuevamente compartía la excursión con Sergio y Núria, la pareja de barceloneses con los que me había encontrado casualmente en Nuuk y cuyo viaje transcurría en paralelo al mío. Aunque, en esta ocasión, zarpamos puntualmente. A las nueve soltábamos amarras y en apenas unos minutos navegábamos a toda máquina hacia el norte, sorteando algunos icebergs.
En menos de media hora estábamos frente a Oqaatsut. Un diminuto asentamiento que, según el censo de 2020, apenas contaba con 29 habitantes. Su nombre se traduciría al español como «Los Cormoranes», aunque era conocido por los daneses como Rødebugt y por los holandeses como Roobay, ya que parece haber sido fundado en el siglo XVIII por balleneros de esta última nacionalidad. El lugar estuvo a punto de ser abandonado completamente, pero la fundación en el año 2000 de una nueva compañía pesquera parece haberle insuflado nueva vida.
Al igual que en la anterior excursión a bordo del Leia, íbamos acompañados por otra lancha. En este caso con el nombre de Dorph. Una vez más, la idea era poder darnos apoyo mutuo en caso de encontrar problemas. Aunque, de momento, nuestra ruta avanzaba hacia el norte por aguas libres de hielo, dejando a nuestro costado de estribor la angosta entrada al fiordo de Paaakitsoq y varias bandadas de aves, con las que nos íbamos cruzando fugazmente mientras volaban hacia el sur.
Después, salimos de las amplias aguas de la bahía de Disko, para comenzar a navegar por el canal que separa Groenlandia de Alluttoq. Una isla con una superficie de 655 km2, que actualmente está completamente deshabitada. Aunque, hasta la década de 1960, hubo un pequeño asentamiento en su costa nororiental, que compartía nombre con el estrecho que recorríamos: Ataa. Más de treinta años después de su abandono definitivo, fue utilizado para rodar varias escenas de Smila: Misterio en la nieve, una de las pocas películas ambientadas en Groenlandia, aunque sea parcialmente, que podrás ver.
Alluttoq tiene un relieve abrupto, con varias cumbres que superan los 800 metros de altitud. También parece haber sufrido un par de grandes tsunamis, uno de ellos con olas de hasta 70 metros, aparentemente causados por corrimientos de tierra. Aunque ambos tuvieron lugar hace varios milenios, en el lado occidental de la isla. En cualquier caso, su lado oriental no estaba falto de interés, con grandes paredes de roca descolgándose sobre las aguas.
Mientras tanto, a estribor, la costa estaba formada por una sucesión de laderas de granito. La península de Timaani Inussuit parece ser una amplia llanura, a casi 500 metros de altitud, salpicada por numerosos lagos, imposibles de apreciar desde nuestra posición. En cambio, podíamos ver las cascadas que se iban descolgando desde las alturas. Las dos primeras no eran gran cosa. En cambio, la tercera mereció una pausa. Pasamos casi veinte minutos detenidos frente a un hermoso salto de agua, cuyo nombre no he logrado averiguar. Suponiendo que tenga alguno.
Apenas unos metros más allá, tras superar un promontorio rocoso, el paisaje comenzó a cambiar. Aunque, siendo más preciso, la diferencia más apreciable estaba en el mar. Tras llevar un buen rato navegando por aguas prácticamente libres de hielo, al frente podíamos ver una notable acumulación de témpanos. Fue la primera señal de que estábamos llegando a nuestro destino.
Al filo de las once de la mañana, tras rodear el promontorio, por fin teníamos a la vista el Eqip Sermia. Aún estábamos a unos 15 kilómetros del glaciar, pero la vista era impresionante. Enmarcado por dos laderas, un frente de hielo que superaba los tres kilómetros de ancho se descolgaba desde Sermersuaq. Nombre con el que se conoce en groenlandés a la enorme capa de hielo que cubre casi el 80% de la isla.
Aunque el Eqip Sermia no estaba solo. A su noroeste, algo más cerca de nuestra posición, podíamos ver el Kangilernata Sermia. Su lengua parecía más extensa que la del Eqip, pero estaba precedida por una gran acumulación de hielo suelto. Seguimos nuestra ruta hacia el este, por aguas aparentemente más despejadas, rumbo al destino de nuestra excursión.
Con paciencia, a base de prueba y error, logramos avanzar otros siete kilómetros. Zigzagueando entre los hielos, mientras buscábamos un canal que nos llevara hacia el Eqip. En algunas ocasiones, teniendo que desandar parte del camino, para buscar otra alternativa más viable. Al menos en apariencia. Tras media hora navegando por el laberinto, los patrones de ambas embarcaciones se dieron por vencidos.
Hicimos una larga pausa, que aprovechamos para tomar un refrigerio. Sergio voló el dron, yo hice unas cuantas fotos y el patrón del Leia nos dio varias explicaciones sobre un lugar que, según nos dijo, llevaba visitando desde su infancia, cuando acompañaba a su padre a cazar por la zona. Pero, sobre todo, aprovechamos para disfrutar de la paz y el sosiego que trasmitía el entorno. Con las máquinas detenidas, tan solo el sonido de los bloques de hielo chocando entre sí, rompía el silencio. La sensación de estar en un lugar remoto, difícilmente alcanzable, era abrumadora. Aunque no habíamos logrado llegar junto al frente glaciar, la excursión había merecido la pena.
El Eqip Sermia se ubica aproximadamente a 69,81° norte y 50,20° oeste. Es una de las lenguas por la que los hielos de Sermersuaq llegan al mar, con un frente que en la actualidad mide 3.200 metros entre sus extremos y se eleva entre 50 y 170 metros sobre las aguas. Como tantos glaciares de Groenlandia, el Eqip está en retroceso. La diferencia con otros es que, en este caso, disponemos de datos y fotografías desde 1912, cuando el explorador ártico suizo Alfred de Quervain atravesó la ensenada al comienzo de su travesía de Groenlandia. Después, fueron pasando diversas expediciones que se dirigían a Sermersuaq, pues resultó ser una de las mejores rutas de acceso al casquete helado.
Gracias a toda esta información, sabemos que el frente del Eqip Sermia, tras avanzar unos 400 metros entre 1912 y 1920, comenzó a retroceder. Para 1929 estaba ligeramente por detrás de la posición observada en 1912. En la década de 1960 había retrocedido otros 1.300 metros. Curiosamente, el glaciar pareció detenerse, o incluso avanzar levemente, hasta 1990. La siguiente década fue de estancamiento, o de retrocesos casi imperceptibles. Hasta que, entre los años 2000 y 2004, perdió entre 500 y 1.000 metros, según la sección del frente. En 2010 comenzó una nueva fase de retroceso rápido, que en cinco años alcanzó entre 1 y 2 kilómetros, según las zonas. En la actualidad, el glaciar sigue retrocediendo lentamente. Aunque los métodos de medición más precisos nos permiten apreciar un ciclo estacional, con avances en invierno y retrocesos en verano, que alcanzan varios centenares de metros.
Aquel día, que podría calificarse como de primavera, el frente glaciar se mostraba distante. Por delante, podía ver unos cuantos icebergs, aunque ninguno de grandes dimensiones. Una de las características del Eqip Sermia, famoso por la frecuencia de sus desprendimientos, es el tamaño relativamente pequeño de los bloques de hielo que expulsa. Esto era perfectamente apreciable en el resto de la ensenada, que permanecía cubierta por una extraña amalgama formada por carámbanos de varios tamaños y agua en diversos estados. Desde líquida a completamente congelada. Observando la extraña superficie, eran comprensibles los problemas de Pytheas de Marsella para explicar a sus contemporáneos la naturaleza de la banquisa.
Tras la larga pausa, aún hicimos un último intento de acercarnos al Eqip Sermia. Parecía que el Dorph había encontrado una zona de aguas libres, quizá creada por el imperceptible movimiento de aquel caos de hielo y agua. Avanzaron unos metros, con el Leia navegando a su popa, por el pequeño canal que iba quedando abierto, hasta que se toparon con otra masa de hielo compacto. Era imposible seguir.
Comenzamos el camino de regreso, nuevamente zigzagueando entre bloques de hielo, entremezclados con algún que otro pequeño iceberg. El Kangilernata Sermia dominaba ahora el horizonte sobre nuestro costado de estribor, mientras el Eqip Sermia iba quedando lentamente atrás, a nuestra popa. La luz parecía haber mejorado y Sermersuaq, la gran capa de hielo de Groenlandia, era perfectamente distinguible más allá del glaciar. Difícilmente podríamos habernos despedido del lugar con un mejor panorama.
A partir de ahí, el viaje fue una repetición, en sentido inverso, del que habíamos hecho esa misma mañana. Lo cual nos permitía anticipar los paisajes y, sobre todo, las colonias y bandadas de aves que nos íbamos encontrando por el camino. Con la ventaja añadida de que, al seguir volando en su mayor parte hacia el sur, había mucho más tiempo para fotografiarlas. Si a esto unimos los deslumbrantes fondos de roca desnuda frente a los que volaban, es fácil comprender que acabase haciendo varias decenas de tomas. Más que frente al glaciar.
Sobre las dos y veinte llegaron las dos últimas sorpresas del viaje. La primera, un denso banco de niebla flotando sobre la bahía de Disko. En aquel momento, apenas le di importancia, pero acabaría condicionando mis siguientes 48 horas en Ilulissat. La segunda, un encuentro con otra lancha, el Natuk, en plena excursión «cazando» ballenas. Tras una breve conversación por radio, acabamos uniéndonos a su búsqueda. Todo lo que conseguimos fue un avistamiento, tan lejano como fugaz, de una ballena que apenas pude fotografiar y mucho menos identificar. Lo habitual en este tipo de actividad.
Poco después de las tres, entrábamos en el puerto de Ilulissat. A pesar del relativo fracaso a la hora de acercarnos al frente del Eqip Sermia, la excursión había sido una auténtica maravilla. Navegando por lugares remotos, entre hielos y agrestes paredes de roca desnuda. Con un clima que, tratándose de Groenlandia, podía calificarse como espléndido. Ahora, tocaba ir al hotel, descansar un par de horas y, poco antes de las seis, ponerme en marcha para la que sería segunda excursión del día: un vuelo en avioneta sobre el Ilulissat Kangia, hasta el Sermeq Kujalleq. Acabaría siendo el primero de mis planes frustrados por la niebla.
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Para ampliar la información.
En inglés, Atlas & Boots describe una excursión durante un día con bastante menos hielo: https://www.atlasandboots.com/travel-blog/eqi-glacier-boat-tour-greenland/.
Hice la excursión con Unique Tours. Su web está en https://uniquetours.gl/.
Otra opción para visitar la zona es alojándose en Glacier Lodge. Puedes verlo en el blog The Wandering Lens: https://www.thewanderinglens.com/glacier-lodge-eqi-greenland-2/.
En Research Gate podrás encontrar un largo e interesante estudio sobre la dinámica del Eqip Sermia: https://www.researchgate.net/publication/303710498_A_century_of_geometry_and_velocity_evolution_at_Eqip_Sermia_West_Greenland.
Si te interesan las aves de la zona, puedes encontrar información en eBird: https://ebird.org/hotspot/L20029799/bird-list?rank=hc.


















