Nuestra segunda escala en Filipinas era la isla de Boracay, uno de los principales enclaves turísticos del archipiélago, famosa por sus playas tropicales. La isla no tiene un muelle en el que puedan atracar cruceros, por lo que tocaba fondear y desembarcar en lanchas.

Me desperté con el amanecer. Navegábamos al suroeste de la isla Tablas. El tiempo había cambiado y la plácida tarde que habíamos disfrutado navegando por la bahía de Manila se había convertido en una mañana ventosa. El viento y los cruceros se llevan bastante mal. De inmediato, recordé nuestra escala fallida en Civitavecchia o los problemas que tuvo el Eurodam para recuperar una de sus lanchas en Mykonos. Tuve un mal presentimiento.

Llegamos a nuestro destino, el estrecho que separa Boracay de la vecina isla de Panay, antes de la hora prevista. A pesar de que el viento, lejos de calmar, arreciaba por momentos, la tripulación comenzó los preparativos para el desembarco con las lanchas. Mientras, en el otro costado del barco, un guardacostas filipino hacía una peligrosa maniobra para intercambiar, por medio de una pértiga, la documentación necesaria. Me pregunté si no podrían enviarla por correo electrónico.

Mientras esperábamos para poder desembarcar, nos entretuvimos observando la actividad en el mar que nos rodeaba. El trafico marítimo entre los pantalanes del sur de Boracay y el pequeño puerto de Caticlan, en Panay, era incesante. Un sinfín de pequeñas embarcaciones cruzaban continuamente de un lado a otro, indiferentes al viento y a nuestra presencia. En cambio a babor, algunos paraw aprovechaban nuestro sotavento para poder maniobrar sus velas con comodidad.

Fondeados frente a Boracay

Fondeados frente a Boracay.

Pasaba el tiempo sin que hubiera ninguna novedad, por lo que comencé a temer lo peor. El fuerte viento tiraba del Celebrity Constellation, sujeto por su ancla de estribor. A pesar de lo cual, el barco borneaba, acercándose en ocasiones a la costa, de la que apenas nos separaban quinientos metros. Al final, tras casi tres horas esperando infructuosamente a que amainara el viento, acabaron anunciando la cancelación de la escala. El auge del turismo ha convertido las antes paradisíacas playas de Boracay en una especie de Ibiza tropical, por lo que no lo sentí demasiado. Aunque he de reconocer que me hubiera gustado darme un chapuzón en Febrero.

A las 11:30 zarpamos con rumbo suroeste. Mientras pasábamos frente a la famosa White Beach, observando las numerosas embarcaciones fondeadas a sotavento de la isla, nos llamó la atención un grupo de lanchas de parasailing que se acercaba hacia la playa. Fue un curioso espectáculo de despedida y un recordatorio de que, lo que para unos puede ser una maldición, otros lo ven como un regalo de los dioses.

Fondeados frente a Boracay

Algunos vínculos útiles:

El blog De Libros y Viajes tiene una entrada interesante sobre la isla: http://delibrosyviajes.com/boracay-el-paraiso-turistico-de-filipinas/

En inglés hay una auténtica montaña de información, en la que es fácil perderse. Lo mas aconsejable es visitar Wikitravel, donde hay un extenso artículo lleno de datos prácticos: https://wikitravel.org/en/Boracay

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