Nuevo amanecer en el Ártico. Navegábamos por Rolvsøysundet, el amplio canal que separa la isla de Rolvsøya del continente. Durante la madrugada habíamos hecho escala en Øksfjord y Hammerfest. Ahora nos dirigíamos hacia Havøysund, un diminuto puerto pesquero en la isla de Havøya. A la luz del alba, el paisaje presentaba un aspecto inhóspito. Montañas no muy altas, pero completamente peladas, con sus laderas parcialmente cubiertas por una tenue capa de nieve, que dejaba entrever las rocas. Aunque el día era sereno, con un cielo prácticamente despejado y un viento que apenas se dejaba notar. Una extraña quietud parecía haberse apoderado del ambiente.

Navegando por Rolvsøysundet

Navegando por Rolvsøysundet al amanecer.

Al contrario que en la anterior jornada, la ruta de Hurtigruten discurría por zonas de mar relativamente abierto. Seguíamos navegando entre islas, pero ahora estaban separadas por amplios canales. Por el costado de babor se podía ver, en alta mar, el lejano horizonte. Hasta las barreras de escollos, tan habituales mas al sur, habían desaparecido. El entorno era distinto, mucho mas áspero, que el de días anteriores. Y hacía frío. Había que andar con cuidado por la cubierta de proa, cuyo suelo comenzaba a acumular hielo. Ahora si, estábamos en pleno Ártico. Tanto desde el punto de vista geográfico (al norte de los 66° 33’) como del climatológico (la temperatura media del mes mas cálido no llega a los 10ºC).

Muelle de Havøysund

Muelle de Havøysund.

Havøya, está separada del continente por un estrecho brazo de mar, sobre el que se ha construido un puente. Pero en este caso el Finnmarken bordeó la isla por el norte, buscando aguas mas profundas. En su parte occidental, Havøysundet no alcanza ni los cuatro metros de profundidad. Inferior a los 4,8 metros de calado del buque. Havøysund es poco mas que unas cuantas factorías pesqueras, con un muelle y un grupo de casas al lado. La vista desde el Finnmarken, mientras nos aproximábamos al muelle, era cuando menos desoladora. El centro de la localidad apenas se adivinaba hacia el oeste, oculto tras una colina rocosa. Frente a nosotros no había mas que un muelle de hormigón, con su superficie congelada, una nave industrial, a la vez almacén y oficinas del puerto, y una hilera de casas situada entre una carretera helada y una ladera de roca desnuda, parcialmente cubierta por la nieve. Y, sin embargo, la misma dureza de la escena la hacía atractiva. Me pareció la viva imagen de la vida al límite. Una demostración de la capacidad del ser humano de adaptarse a las condiciones mas extremas.

Costa meridional de Måsøya

Costa meridional de Måsøya.

Zarpamos de Havøysund a las 9:15, tras una escala de 30 minutos en la que no bajé del barco. Tras una breve navegación con rumbo este, en poco mas de media hora nos aproximábamos a al extremo sudoccidental de Måsøya. La pequeña isla, apenas habitada por 40 personas, está completamente aislada del continente. Aquí no hay ni puente ni túnel que la unan al resto de Noruega. Pasamos muy cerca de su orilla, formada por una pared de rocas rojizas. Tan cerca, que la sombra del Finnmarken se proyectaba sobre la isla. Apenas había viento y el sol comenzaba a brillar en un cielo azul. Por un momento, navegando frente a las rocas apenas cubiertas de nieve y bañadas por una luz cálida, olvidé que estábamos en el Ártico. Aunque, todo hay que decirlo, me ayudó estar a sotavento del barco y vestido con cuatro capas de ropa.

Bismarhallen, en el sur de Magerøya

Bismarhallen, en el sur de Magerøya.

Tras dejar atrás Måsøya, atravesamos el Måsøyfjorden rumbo a Magerøysundet, el canal que separa Magerøya del continente. En el extremo septentrional de la isla de Magerøya está Cabo Norte, popularmente considerado el punto mas boreal de Europa, aunque en realidad no lo sea. Magerøya está unida al continente mediante un túnel, que pasa bajo el extremo oriental de Magerøysundet, por el que atraviesa la carretera E69. El Finnmarken navegó por Magerøysundet entre un cielo despejado y un mar de un azul intenso, que contrastaba vivamente con el blanco de la nieve. A babor, el sol del amanecer iluminaba las laderas. Me sorprendió encontrar algunas casas dispersas junto a la orilla. Que además parecían estar habitadas, pues en sus proximidades se podían apreciar huellas recientes de pisadas en la nieve.

Llegando a Honningsvåg

Llegando a Honningsvåg.

Finalmente, tras uno de los ratos de navegación mas placenteros de todo el viaje, llegamos junto a la pequeña isla de Store Altsula. Según alcanzábamos su extremo oriental, se fue revelando lentamente la silueta de Honningsvåg, donde ya había estado en el verano de 2015. A pesar de acercarnos desde el lado opuesto y de la capa de nieve que lo cubría todo, el paisaje me resultó familiar. Un grupo de casas junto a un puerto orientado hacia el sur, todo ello protegido de los gélidos vientos del norte por las colinas de la isla de Magerøya. En los dos extremos de la pequeña ciudad, las barreras contra las avalanchas eran perfectamente distinguibles. Mas aun que en verano, pues ahora resaltaban sobre el fondo blanco. Al igual que una pequeña plantación de coníferas, que se aferraban a la vida entre las barreras mas occidentales, a pesar de estar mas allá del límite septentrional de la zona arbolada. Incluso, según nos aproximábamos al puerto, pude apreciar la estatua de Knut Erik Jensen, apenas un punto negro en una pequeña llanura nevada desde la que se disfruta de una magnífica vista sobre Honningsvåg y su entorno.

Honningsvåg en invierno.

Emplee las tres horas y media de escala en Honningsvåg en dar un paseo por la ciudad y hacer algunas compras de emergencia. Podía haber ido a Cabo Norte, pero recordaba lo agradable que había sido recorrer sus tranquilas calles en verano y preferí repetir la experiencia bajo un manto de nieve. Aunque mis expectativas no se cumplieron del todo, no fue una mala elección.

Zarpamos, como estaba previsto, quince minutos antes de las tres de la tarde. Después de un día breve, como corresponde al Ártico en invierno, pero con una luz increíblemente intensa para la latitud y la fecha, finalmente llegaba el atardecer. Y con el comienzo del crepúsculo, regresó la normalidad. El cielo recuperó esa luz tan peculiar y hermosa, que hace todavía mas atractivo el Ártico durante los meses invernales. Según nos alejábamos del puerto, el horizonte adquirió un tono rosáceo, mientras una luz suave iluminaba el paisaje. No pude evitar recordar mi anterior estancia en Honningsvåg, cuando zarpamos sobre las dos de la madrugada, en medio de un hermoso amanecer, indistinguible del atardecer del día anterior, en un día sin noche. Sin duda el Ártico es un lugar lleno de magia.

Atardecer frente a Sværholt

Atardecer frente a Sværholt.

El Finnmarken navegó con rumbo este, hacia Kjøllefjord, nuestra primera escala en Nordkinnhalvøya, la península mas septentrional de Europa. Sobre las cuatro de la tarde, con las últimas luces del día, pasamos junto al extremo septentrional de la península de Sværholt. Navegábamos por el mar de Barents, que se extiende desde Cabo Norte, en Noruega, hasta el archipiélago de Nueva Zembla, en Siberia. Y que, por el norte, llega hasta Svalbard y la Tierra de Francisco José. Tuve la sensación de estar adentrándome en uno de los extremos del mundo. Mientras, a proa, se podían ver en la distancia los acantilados nevados de Nordkinnhalvøya. No por mucho tiempo: media hora mas tarde nos alcanzó la noche.

Kjøllefjord

Kjøllefjord.

Llegamos a Kjøllefjord con diez minutos de retraso. Desde lejos, el pequeño asentamiento, con menos de mil vecinos, presentaba un aspecto extraño. En medio de una noche negra como pocas, su alumbrado público refulgía con una intensidad que me pareció desmedida. Incluso permitía entrever las ásperas colinas circundantes. Quizá el exceso de luz era su forma de contrarrestar la dureza del entorno, que se hacía evidente según nos acercábamos al muelle. Éste se asienta en una pequeña península, por cuyo istmo cruza la carretera 894, que une Kjøllefjord con el resto del mundo. Una valla metálica, un pequeño almacén y, como siempre, un reducido grupo de personas esperando el barco. Algunas trabajaban en el puerto. Otras acudían a recoger algún conocido que llegaba en el Hurtigruten. Una subió al barco. Según el Finnmarken se acercaba al final de su ruta, se iba haciendo mas evidente su importancia como vínculo de unión entre los remotos asentamientos del extremo oriental de Noruega.

Al zarpar, recuperamos la mitad del retraso con el que habíamos llegado. La escala se vio reducida a unos escasos diez minutos. Aproximadamente una hora después, el Finnmarken navegaba frente al cabo Nordkinn, el autentico extremo septentrional del continente europeo. Aunque, en la oscuridad de la noche, era absolutamente imposible apreciar nada. Únicamente pude ver la luz intermitente de la baliza ubicada en el cercano islote de Avløysa.

Mehamn

Mehamn.

Nuestra siguiente escala era Mehamn, otra remota población, que no llega a los 800 habitantes, al fondo de un pequeño fiordo que lleva su nombre. Aquí el muelle es el punto final de la carretera 888. Mehamn es la escala mas septentrional de Hurtigruten. Durante la aproximación al puerto, me llamó la atención que el Finnmarken encendió sus reflectores de proa, iluminando la bocana mientras maniobraba para acercarse al muelle. No pude averiguar el motivo. Unos minutos después, atracábamos en un muelle casi desierto. La única presencia humana eran el conductor de la carretilla elevadora que, como en muchas escalas, también se encargaba de ayudar con las amarras del buque, un par de operarios y una chica que esperaba sobre el pavimento congelado para subir al Finnmarken.

Tras partir de Mehamn, nos internamos en la oscuridad de la noche. En principio, además de cenar y descansar, no había mucho que hacer antes de llegar a Berlevåg, la última escala del día. Pero volvimos a tener sorpresa. Poco después de las ocho, hubo una aurora boreal. De nuevo salió todo el pasaje a cubierta y otra vez se descontroló totalmente la cena. La aurora era un poco mas intensa que la de dos noches antes y duró bastante mas. Los suficiente como para que, tras disfrutar un rato de su visión, decidiera ir a por la cámara y el trípode para intentar hacer alguna foto. No logré ninguna decente, pero la experiencia me sirvió para comprender que fotografiar una aurora boreal no es cosa sencilla, sobre todo desde un barco en movimiento. Tendría que investigar algo mas. Entre auroras (mas tarde hubo otra), la cena y la escala en Berlevåg, la noche fue bastante ajetreada. Sería la tónica durante lo que quedaba de viaje.

Øksfjord

Hammerfest

Havøysund

Måsøya

Magerøysundet

Honningsvåg

Kjøllefjord

Cabo Nordkinn

Mehamn

Berlevåg

Algunos vínculos útiles:

En Hurtigruten en invierno, la guía completa, he preparado una recopilación de todos los artículos del blog sobre mi viaje en el MS Finnmarken.

En el blog Andén 27 se describe el mismo itinerario en verano: http://anden-27.blogspot.com/2016/03/hurtigruten-dia-6-y-7.html.

La web oficial de turismo de Noruega también tiene una página dedicada al expreso de la costa: https://www.visitnorway.es/organiza-tu-viaje/como-moverse/en-barco/hurtigruten/.

La página del representante de Hurtigruten para España y Portugal está en http://www.hurtigrutenspain.com/noruega/viajes-clasicos/bergen-kirkenes-bergen/, aunque no permite hacer reservas, solo ver información y solicitar presupuestos.

En inglés, la web oficial está en https://global.hurtigruten.com/destinations/norway/classic-round-voyage-bergen-kirkenes-bergen. Aquí si se pueden ver los camarotes disponibles y hacer la compra en línea.

La página de turismo de Cabo Norte está en http://www.nordkapp.no/en/.

La península de Nordkyn tiene una web con información turística: https://visitnordkyn.com.

En https://arcticcoast.no/en/about-nordkinn/thestory hay una página interesante para el que quiera conocer la historia y la cultura de la zona.

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