Cualquier asiduo de los cruceros se habrá encontrado con escalas en las que es virtualmente imposible moverse de forma autónoma, sin depender de la naviera. Bien sea por lo aislado del punto de atraque, problemas de seguridad, dificultades burocráticas o una combinación de estos factores. En el caso de Vladivostok, fue la burocracia rusa la que nos empujó a bajar a tierra de la mano de una excursión de Holland America. Aunque normalmente ni hubiéramos considerado dicha opción en una ciudad cuya terminal de cruceros está en pleno centro, el coste y la dificultad de conseguir una visa rusa para una escala de tan solo unas horas nos hizo desistir. Era más barato y mucho más cómodo escoger alguna de las excursiones que ofrecía la naviera. Ya veríamos si, además, era al menos razonablemente interesante.

Puente Zolotoy

Puente Zolotoy.

La excursión comenzó con una visita al mirador situado en la ladera meridional de la colina del Nido del Águila. Era evidente que el lugar, situado relativamente cerca del puerto, había pasado por mejores momentos. Cuando llegamos, las vallas y carteles nos hicieron pensar que sus deterioradas instalaciones estaban en proceso de reforma. No era así. Simplemente intentaban impedir que algún despistado acabase sufriendo un accidente. En cualquier caso, a pesar de lo decrépito del lugar, la vista era interesante. Desde sus 121 metros de altura, se divisaba de extremo a extremo el Cuerno de Oro, nombre que recibe el magnífico puerto natural de Vladivostok. Frente al mirador, la moderna silueta del puente Zolotoy, cuyos esbeltos pilares se desvanecían entre la capa de nubes bajas que cubrían la ciudad, dominaba el panorama. El puente, con un arco central de 737 metros, fue inaugurado en 2012, justo a tiempo para el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico, que ese año se celebraba en Vladivostok.

Mañana de lluvia en el puente Zolotoy

Mañana de lluvia en el puente Zolotoy.

La siguiente «visita» fue precisamente un recorrido sobre el puente. El autobús se limitó a cruzarlo y, sin detenerse en la otra orilla, hacer un cambio de sentido y regresar. Un trayecto al que, sinceramente, no vi mucho sentido. Más aún teniendo en cuenta que, a la vuelta, nos metimos de lleno en uno de los atascos que parecían formar parte del paisaje de la ciudad. Aunque el embotellamiento acabó teniendo su interés. Era curioso comprobar los malabares que hacían los rusos mientras conducían. Prácticamente todos iban hablando por teléfono, por supuesto sin manos libres. Muchos, además, fumaban. No contentos con esto, algunos añadían una dificultad adicional, comendo un bocadillo o bebiendo un refresco. Por supuesto, todo a la vez. Para añadir caos a la situación, más de la mitad de los coches llevaban el volante en el lado «equivocado». Según parece, en Vladivostok es bastante común importar coches de segunda mano de Japón, donde se conduce por la izquierda.

El Museo de la Fortaleza de Vladivostok.

La antigua Batareynaya Ulitsa tiene sus orígenes en la planificación de las defensas costeras de Vladivostok llevada a cabo por Pа́vel Fyodorovich Uńterbérger. Tras caer en desuso, la batería fue rescatada del olvido en 1996, al convertirse en un museo dedicado a la historia militar del Extremo Oriente ruso.
Patalán en Batareynaya Ulitsa

Patalán en Batareynaya Ulitsa.

Finalizado el recorrido por el museo, dimos un breve paseo por Batareynaya Ulitsa, un desierto paseo marítimo a los pies del antiguo bastión. A pesar de su desolación, o quizá precisamente por ésta, el lugar tenía un cierto encanto. Su parte meridional transcurre entre un pequeño parque de atracciones y la playa de Yubilenyy que, a pesar de ser una de las pocas con que cuenta la ciudad, estaba completamente vacía. Hacia el norte, el oleaje de la bahía de Amur lamía la base de hormigón del paseo marítimo. En medio, los abandonados restos de un patalán se sumergían en las oscuras aguas del Pacífico. A pesar de ser principios de agosto, un cielo plomizo y una tenue pero persistente llovizna daban a la escena un atractivo aire otoñal.

El Museo de Historia del Lejano Este.

El Museo Estatal Unido Primorsky Vladimir Klavdievich Arseniev tiene sus orígenes en 1884, cuando nació como Museo de la Comunidad de la Exploración del Krai de Amur para recoger los fondos acumulados por las sucesivas expediciones etnográficas y arqueológicas que que tenían lugar en el extremo oriente ruso. Tras varios cambios de nombre y diversos avatares, en 1985 recibió su denominación actual.
Calle Almirante Fokin

Calle Almirante Fokin.


Con la visita al segundo museo, había terminado la excursión. Pero, antes de regresar al puerto, nos dieron media hora libre, que aprovechamos para da un corto paseo por Almirante Fokin, una bonita y tranquila calle peatonal flanqueada por edificios de época. El paseo, además de ser agradable, despejó nuestras dudas sobre si, una vez terminada la excursión organizada, regresaríamos al barco o intentaríamos seguir recorriendo la ciudad por nuestra cuenta.

Terminal de cruceros

Mirador del Nido del Águila

Puente Zolotoy

Museo de la Fortaleza de Vladivostok

Batareynaya Ulitsa

Museo Estatal Unido Primorsky Vladimir Klavdievich Arseniev

Almirante Fokin

Para ampliar la información:

La web Vladivostok City es una buena fuente de información, aunque no siempre esté actualizada: https://vladivostok-city.com/es/index.

El blog CómoyViajo tiene una entrada interesante sobre la ciudad: https://www.comoyviajo.com/ciudad/vladivostok-rusia/.

En inglés, muy recomendable la web Discover Vladivostok: http://vladivostok.travel/en/.

En Heart My Backpack, Silvia nos describe su visita en invierno: https://www.heartmybackpack.com/russia/things-to-do-in-vladivostok/.

The Blog of Dimi tiene una larga entrada con cosas que ver en el centro de la ciudad: https://theblogofdimi.com/what-see-central-vladivostok/.

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