Había planeado el cuarto día de mi recorrido invernal por Islandia como una repetición de aquel largo día de verano en el que, además de los tres lugares principales del famoso Círculo Dorado, habíamos visitado una parte del sur de la isla, hasta llegar a Dyrhólaey. En invierno contaba con menos horas de luz, pero también tenía que conducir menos kilómetros. Por una parte, ya había estado en Dyrhólaey el día anterior. Por otra, al dormir en hoteles de la zona, me ahorraba los trayectos desde y hasta Reikiavik. Los 467 kilómetros de aquel día se reducían ahora a 288. Aun así, tenía mis dudas sobre si me daría tiempo a completar todas las visitas.

Drangshlíðarfjall al amanecer

Drangshlíðarfjall al amanecer.

Salí del hotel Umi algo pasadas las nueve, en una mañana gris en la que únicamente se veía un tímido claro en el cielo del noreste, más allá del monte Drangshlíðarfjall. Mi retraso del día anterior me había impedido visitar Skógafoss, como tenía planeado, por lo que la cascada pasó a ser la primera visita de la jornada, obligándome a retroceder 8 kilómetros por la Ring Road.

Skógafoss en invierno

Skógafoss en invierno

Skógafoss es una cascada arquetípica. Un salto con un ancho de 25 metros, que cae a plomo desde una cornisa a 62 metros de altura. Al contrario que las demás cascadas que había visitado desde que partí de Seyðisfjörður, Skógafoss no estaba congelada. Su caudal, pese a ser algo inferior al de verano, era demasiado abundante para las relativamente templadas temperaturas del sur de Islandia. Quizá por lo temprano de la hora, encontré menos visitantes de los que esperaba. No estaba solo, pero pude disfrutar de Skógafoss con relativa tranquilidad. En cualquier caso, no quería emplear demasiado tiempo en la visita, por lo que tuve que renunciar a subir por la larga escalera que lleva a la parte superior de la cascada. Tan solo media hora después de llegar, me marchaba rumbo al que debería haber sido mi primer destino del día, la cascada de Seljalandsfoss.

Recorrí los escasos 29 kilómetros que separan ambas cascadas animado por la escasa afluencia de visitantes en Skógafoss. ¿Tendría suerte y podría disfrutar tranquilamente de uno de los saltos de agua más populares de la isla? La respuesta llegó antes incluso de aparcar.

Seljalandsfoss: los males del turismo en Islandia​.

Seljalandsfoss se precipita en un salto de 60 metros de altura, desde lo alto de un antiguo acantilado que tiempo atrás formaba parte de la linea de costa. Las olas crearon una gran oquedad tras la cascada, que actualmente es recorrida por un angosto y resbaladizo sendero.

Tras visitar Seljalandsfoss y la vecina Gljúfrabúi, me encaminé a mi siguiente objetivo, el primero en el Círculo Dorado: la impresionante Gullfoss. En esta ocasión, no me detuve en la cascada de Faxi. Recorrí los 120 kilómetros de una sentada, conduciendo por carreteras que tan pronto estaban totalmente cubiertas de nieve como completamente limpias. Aunque el tráfico seguía siendo muy escaso, ya no circulaba solo por la carretera, como en el este de la isla. A pesar de lo cual, la hora y media que me llevó realizar el trayecto me pareció un instante. Conducir en Islandia sigue siendo una experiencia tremendamente agradable. También en invierno.

Gullfoss en invierno.

Decidí dejar el coche en el aparcamiento inferior. En el mirador había cierta masificación, pero mucho menos de la que había anticipado. Pronto descubrí el motivo. Estar en la plataforma de madera era un martirio. Un viento gélido descendía por el río Hvitá, barriendo la zona. El aire llegaba cargado de pequeños fragmentos de nieve helada, que golpeaban con fuerza cada milímetro cuadrado de piel expuesta.

Mi siguiente destino estaba mucho más cerca, a menos de 10 kilómetros de distancia. De hecho, había pasado junto al centro de visitantes de Geysir mientras me dirigía a Gullfoss conduciendo por la carretera 35. Dudé entre detenerme en Haukadalur en ese momento o dejarlo para el regreso. Opté por lo segundo y creo que fue un acierto.

Haukadalur en invierno.

El valle de Haukadalur es, junto con Gullfoss y Þingvellir, una de las tres paradas obligatorias del Circulo Dorado. Haukadalur es famoso por su actividad geotérmica, pero sobre todo por Strokkur, uno de los géiseres más activos y regulares del mundo. Además, en un corto espacio se pueden visitar manantiales de aguas termales y fumarolas. Y Geysir, el primer géiser conocido en Europa, que dio nombre a todo el fenómeno.

Tan solo me quedaba una visita para completar el día, el Parque Nacional de Þingvellir, del que me separaba un trayecto de 61 kilómetros. Parecían pocos, pero era el tramo que más me preocupaba del día. Sabía por experiencia que su parte final, a partir del límite del parque nacional, tenía un trazado y un estado de conservación muy deficiente, al contrario que las inmaculadas carreteras que llevaba recorriendo todo el día. Si además había demasiada nieve, podía acabar teniendo problemas. Mi preocupación aumentó por el camino, pues durante un buen tramo tuve que ir detrás de una máquina quitanieves. Al final, mi suerte cambió. Poco antes de llegar al parque nacional, despareció todo rastro de nieve de la calzada. Seguía tan tortuosa y llena de baches como la recordaba, pero no encontré el menor problema para llegar a mi destino.

Un paseo invernal por Þingvellir.

La primera vez que estuve en Þingvellir, el lugar me había impactado. Su extraña belleza, su peculiar geología y su importancia histórica se habían conjugado con un sereno atardecer y una absoluta ausencia de visitantes para convertir nuestra visita en uno de los mejores momentos de aquel largo viaje. Era muy complicado que mi segunda visita estuviera a la altura de la anterior. A pesar de lo cual regresaba a Þingvellir, de nuevo al atardecer y otra vez al final de una jornada tan larga como intensa, dispuesto a intentarlo.

Terminada mi última visita, tan solo me quedaba llegar al hotel Örk, en Hveragerði, a 57 kilómetros de distancia. De nuevo tenía que recorrer el tramo en mal estado de la carretera 35, para luego seguir hacia el sur bordeando los lagos Þingvallavatn y Úlfljótsvatn. Una carretera que no conocía y tendría que recorrer primero al final del crepúsculo y luego en plena noche, sin saber con certeza en qué estado se encontraba. A priori, en la magnífica página web que informa sobre el tráfico en Islandia, aparecía como abierta. Pero las condiciones en la isla son tan cambiantes que nunca puedes estar seguro, sobre todo a partir del ocaso.

De Hvolsvöllur a Hveragerði

De Hvolsvöllur a Hveragerði.

Parte del trayecto junto a los lagos lo hice con un cielo al menos parcialmente despejado, pues a mi derecha podía ver la luna reflejándose en el agua. Dadas las condiciones, una visión un tanto extraña, casi fantasmal. Y, de repente, comenzó a nevar con una intensidad asombrosa. Iba completamente solo por la carretera y tengo que reconocer que comencé a preocuparme. Afortunadamente llegué junto a lo que parecía un pequeño pueblo (no había buena visibilidad, más tarde descubrí que era una urbanización junto al lago Álftavatn), del que en ese preciso instante salían un par de coches. A partir de ese momento seguí sus rodadas, hasta llegar a la carretera 35, bastante más transitada y limpia de nieve. Por una vez, me alegré de encontrar tráfico en una carretera de Islandia. Finalmente, sobre las siete y veinte de la tarde, llegaba al hotel.

Al igual que las jornadas anteriores, el día había sido tan intenso como fructífero. Mi siguiente destino era la cercana Reikiavik. Tan solo 38 kilómetros me separaban del siguiente hotel. Había dejado un par de días de margen, contando con posibles bloqueos por las inclemencias meteorológicas, pero al final había logrado llegar a Hveragerði en la fecha planeada. Al día siguiente, tocaba improvisar. Después de cenar, pasé un buen rato analizando un gran mapa de Islandia que había junto a recepción. Decidí seguir rumbo al oeste, hacia la península de Reykjanes.

Hotel Umi

Skógafoss

Seljalandsfoss

Gullfoss

Haukadalur

Þingvellir

Hotel Örk

Para ampliar la información:

La entrada sobre mi visita en verano de 2017 está en https://depuertoenpuerto.com/wordpress/?p=22299.

En el blog Medio Penique describen un recorrido por el Círculo Dorado en invierno, durante un día con bastante más nieve: https://www.mediopenique.com/circulo-dorado-islandia-invierno/.

Viajeros 3.0 propone otra ruta, con alguna visita alternativa: https://viajeros30.com/2018/04/15/que-ver-circulo-dorado-de-islandia/. Hay múltiples variaciones sobre la ruta clásica viajando por libre, aunque en invierno las opciones son más limitadas.

En inglés, se puede encontrar una pagina muy completa con información sobre el Círculo Dorado en https://guidetoiceland.is/you-guide/how-to-drive-the-golden-circle.

El blog The World Was Here First también tiene una larga e interesante entrada: https://www.theworldwasherefirst.com/golden-circle-stops/.

En Nomad by Trade hay información sobre la ruta, también en invierno: https://www.nomadbytrade.com/iceland-golden-circle-winter/.

Para el que tenga tiempo o prefiera ir a lugares menos visitados, en Iceland With a View encontrará una guía con lugares alternativos en la misma zona: https://icelandwithaview.com/6-stops-on-the-golden-circle-no-one-tells-you-about/.

El gobierno de Islandia tiene una magnífica página con información sobre el tráfico y las condiciones de conducción en la isla, en https://safetravel.is. Consultarla en invierno es imprescindible.

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