Llevaba tiempo queriendo hacer una visita “entre bastidores” a un barco de crucero. Lo había intentado tres veces y, por un motivo u otro, me había quedado con las ganas. Así que, tan pronto como vi que había la posibilidad de realizar la visita en el Eurodam, me apunté sin dudarlo. Normalmente, este tipo de visitas se suelen organizar en días de navegación. En el caso del Eurodam, siendo además una visita bastante larga (unas 3 horas), la programaron para el día que estaríamos cruzando el Adriático con rumbo norte, entre Cefalonia y Venecia. Nos reunimos en el teatro principal, en la proa del buque, a las 7:30 de la mañana. Éramos un grupo de 13 personas, guiados por un oficial de Holland America, de nacionalidad australiana, que hizo de anfitrión durante todo el recorrido.

Teatro del Eurodam

Teatro del Eurodam, visto desde el escenario.

Ya que estábamos en el teatro, comenzamos visitando su “backstage”. Subimos al escenario de un teatro totalmente vacío y pudimos ver los distintos equipos técnicos que hacen posibles las funciones. Después, entramos en la parte trasera, en la que visitamos los camerinos. Un par de actores (chico y chica) nos comentaron anécdotas de su trabajo y sus impresiones sobre la vida en el barco. Para mi, fue la parte mas floja del recorrido, lo cual no quiere decir que estuviera falta de interés.

Puerta estanca Eurodam

Puerta estanca en el Eurodam.

Desde allí, por pasillos normalmente vedados a los pasajeros, descendimos a las cubiertas de servicio del barco, situadas en su mayor parte bajo la linea de flotación. En un crucero es sencillo saber si has descendido de ese umbral: si hay puertas de seguridad estancas, preparadas para resistir una inundación, estás bajo el nivel del agua.

Lavandería

Lavandería

Tras una breve visita a la zona en la que se arregla la ropa de la tripulación, pasamos a la lavandería. Montones de sábanas, manteles y servilletas dominaban la escena. Buena parte de la maquinaria estaba destinada a procesarlas, desde enormes lavadoras a máquinas especiales para planchar servilletas. En esta zona también se lava la ropa de la tripulación, con curiosos equipos de planchado. El ambiente era ruidoso, cálido y muy húmedo. A pesar de lo cual, la mayor parte del personal que trabajaba en la zona, con aspecto de indonesios o filipinos, tenía un aspecto risueño. Me quedé con la duda si sería real o una pose durante nuestra visita.

Sala de asistencia médica

Sala de asistencia médica.

A continuación, tras recorrer varios pasillos interminables, llegamos a la zona de asistencia médica. Tuvimos suerte, pues no había ningún paciente, lo que nos permitió entrar hasta la pequeña sala en la que se atienden las emergencias. No soy un experto, pero en general todo tenía bastante buen aspecto, limpio y ordenado. Uno espera no ponerse nunca enfermo en un crucero, pero al menos tranquiliza saber que hay ciertos medios para atender un imprevisto.

Comedor de personal

Comedor de personal.

Nuevamente recorrimos pasillos de servicio, esta vez en proceso de mantenimiento, hasta llegar a uno de los comedores del personal del barco. La pequeña estancia no tenía nada que ver con los grandes y lujosos salones destinados al pasaje, pero era mejor que la mayor parte de los comedores de personal que he podido “disfrutar” en tierra. Hicimos una breve pausa y, quien quiso, aprovechó para beber algo.

Vista parcial de la sala de control

Paneles de la sala de control.

A partir de este momento, comenzó la parte realmente interesante de la visita. Entramos en la sala de control, desde cuyos paneles se vigila el correcto funcionamiento de los múltiples sistemas del barco. Uno de los operarios de la sala nos explicó algunos detalles básicos sobre la operativa y las funciones de los principales elementos, como el sistema contra incendios, la propulsión del barco, las desaladoras o el sistema de climatización.

Sala de máquinas

Sala de máquinas.

Desde allí, por una estrecha escalera, bajamos a la sala de máquinas. Antes de entrar, nos dieron unos tapones para los oídos y unas breves explicaciones sobre lo que podíamos y no podíamos hacer en el interior. Una vez que abrieron la portezuela y entramos, el ruido era ensordecedor, por lo que era imposible hacer alguna pregunta o recibir explicaciones. Me llamó la atención el ambiente relativamente aséptico de un espacio que, por definición, uno se imagina sucio y grasiento. Los enormes motores estaban completamente encapsulados y las únicas piezas móviles que se podían ver eran los ejes de transmisión de las turbinas. No recuerdo haber visto a ningún operario en la zona, que me imagino se vigilaría desde la sala de control.

Sala de reciclaje

Sala de reciclaje de basuras.

A continuación, visitamos la zona de tratamiento de basuras. Las estrictas regulaciones medioambientales que, al menos en teoría, regulan la industria de los cruceros, la han convertido en una de las áreas imprescindibles del barco. Hace tiempo que quedó atrás la época en la que todos los desperdicios del barco se tiraban literalmente por la borda. Actualmente, lo único que se arroja al mar son los restos de comida que, convenientemente triturados, sirven de alimento para la fauna marina. El resto, se procesa en el barco y se descarga en los puertos de escala. Las aguas residuales se procesan. El vidrio se tritura. Los envases de aluminio o cartón se compactan. El responsable de la zona nos explicó los diversos procedimientos que siguen a bordo.

Muelle de carga

Muelle de carga.

Entre ésta zona y las cocinas, pasamos por la zona de carga y descarga del barco, donde se amontonaban los elementos mas curiosos. Desde lavadoras de repuesto hasta las bicicletas que usa la tripulación para moverse por algunos de los puertos de escala. Casi todo lo que entra o sale del barco pasa por esta zona, servida por una pequeña flota de carretillas elevadoras.

Obrador

Obrador.

Finalmente, llegamos a la zona de las cocinas. Pensaba que no iba a tener demasiado interés, pero estaba totalmente equivocado. En primer lugar, estuvimos en una zona que se podría catalogar como un obrador en el que, entre otras cosas, se elaboraba y cocía el pan. Desde allí, fuimos visitando diversos almacenes: bodega, productos enlatados, harinas, congelados, todo tenía su lugar asignado en las diversas estancias. Estábamos casi al final del crucero, por lo que las existencias estaban bastante bajas. Aun así, impresionaba la ingente cantidad de género que había a bordo. Pero lo mas impactante fue entrar, con ropa de verano, en uno de los congeladores, a -20º C.

Desde allí, pasamos a las cocinas principales del barco. Eran enormes y estaban atendidas por un pequeño ejército de pinches y cocineros. Pero, dado el ingente número de comidas que se sirve cada uno de los días de un crucero, esperaba que hubieran sido todavía mas grandes. El jefe de cocina nos fue guiando por los diversos departamentos especializados. Hay una zona y una plantilla específica para preparar exclusivamente los desayunos, los platos que se sirven en los camarotes, las sopas, los platos principales, los postres, etc. Realmente llama la atención ver como una plantilla numerosa, pero no en exceso, es capaz de servir un mínimo de tres comidas diarias a los 2.000 pasajeros del barco, sobre todo teniendo en cuenta el nivel de calidad y presentación de los platos.

Como es normal, habían dejado lo mejor para el final. Desde las cocinas, subimos hasta el puente de mando. Me llamó la atención que esta zona era como un pequeño mundo aparte, diferenciado del resto del barco, en el que vivía y trabajaba la oficialidad de la auténtica tripulación del barco. Es decir, los que no forman parte de la plantilla de esa especie de hotel flotante que es todo crucero. Además de los camarotes, había despachos, cocina, comedor, salas de descanso, todo ello justo al lado del puente, de forma que, ante cualquier eventualidad, el acceso pueda ser casi inmediato.

Tras pasar fugazmente por esta zona, entramos en el puente propiamente dicho. Para cualquier enamorado del mar y de los barcos, estar en el puente de un gran buque es una experiencia única. La visita al puente duró unos veinte minutos, durante los cuales uno de los oficiales nos explicó los diversos sistemas de navegación, las funciones de los tripulantes y alguna que otra anécdota. Como no podía ser menos, las vistas desde el puente son inmejorables. Además de poder ver la proa del buque sin ninguna obstrucción, las dos alas laterales, que sobresalen por fuera de la superestructura del barco, permiten visualizar los costados del buque, lo que es especialmente útil durante las maniobras de atraque y desatraque. También llama la atención que, a pesar de la enorme parafernalia tecnológica existente, se sigan utilizando de forma paralela los sistemas de navegación “de toda la vida”, principalmente como medida de seguridad en caso de que algo falle. Puede parecer exagerado, pero la tecnología GPS parece no ser tan segura como nos gustaría.

Con la visita al puente, terminó el recorrido por el barco. Pero todavía no habíamos terminado. Fuimos a un apartado en el Crow’s Nest del Eurodam, en el que nos sirvieron un aperitivo. Allí, el oficial que hacía las veces de anfitrión contestó las diversas preguntas que le quisimos hacer, casi todas centradas en su experiencia vital como trabajador de un crucero. Una charla muy distendida e interesante. Por último, nos entregaron varios obsequios, entre los que cabe destacar un pequeño libro (Driving the hotel) escrito por la mujer de uno de los capitanes de Holland America, en el que describe los entresijos de un barco de crucero.

En conjunto, la experiencia fue muy interesante. Duró aproximadamente tres horas y media, en las que recorrimos prácticamente todas las zonas del barco normalmente vedadas a los clientes. Lo único que quedó fuera de la visita fue la zona de los camarotes de los trabajadores. Como era de esperar en un barco cuyo idioma oficial es el inglés, las explicaciones se daban exclusivamente en esa lengua. El precio, de 150 US$, por persona puede parecer elevado pero, en mi opinión, mereció la pena.

Algunos vínculos útiles:

En el blog Noticias de Cruceros hay una descripción de los distintos equipamientos del puente de mando de un crucero: http://cruceroadicto.com/puente-de-mando-de-un-barco-de-cruceros.html

En Sir Chandler hay una entrada describiendo una visita al puente de mando y las cocinas del Regal Princess: http://www.sirchandler.com.ar/2017/01/conociendo-puente-mando-la-cocina-crucero/

Página dedicada al MS Eurodam en la web oficial de Holland America: https://es.hollandamerica.com/enes/pageByName/Resp.action?requestPage=ships_msEurodam&showHeader=true&showFooter=true

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