La región de los Fiordos del Este es una de las más remotas de Islandia. Alejada de Reikiavik y el Círculo Dorado, también es una de las menos frecuentadas por los turistas que, en números cada vez cada mayores, visitan la isla. Su relativo aislamiento, su escasa población y su intrincada orografía me traían a la memoria mi breve estancia en los Fiordos del Oeste, en el extremo opuesto del país, de donde guardaba magníficos recuerdos. Cuando descubrí que era posible llegar en barco desde el continente hasta uno de sus puertos, no me lo pensé dos veces y decidí convertir Seyðisfjörður en el punto de partida de mi periplo invernal por Islandia.

El autobús de Egilsstaðir

El «autobús» de Egilsstaðir

Salí a la calle pasadas las siete y media. Al fin y al cabo, el autobús que debía llevarme a Egilsstaðir paraba en la acera frente al hotel. En unos minutos, formamos un grupo que no llegaba a la media docena de personas, buscando refugio del frío bajo el porche del Centro Comunitario Herdubreid. El supuesto autobús resulto ser una furgoneta, con un remolque para el equipaje. Tan pronto como estuvimos acomodados, la furgoneta aceleró por las congeladas calles de Seyðisfjörður, adentrándose en la oscura noche. Para llegar a Egilsstaðir, es necesario superar el paso de Fjarðarheiði, a 620 metros de altura. Viendo el estado de las calles de Seyðisfjörður, al nivel del mar, no podía imaginar cómo estaría el paso de montaña. Pero ni el hielo ni la nieve parecían amedrentar a nuestro conductor, que debía conocer la ruta de memoria. En poco más de media hora, estábamos en el aeropuerto de Egilsstaðir. Tras desayunar y recoger el vehículo de alquiler que tenía reservado, emprendí camino hacia Reikiavik. Disponía de cinco días para recorrer los aproximadamente 700 kilómetros que me separaban de la capital de Islandia.

Había planeado la primera etapa como una toma de contacto, tanto con el coche como con las carreteras de Islandia, que solo conocía en verano. En cualquier caso, tenía que recorrer 157 kilómetros hasta mi primer destino, el hotel Framtid, en Djúpivogur, por lo que emprendí el camino sin dilación. En unos minutos salía de Egilsstaðir y me adentraba en la carretera nacional 1, la célebre Ring Road, que circunda toda la isla. Antiguamente, la nacional 1 atravesaba el paso de Breiðdalsheiði, a 470 metros de altura. Desde 2017, se dirige hacia el sur, buscando la costa en las proximidades de Reyðarfjörður. Un trayecto más largo, pero menos propenso a cerrarse con las nieves del invierno. La antigua carretera es ahora la ruta 95.

Puerto de Fáskrúðsfjörður

Puerto de Fáskrúðsfjörður.

Tarde aproximadamente 45 minutos en recorrer los 33 kilómetros que me separaban del mar, por una carretera que recorría un valle entre montañas, cuyas cimas permanecían ocultas sobre las nubes. Poco después, llegaba al túnel de Fáskrúðsfjarðargöng, de 5.900 metros de longitud, que acorta el trayecto a Fáskrúðsfjörður, el siguiente fiordo hacia el sur. Mi plan inicial era no pasar por el túnel y recorrer la carretera antigua, por la península de Vattarnes y su salvaje costa. Pero la encontré cerrada al tráfico. Al salir del túnel, decidí dejar la carretera principal y dar un breve rodeo hasta la pequeña localidad de Fáskrúðsfjörður, para recorrer al menos parte de la costa de Vattarnes. No lo logré. Al poco de dejar atrás las últimas casas del lugar, la carretera se convirtió en una placa de hielo, por la que era muy complicado conducir. Además, la mezcla de agua y nieve que caía incesantemente desde mi salida de Egilsstaðir, se convirtió súbitamente en una intensa granizada. Me vi obligado a dar la vuelta. Mi breve trayecto por la carretera 955 acabó siendo el más extremo que realicé en todo el viaje. No me llevó a ninguna parte, pero me permitió probar tanto mis límites como los del coche.

Embarcadero en Fáskrúðsfjörður

Embarcadero en Fáskrúðsfjörður.

De regreso de mi fallido intento en la península de Vattarnes, hice una breve pausa en el Fosshotel Eastfjords, para intentar tomar un café. Tampoco hubo suerte, pero pude dar un breve paseo por la orilla del fiordo, aprovechando que el granizo se había ido tan repentinamente como había llegado. El día seguía siendo gris y el fiordo me recordaba mi llegada en barco a Seyðisfjörður, la mañana anterior, con el mundo limitado a una estrecha franja, blanca y negra, entre las nubes bajas y las gélidas aguas del fiordo. Pero, al igual que en la anterior jornada, todo apuntaba a que la niebla iba a levantar según avanzase la mañana.

Costa de Hafnarnes

Costa de Hafnarnes.

Regresé a la Ring Road, que me llevó por la orilla meridional del fiordo, de nuevo bajo un débil chubasco de aguanieve. Tras pasar el pequeño faro de Hafnarnes, llegué a mar abierto. Hice una nueva parada. Aunque la costa parecía interesante, el día seguía demasiado nuboso y gris. Seguí mi camino, atravesando la pequeña localidad de Stöðvarfjörður y bordeando el fiordo del mismo nombre, uno de los menos profundos de la región.

Y de pronto, según comenzaba a bordear la costa sur de la península de Kambanes, el tiempo cambió. Mar adentro, comenzó a clarear. Al principio, era poco más que una franja de resplandor dorado, justo por encima del horizonte. Poco después, las nubes comenzaron a dispersarse y el sol lograba abrirse paso entre sus jirones. Por unos instantes, hasta la espuma de las olas que rompían bajo mis pies brillaba bajo el tímido sol. Sus tibios rayos contrastaban con la dureza del entorno. Las empinadas laderas de piedra volcánica llegaban hasta el mar, donde se convertían en pequeños acantilados, sobre cuyas oscuras rocas destacaba el blanco de los carámbanos. El viento rompía las crestas de las olas, empapando los acantilados con su espuma. El espectáculo era sobrecogedor. Pero también fue breve. En poco más de media hora, las nubes que ocultaban las cimas rocosas de los montes Snæhvammstindur y Súlur, comenzaron a recuperar terreno, ensombreciendo el sol y trayendo de nuevo una débil llovizna.

En la antigua Ring Road

En la antigua Ring Road.

Reanudé mi ruta, en medio de un paisaje tan áspero como hermoso, apenas cubierto por jirones de nieve. Siempre con el mar a mi izquierda, rompiendo embravecido contra las escolleras, o remansado en el fondo de los fiordos. A mi derecha, las laderas de piedra volcánica desaparecían entre las nubes. Al frente, la carretera serpenteaba entre los campos vacíos, atravesando de vez en cuando alguna aldea o pasando junto a granjas aisladas. Poco después de las tres y media, llegué al último tramo sin asfaltar de la Ring Road. Un vestigio de la antigua carretera, que poco después fue reemplazado por un tramo asfaltado, acortando por un puente sobre el Berufjörður. El breve trayecto por la pista, de apenas seis kilómetros, fue un magnífico recordatorio de las duras condiciones de aislamiento en que vivía la comarca hasta hace unos cuanto años.

Sveinstekksfoss

Sveinstekksfoss.

Poco después de regresar al asfalto, me desvié hacia la última visita del día. La cascada de Sveinstekksfoss, en el valle de Fossárdalur. Tras un breve pero inclinado trayecto, de apenas 500 metros, llegué junto a Sveinstekksfoss. La belleza del lugar me dejó sin palabras. La cascada, parcialmente congelada, dejaba pasar un caudal de agua que, si bien inferior al que parece ser habitual, era suficiente para crear un interesante contraste entre las partes congeladas, y por tanto estáticas, y los chorros de agua, que brotaban entre el hielo. El río Fossá, que nace en el lago Lík­ár­vatn y da nombre al valle, tiene otras cascadas aguas arriba. Pero comenzaba a oscurecer. Consideré prudente no seguir avanzando, por una carretera que en cualquier caso no sabía si iba a estar bloqueada más adelante.

Hotel Frámtid

Hotel Frámtid.

Llegué a mi destino, el pequeño puerto de Djúpivogur, con las últimas luces del día. Había reservado habitación en el hotel Frámtid, que al primer golpe de vista me recordó vagamente al Snæfell, en el que había dormido la noche anterior. Pero resultó ser un lugar mucho más acogedor. El edificio principal fue construido durante el invierno de 1905 a 1906. Concebido como una tienda, posteriormente fue oficina de correos y escuela. En 1962 sus nuevos dueños lo convirtieron en hotel. Pero el edificio original tan solo es una parte del establecimiento. Mi habitación estaba hacia el este, en un ala de reciente construcción, edificada en madera, con unas habitaciones amplias y confortables. El hotel también tenía un acogedor restaurante, en el que disfruté de una sabrosa cena.

Puerto de Djúpivogur

Puerto de Djúpivogur.

Después de cenar, intenté dar un breve paseo por Djúpivogur. Pero todo el entorno del hotel era una placa de hielo. No me apetecía volverme a poner los crampones y mucho menos sufrir una caída. Al final, me limité a salir a la terraza de madera del hotel y disfrutar durante unos minutos de la paz que se respiraba en el lugar. Repasando el día, éste había dado bastante de sí. A pesar de la adversa meteorología, había podido completar el recorrido en el tiempo previsto, disfrutando del paisaje y de las hermosas vistas en Kambanes y en Sveinstekksfoss. Por último, había comprobado mis límites y los de mi vehículo en condiciones complicadas, recorriendo el último tramo sin asfaltar de la Ring Road y conduciendo sobre una carretera completamente congelada, al este de Fáskrúðsfjörður. No estaba mal para la primera jornada en Islandia.

Seyðisfjörður

Egilsstaðir

Fáskrúðsfjörður

Kambanes

Sveinstekksfoss

Djúpivogur

Para ampliar la información:

El blog Marina-Paul.com también recorre la zona en invierno: http://marina-paul.com/los-fiordos-del-este-de-islandia-en-8-paradas/

En cambio, en PrepararMaletas, los visitan en verano (https://www.prepararmaletas.com/2016/10/islandia-dia-4-fiordos-del-este.html), al igual que en Viajeros Callejeros (https://www.viajeroscallejeros.com/los-fiordos-del-este-de-islandia-y-egilsstadir/).

En Mi Baúl de Blogs dedican una entrada a la cascada de Sveinstekksfoss: https://www.mibauldeblogs.com/cascada-de-sveinsstekksfoss/.

En inglés, la web oficial de turismo de Austurland está en https://www.east.is.

Muy recomendable la larga entrada del blog bite of iceland: https://www.biteoficeland.com/east-fjords-iceland/.

También es interesante visitar las webs travelade (https://travelade.com/iceland/stories/guide-eastfjords/) e Iceland Travel (https://www.icelandtravel.is/east-iceland/).

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