Según escribo estas líneas, el Maasdam ya no existe. Al menos con su nombre original. Como consecuencia de la pandemia de coronavirus, el veterano barco de crucero fue vendido a la naviera griega Seajets y rebautizado como MS Aegean Myth. Seajets es una operadora de ferrys, por lo que desconozco el futuro que le espera al viejo Maasdam. Quizá algún día vuelva a encontrármelo, navegando entre las islas del Egeo. Al menos de momento, se ha librado de acabar desguazado, como varios buques de Carnival y Pullmantur.

Llegando a Otaru

Llegando a Otaru.

Construido entre 1992 y 1993, el Maasdam fue el segundo buque de lo que la naviera denominaba Clase Statendam. Con una eslora de 220 metros y una capacidad máxima de 1.258 pasajeros y 580 tripulantes, el buque era muy similar, aunque no gemelo, al MS Rotterdam, en el que habíamos cruzado el Atlántico Norte un par de veranos atrás. Por tanto, no tiene sentido detallar aquí sus espacios, prácticamente idénticos entre ambos y descritos en otra entrada del blog. Me centraré en las diferencias entre los dos buques.

Crow's Nest

Crow’s Nest.

A pesar de ser más antiguo que el Rotterdam, el Maasdam había sido reformado profundamente en el 2006. Aunque desconozco su estado previo, en realidad las diferencias apreciables eran más de diseño del mobiliario que otra cosa. Y aun así, apenas eran significativas. Tan solo en la biblioteca o en el Crow’s Nest, el gran salón panorámico a proa de la cubierta 12, era evidente la renovación. Igualmente, en las opciones de restauración, similares en ambos buques tanto en variedad como en calidad, las diferencias eran imperceptibles.

Cubierta de paseo del Maasdam

Cubierta de paseo del Maasdam, al sur de Hokkaidō.

De no haber sido por nuestro alojamiento, podríamos haber pensado que navegábamos en el mismo barco. En esta ocasión, dormíamos en el camarote 322, con una diferencia fundamental al del anterior viaje, a bordo del Rotterdam: no era un camarote tipo «lanai», sino uno exterior. Por tanto, no teníamos acceso directo desde el camarote a la cubierta de paseo. A pesar de nuestra anterior experiencia, muy positiva, la diferencia de precio nos empujó a probar un alojamiento de categoría inferior. Visto retrospectivamente, no fue una mala elección. Aunque nuestra única vista al mar desde el camarote era a través de una ventana que precisamente daba al «promenade», al ir en el mismo nivel que ésta y muy cerca de una de las puertas de acceso al exterior, era muy cómodo salir a la cubierta de paseo. Al final, pudimos disfrutar del mar tanto como quisimos.

Camarote 322

Camarote 322.

Al no tener dos puertas, la distribución del camarote era algo diferente, con el cabecero de la cama apoyado contra la pared exterior, bajo la ventana, en el lugar que en los camarotes tipo «lanai» ocupa la puerta que da acceso a la cubierta de paseo. En principio, no me pareció una buena disposición, pero he de reconocer que el camarote quedaba así más amplio y funcional. En todo caso, apenas estuvimos en su interior más allá del tiempo imprescindible para dormir y asearnos, por lo que acabó no teniendo la menor importancia. Al final, el experimento fue bastante positivo. Cada vez estoy más convencido de que, salvo que te sobre el dinero o consigas una muy buena oferta, no merece la pena pagar precios inflados por suites o camarotes con terraza. Es preferible aprovechar las zonas comunes del barco y con el ahorro prolongar el tiempo de viaje.

Cubierta de proa

Cubierta de proa, junto a Takamatsu.

En cuanto a los espacios exteriores, la principal diferencia con el Rotterdam estaba en la cubierta de proa. El Maasdam venía de hacer varios cruceros por Alaska y aprovechaba esta zona para almacenar unas cuantas zodiac. En consecuencia, la cubierta no se utilizaba por el pasaje. En sentido estricto, no había ningún cartel prohibiendo el acceso. Como éste era similar al del Rotterdam y nos conocíamos los vericuetos para llegar, estuvimos en ella un par de veces. Pero jamás nos encontramos allí con otro pasajero, ni hubo alguna indicación invitando a utilizarla durante los tramos de navegación panorámica.

Cubierta 9

Cubierta 9.

Poder ir al extremo de proa de un barco tiene su atractivo, pero siendo objetivo no suele ser el mejor lugar para disfrutar de la navegación. En el caso del Maasdam, mis cubiertas favoritas fueron la gran terraza panorámica de la cubierta 9, situada bajo el puente de mando, y otra terraza algo más pequeña en la cubierta 11, justo sobre el tejado del puente. Ambas ofrecían una vista espléndida hacia proa, relativamente protegida por la estructura del barco. La cubierta 11 tenía la ventaja añadida de que se prolongaba sobre los salientes laterales del puente, permitiendo observar ambos costados del buque. Al igual que en el Rotterdam, la escalera exterior que llevaba de una a otra terraza pasaba por la parte posterior del puente, en la cubierta 10, permitiendo ver buena parte de éste.

Cubierta superior, cerca de Kōchi

Cubierta superior, cerca de Kōchi.

El acceso limitado a la cubierta de proa se compensaba con creces por la posibilidad de subir a la cubierta 13, literalmente sobre el tejado del Crow’s Nest. En la parte más elevada del barco, sin nada que obstaculizara la vista, el panorama era magnífico. Sus únicos problemas solían ser el viento aparente, generalmente muy intenso en un espacio tan expuesto, y el suelo metálico, en el que era relativamente sencillo resbalar. A cambio, cuando las condiciones eran favorables, era una auténtica maravilla disfrutar del mar desde sus amplias barandillas, generalmente muy poco concurridas.

Saliendo del estrecho de Kanmon

Saliendo del estrecho de Kanmon.

Otro aspecto que mejoró notablemente sobre nuestra experiencia anterior en Holland America fue la conexión por wifi. En los dos años que habían pasado desde nuestro anterior viaje, la naviera había ido actualizando los equipos de recepción de internet vía satélite. El resultado fue un acceso que, sin ser en absoluto comparable al que se puede tener en tierra, era lo suficientemente rápido como para poder navegar, o recibir correos y whatsapp, con relativa fluidez. Desde luego no era barato (235 dólares por todo el crucero) pero al menos no había limitación de tiempo de conexión ni de volumen de datos, más allá de las propias carencias de una conexión satelital. Incluso era posible compartir la tarifa entre varios dispositivos, con la limitación de que tan solo se podía estar conectado con uno de ellos. El propio sistema se encargaba de gestionarlo. Al autentificar un dispositivo, automáticamente desconectaba al que estuviera utilizando la cuenta hasta ese momento. No es una situación óptima, pero si una gran mejora sobre el anterior sistema de conexión, igualmente caro pero además con el tiempo limitado. Y, sobre todo, es un paso en la dirección correcta.

Biblioteca

Biblioteca.

En resumen, nuestra experiencia a bordo fue muy gratificante. Era nuestro tercer crucero con Holland America y sabíamos perfectamente que esperar. Una clientela madura, bastante más «viajada» y con más interés en el mar y la navegación que en otro tipo de navieras, más enfocadas al público joven y familiar. En los barcos de Holland América Line no encontrarás pistas de karting, parques acuáticos o piscinas de bolas. En cambio, podrás disfrutar tranquilamente del océano desde sus amplias cubiertas con suelo de teca, asistir a conciertos de música clásica o escuchar charlas sobre la cultura del país que estás visitando. Una experiencia mucho más parecida a la de un crucero clásico y muy alejada de los parques temáticos flotantes hacia los que una parte sustancial de la industria parece derivar.

Cubierta de popa

Cubierta de popa, al oeste del estrecho de Kanmon.

Tan gratificante que, durante una de las jornadas de navegación, aprovechamos para reservar un crucero de catorce días para el verano de 2020, esta vez por aguas de la Columbia Británica y Alaska, zarpando desde Vancouver. Crucero que, casualmente, tenía previsto realizar el mismo Maasdam. Incluso elegimos un camarote similar. En concreto el 323, justo el simétrico con el que habíamos ocupado en este viaje, que ya estaba reservado. En abril, tuvimos que cancelar la reserva y acabamos organizando un plan alternativo. El Maasdam no fue el último barco al que pude subir, antes de que el virus se extendiera por el planeta, haciendo extremadamente complicado viajar. Pero si es el último crucero en el que, al menos de momento, he tenido la suerte de navegar. Solo espero que no lo sea por mucho tiempo.

Para ampliar la información:

La web CruceroAdicto tiene una breve reseña sobre el barco: https://cruceroadicto.com/crucero-ms-maasdam.html.

En inglés, la única referencia que queda al Maasdam en la página oficial de Holand America Line es una entrada de despedida en su blog: https://www.hollandamerica.com/blog/ships/ms-maasdam/farewell-to-maasdam-memories-from-guests-and-crew/.

La entrada sobre el buque en la Wikipedia ya hace referencia a su nuevo nombre: https://en.wikipedia.org/wiki/MS_Aegean_Myth.

Por contra, la web oficial de Seajets todavía no refleja la adquisición del buque. La página principal de la web está en https://www.seajets.gr.

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