La zona en torno a Parga ha estado habitada al menos desde la Edad del Bronce. Pero la ciudad actual nace en 1360, cuando sus habitantes abandonan su ubicación original, en las laderas del monte Petzovolio, buscando un lugar fácilmente defendible. En 1401 Parga entra en la órbita de la República de Venecia y se construye su primera fortaleza. La ciudad cambió de manos varias veces, durante el largo conflicto entre venecianos y otomanos. En 1572, de nuevo bajo dominio veneciano, se edifica por tercera y última vez el castillo. Esa fortaleza, que nunca fue conquistada, es la que todavía hoy corona la ciudad. Venecia desapareció como estado independiente en 1797 y Parga se convirtió en moneda de cambio entre franceses, británicos y otomanos. Un episodio especialmente doloroso para sus habitantes fue la venta de la ciudad por los británicos a Alí Pasha, un gobernador otomano famoso por su crueldad, en 1819. Toda la población emigró a Corfú, entonces protectorado británico. Parga continuó bajo el dominio otomano hasta fecha tan reciente como 1913, cuando por fin se incorporó al estado griego.

Los dos castillos de Parga desde el mar

Los dos castillos de Parga desde el mar.

Avistamos Parga pasadas las seis de la mañana, cuando el sol todavía intentaba salir sobre las montañas del Epiro. Frente a la proa de Le Lyrial, entre la oscura vegetación, destacaba una pequeña aglomeración de casas multicolores. Al oeste de Parga, el antiguo castillo veneciano apenas era distinguible entre los pinos que han crecido en su recinto. Por contra, unos tres kilómetros mas al oeste, podíamos ver una fortaleza erguida en lo alto de un monte, dominando el paisaje. Anthoussa fue mandada edificar por Alí Pasha en 1814, cuando Parga era una posesión francesa, con la intención de intimidar a los habitantes de la única ciudad del Epiro que escapaba a su control.

Castillo de Parga desde el puerto

Castillo de Parga desde el puerto.

Le Lyrial fondeó en una bahía frente a Parga, al otro lado del islote de Panagia. Tras desayunar tranquilamente en cubierta, disfrutando de la espléndida vista, desembarcamos a las 8:30. Nuestra primera visita era el castillo. Después de dar un paseo por la parte occidental del pequeño puerto, nos adentramos en el laberinto de callejuelas buscando una que nos llevara a la puerta de la fortaleza veneciana. No fue difícil encontrar el camino. Bastaba con ir siempre cuesta arriba.

Playa de Valtos

Playa de Valtos.

A pesar de subir con calma, llegamos frente a la puerta del castillo sobre las nueve. Todavía estaba cerrada. Mientras esperábamos la apertura, dimos un paseo por la zona. Desde la parte alta de la ciudad había una espléndida vista de la costa, con la playa de Valtos en primer término. La playa mas famosa de Parga se ubica en una amplia bahía, flanqueada al oeste por el cabo Ákra Keladió y al este por la roca sobre la que se asienta la fortaleza. Debido a la hora tan temprana, Valtos estaba casi desierta, pero la gran cantidad de sombrillas y tumbonas que ocupan buena parte de su superficie son seña de su popularidad. También aprovechamos para tomar un magnífico café en la terraza de Brazilian Green Cup, un acogedor local en uno de los callejones próximos al castillo.

Embarcaciones turísticas en el puerto de Parga

Embarcaciones turísticas en el puerto de Parga.

La camarera del café nos comentó que solían abrir el castillo sobre las 9:30. Decidimos añadir diez minutos de margen, a pesar de lo cual cuando llegamos éste seguía cerrado. Una docena de personas esperaban su apertura junto a la puerta. Nos entretuvimos disfrutando del panorama sobre el puerto de Parga, en el cual se apreciaba una actividad frenética. En el muelle donde habíamos desembarcado apenas una hora antes, se amontonaban varias embarcaciones. Algunas eran semejantes a las típicas golondrinas que podemos ver en muchos puertos españoles. Por contra, otras aparentaban ser barcos de pesca reconvertidos. Todas tenían en común sus cubiertas abarrotadas de gente. Se trataba de los barcos que llevan a los bañistas a las populares playas de Parga, desde la cercana Valtos hasta las mas alejadas Lichnos y Sarakiniko. Parga parecía estar despertando de su letargo matinal.

Vista desde el castillo de Parga

Vista desde el castillo de Parga.

Finalmente, con quince minutos de retraso, abrieron la verja de entrada. Tras superar las dos puertas del castillo, flanqueadas por carteles advirtiendo al visitante de los peligros del lugar y dejando claro que entraba bajo su propia responsabilidad, llegamos a una amplia explanada, desde la que se contemplaba una magnífica vista de la costa hacia el sur. Mas allá del islote de Panagia fondeaba Le Lyrial. El panorama se extendía hasta las islas de Paxos y Antipaxos, difuminadas en la bruma. La tranquilidad de la escena contrastaba con la agitación que habíamos visto en el puerto unos minutos antes.

Interior del castillo de Parga

Interior del castillo de Parga.

La explanada estaba completamente cubierta por la sombra de un bosque de pinos, que ha ocupado gran parte del recinto del castillo. En un edificio, con aspecto de antiguos barracones reconstruidos, había un café y una pequeña tienda de recuerdos. Lo dejamos atrás, mientras nos dirigíamos hacia el oeste, siguiendo los restos de la muralla exterior. El estado de la fortaleza es bastante precario, con muchos muros derruidos y la vegetación adueñándose lentamente de los que quedan en pie. A corto plazo, el escenario era realmente hermoso. Parecía sacado de un grabado del Romanticismo. A la larga, no creo que las ruinas puedan soportar muchos mas años en esas condiciones.

El sendero era cada vez mas estrecho y mas escabroso, hasta que llegó un momento que Olga decidió no seguir adelante. Quedamos en reunirnos en la terraza del café del castillo. Continue bordeando el costado occidental de la fortaleza. El camino prácticamente desaparecía entre la maraña de vegetación, pero finalmente conseguí encontrar la forma de subir a la parte superior del recinto. Ésta parecía encontrarse en mejor estado que la parte inferior, imagino que por la mayor solidez de sus muros, ya que la sensación de abandono era similar. Había que ir con mucha precaución, pues en algunos lugares, difíciles de apreciar a simple vista, se caminaba sobre antiguas bóvedas, en las que había mas de una abertura. A cambio, era posible andar libremente por las ruinas, entrando en las galerías o subiendo a lo mas alto de la torre principal.

Descendiendo del castillo de Parga

Descendiendo del castillo de Parga.

Tras pasar un buen rato explorando el corazón de la fortaleza, emprendí el regreso. Encontré otro camino, que resultó ser el antiguo acceso principal a la parte alta del castillo. Era una calzada ancha y empedrada, que descendía zigzagueando entre los muros interiores. Pero precisamente esas piedras eran el problema. Siglos de uso habían pulido su superficie, volviéndolas peligrosamente resbaladizas. Al final, tuve que descender con sumo cuidado, buscando los lugares en los que no había piedras o éstas estaban cubiertas de tierra. Creo que hubiera sido mejor hacer el recorrido en sentido contrario, ascendiendo por la calzada, que comienza cerca del café del castillo, y regresando por el sendero que bordea la muralla por el oeste. En cualquier caso, la visita a la fortaleza fue con diferencia lo mejor del día. La belleza del lugar, sus magníficas vistas, la tranquilidad del entorno y la sombra de su tupido bosque se conjugaron para crear una experiencia muy agradable.

Semisumergible de Parga

Semisumergible de Parga.

Regresamos al puerto y decidimos que era buen momento para darnos un refrescante chapuzón, antes de seguir la visita. Parga tiene dos playas integradas dentro de su casco urbano. Krioneri un poco al este del puerto, frente al islote de Panagía, y Piso Krioneri todavía mas al este, en una recogida cala. A priori, ambas prometían, ubicadas en un entorno muy escénico, con abundantes rocas e islotes. Pero ninguna nos convenció. Puede que influyera nuestra mas reciente experiencia, en las tranquilas e inmaculadas calas de Hydra e Ítaca. Las playas de Parga, además de masificadas, nos dieron la sensación de no tener el agua limpia y cristalina a las que Grecia nos tiene acostumbrados. Al final, no nos bañamos. Por contra, acabamos subiendo a un semisumergible que, saliendo del único muelle de Parga, hacía un recorrido entorno al islote de Panagía y las rocas adyacentes. El recorrido nos dejó un sabor agridulce. Fue entretenido, pero ni los fondos marinos, ni la fauna, ni la transparencia del agua nos parecieron excepcionales.

Interior de Paragaea Old Olive Oil Factory

Interior de Paragaea Old Olive Oil Factory.

La última lancha de Le Lyrial zarpaba a las 14:30, por lo que el tiempo se nos estaba agotando. Aunque, para ser sinceros, también se agotaban las posibilidades de Parga. Decidimos dar una vuelta por el interior, encaminándonos a Agios Nikolaos, su iglesia principal. Que resultó ser un edificio sin mayor interés. Callejeando de regreso al puerto, nos dimos de bruces con Paragaea Old Olive Oil Factory. El lugar es una antigua almazara, reconvertida en una mezcla de museo, tienda y restaurante. El museo, aunque pequeño, era bastante atractivo, con una buena colección de maquinaria antigua en perfecto estado de conservación. Nos ofrecieron la posibilidad de unirnos a una visita guiada, que aparentaba ser muy interesante, pero ya no nos quedaba tiempo disponible.

Navegando frente a Ákra Keladió

Navegando frente a Ákra Keladió.

Zarpamos a las tres de la tarde, rumbo a Kotor. Teníamos por delante una tarde entera de navegación por el canal de Corfú, que ya habíamos recorrido en sentido contrario un par de años atrás. Por una vez, Le Lyrial debía hacer una travesía relativamente larga, superior a los 400 kilómetros, hasta llegar a su siguiente escala. Además, nos anunciaron una breve parada, aparentemente por motivos burocráticos, en Igumenitsa, el principal puerto del oeste de Grecia. En consecuencia, en vez de navegar con la parsimonia a la que nos tenía acostumbrados, Le Lyrial se alejó de Parga a una velocidad de crucero de 13 nudos. Nos despedimos de Parga frente a Ákra Keladió. En lo alto del cabo, la solitaria torre del monasterio de Vlacherna sobresalía entre las copas de los pinos. Mas allá, la fortaleza de Anthoussa dominaba el paisaje, como si quisiera recordarnos por última vez la agitada historia de Parga. La pequeña ciudad que pasó siglos resistiendo los embates del Imperio Otomano, para ser traicionada y vendida, en contra del deseo de sus habitantes, a uno de los déspotas mas crueles de su época.

Muelle

Brazilian Green Cup

Castillo

Playa de Krioneri

Playa de Piso Krioneri

Agios Nikolaos

Paragaea Old Olive Oil Factory

Algunos vínculos útiles:

La web 101 lugares increíbles tiene un artículo sobre Parga: https://viajes.101lugaresincreibles.com/2013/02/un-pueblo-congelado-en-el-tiempo-en-grecia-parga/.

El blog Escapes por el mundo tiene una entrada sobre la ciudad: http://escapesporelmundo.com.ve/parga-magia-la-costa-jonica/.

También hay algo de información en miviaje: https://miviaje.com/parga-en-grecia-pintoresca-colorida/.

En inglés, el blog Cherrylynn tiene una enorme galería fotográfica: https://cherrylsblog.com/2017/10/29/parga-greece-epirus-preveza-travel-greek/.

Muy recomendable visitar PargaPortal: http://www.pargaportal.com.

En la interesante web Kastrologos hay una entrada sobre el castillo de Parga (https://www.kastra.eu/castleen.php?kastro=parga) y otra sobre el de Anthoussa (https://www.kastra.eu/castleen.php?kastro=anthousa).

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