El archipiélago de Svalbard es el lugar mas septentrional del planeta al que se puede acceder por medios normales. Se puede ir en vuelo regular desde Oslo o Tromsø. Llegar es fácil, pero encontrar alojamiento no lo es tanto. Hay varios hoteles, incluso de cadenas internacionales, pero son pocos y pequeños, por lo que suelen estar bastante llenos, además de ser caros.

La otra opción es ir en barco. No hay lineas regulares, pero numerosos cruceros permiten visitar las islas. Desde escalas de un día en Longyearbyen, hasta cruceros de varios días, recorriendo distintos puntos de las islas o incluso circunnavegándolas. Nuestra visita fue de un solo día, en el que pasamos aproximadamente catorce horas en Longyearbyen. Aunque corta, le sacamos bastante partido.

Avistando Spitzbergen

Divisamos por primera vez las islas el día anterior, sobre las ocho de la tarde. Estábamos unos cuarenta y cinco kilómetros al oeste de Sørkapp Land, la península que forma el extremo sur de Spitzbergen. Una sucesión de montañas cubiertas de nieve, apenas visible entre el mar y las nubes, cubría el horizonte. A lo largo de la tarde, era evidente que cada vez estábamos mas cerca de las islas. Nos fuimos a dormir pronto. Al día siguiente había que madrugar.

Al despertarnos, a eso de las cinco de la mañana, ya estábamos navegando por el interior del Isfjorden. Llegamos a puerto en torno a las ocho de la mañana. Empleamos la mañana en hacer una excursión hasta el Longyearbreen, y la tarde en dar un paseo por Longyearbyen y sus alrededores.

Cartel Longyearbyen

Longyearbyen es un lugar extraño, debido a su ubicación extrema y sus orígenes como asentamiento minero, en el que todas las propiedades eran de una compañía. Por un lado es un tanto destartalado, con grupos de casas dispersos y poco cohesionados entre si. Por otro, la mayor parte de los edificios tienen una extraña uniformidad.

Localizacion Longyearbyen

La ciudad está tan al norte que hay tres meses al año de completa oscuridad, por lo que es uno de los mejores lugares para ver auroras boreales. Además del propio archipiélago, hay muy poca tierra mas septentrional que Longyearbyen: el extremo norte de Groenlandia y algunas islas árticas de Rusia y Canadá. Todos territorios despoblados.

De no existir la Corriente del Golfo, sería prácticamente imposible vivir en Longyearbyen. De hecho, la costa oeste de Svalbard suele estar libre de hielo casi todo el año, pero el mar al este se congela todos los inviernos. En algunas ocasiones, el hielo del este supera Sørkapp, el cabo mas meridional de Svalbard. Entonces puede ocurrir que la Corriente del Golfo arrastre algún iceberg hacia el norte, llegando incluso hasta el Isfjord. Si alguien tiene curiosidad, puede consultar el estado del hielo en la página http://polarview.met.no

Puerto de Longyearbyen

Aunque su población es apenas superior a los dos mil habitantes, lo retirado del lugar hace que tenga toda una serie de infraestructuras que no se corresponden con su tamaño, aunque algunas son un tanto precarias. Tiene puerto, aeropuerto, un museo, varios hoteles, centro universitario . . . en resumen, todo lo que define una pequeña ciudad. Las distancias que separan Longyearbyen de los núcleos urbanos mas próximos son enormes. La ciudad mas cercana es Tromsø, con menos de 75.000 habitantes, 962 km al sur. Honningsvåg está algo mas cerca (861 km.), pero su población es similar a la de Longyearbyen. Si a estas distancias añadimos lo duro del clima invernal, con tres meses de noche continua, podemos darnos cuenta del nivel de aislamiento.

Cartel osos Svalbard

Otra peculiaridad de Svalbard son los osos polares. Se calcula que hay tres mil, por lo que normalmente hay mas osos que personas. Hay excepciones, como el día en que estuvimos nosotros, ya que durante unas horas la población de las islas casi se triplicó. Supuestamente está prohibido salir de las zonas pobladas sin escolta armada. La víctima mortal mas reciente fue un niño inglés en Agosto de 2011. Uno de los últimos ataques se produjo en 2015, con el resultado de un herido leve y una multa. Parece que todos los ataques recientes se han producido lejos de los asentamientos. En 2016, casi un año después de nuestra visita, apareció un oso cerca de Longyearbyen, que acabó sedado y haciendo un viaje en helicóptero.

Zarpamos sobre las diez de la tarde. Tras poco mas de hora y media navegando por el Isfjorden, salimos a mar abierto y enfilamos rumbo sur. La última vez que vimos las islas, estaban iluminadas por el sol de media noche, que no pudimos ver por culpa de las nubes.

Bjørnøya entre las nubes

Al día siguiente, sobre las cinco de la tarde, estábamos a la altura de Bjørnøya, la Isla del Oso. Salí a cubierta, con la esperanza de ver al menos la silueta de la isla en el horizonte, pero un banco de niebla cubría la zona. Me fui a descansar un tanto desilusionado. Había que reponerse de la caminata del día anterior y estar frescos para visitar el Cabo Norte.

Vínculos de interés:

La página creada por el geólogo Rolf Stange es una magnífica fuente de información (en inglés) sobre las islas: https://www.spitsbergen-svalbard.com

También muy interesante la página sobre las zonas costeras del Instituto Polar de Noruega (en inglés): http://cruise-handbook.npolar.no/en/index.html

Mapa topográfico interactivo del archipiélago (en inglés): http://toposvalbard.npolar.no

Página en español de Visitnorway: https://www.visitnorway.es/que-ver-en-noruega/svalbard/

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