Por segunda vez en mi vida estaba en Flåm, bajándome de un barco y encaminándome a la cercana estación de tren para subir en el Flåmsbana. El Ferrocarril de Flåm, considerado uno de los trayectos en tren mas hermosos del mundo, me había decepcionado en el verano de 2015. Sin embargo, al final había decidido darle una segunda oportunidad. En parte debido a que había escuchado que la experiencia en invierno era radicalmente distinta y en parte porque el trayecto en tren formaba parte de “Norway in a nutshell”, la forma mas cómoda de visitar el Nærøyfjord desde Bergen.

Interior del Ferrocarril de Flåm

Interior del Ferrocarril de Flåm.

En cualquier caso, acababa de bajar del Fanaraaken, el ferry en el que había realizado el trayecto desde Gudvangen, en el fiordo de Nærøy. Me dirigía con pies de plomo hacia el ferrocarril, con cuidado de no resbalar sobre la nieve helada. Al contrario que en verano, Flåm parecía una ciudad desierta, en la que además había comenzado a nevar. Casi congelado tras pasar dos increíbles pero gélidas horas en la cubierta del Fanaraaken, opté por ir directamente al tren, sentarme e intentar entrar en calor. Además de la intensa nevada, las diferencias con el trayecto en temporada alta se iban haciendo evidentes. El convoy era notablemente mas corto que el que realiza el recorrido en verano. Y, lo mas importante, cuando entré al vagón lo encontré prácticamente vacío, con una pareja joven como única compañía. Nada que ver con la masificación estival.

Flåmsdalen

Flåmsdalen.

La media hora que tardó en arrancar el tren fue como un bálsamo. Descansé y entré en calor de forma que, cuando el Flåmsbana se puso en movimiento, estaba como nuevo. Igualmente nuevo me pareció el paisaje que podía ver por la ventana del tren. La nieve había trasmutado el Flåmsdalen, por el que transcurre la parte inicial del recorrido, convirtiéndolo en una hermosa estampa invernal. Dentro del vagón, prácticamente vacío, no había ningún problema en ir de un lado a otro buscando la vista mas atractiva. Tampoco lo hubo en bajar la ventana, a pesar del intenso frío del exterior y de la nieve que, de vez en cuando, se arremolinaba y entraba en el vagón. En cualquier caso el tren avanzaba lentamente. Sacar la cabeza por la ventana y sentir el aire frío y la nieve incrementaba el disfrute del trayecto.

Kjosfossen en invierno

Kjosfossen en invierno.

Al igual que en verano, el Flåmsbana hizo una parada en Kjosfossen, donde es posible bajar del tren y ver la cascada. O imaginarla, ya que en realidad estaba completamente congelada y cubierta por la nieve. De las rocas vecinas colgaban grandes carámbanos de hielo, que palidecían en comparación con los que había sobre el túnel del ferrocarril. Afortunadamente, tampoco encontré la mas mínima señal de la Huldra que, en temporada alta, “ameniza” la parada con una danza que, personalmente, cuando la vi me hizo sentir vergüenza ajena. Otra diferencia era la cantidad de personas que había en el mirador. La avalancha humana estival había desaparecido y seríamos aproximadamente media docena los que nos atrevimos a bajar sobre la nieve helada para disfrutar del paisaje.

Casa en Vatnahalsen

Casa en Vatnahalsen.

Tras la parada, llegamos a la parte mas intrincada del Flåmsbana. El trayecto recorre lo que se podría describir como un doble lazo, pasando un par de veces sobre si mismo, mientras toma altura. Buena parte de este sector transcurre por túneles o bajo galerías de protección contra los aludes. Por tanto, aun siendo la parte mas brillante desde el punto de vista técnico, sobre todo teniendo en cuenta que el trazado fue construido entre 1924 y 1940, no es la mas atractiva. Cuando el tren llegó a la estación de Vatnahalsen, a 811 metros de altura, el paisaje se había vuelto si cabe mas invernal. La nieve que lo cubría todo aquí tendría al menos medio metro de espesor, llegando en algunos casos hasta las ventanas de las casas que se desperdigaban por el campo. Otras casas lucían, como si fueran joyas, hileras de carámbanos que llegaban desde la azotea al suelo.

Esperando el tren en Myrdal

Esperando el tren en Myrdal.

Finalmente llegamos a la estación de Myrdal, a 866 metros de altura. El ferrocarril había empleado unos 45 minutos en recorrer 20 kilómetros, con un desnivel de 864 metros. El trayecto de ancho normal mas inclinado de Europa. Al contrario que en verano, cuando llegué a Myrdal no había ningún convoy esperando. El tren en el que haría la última etapa del trayecto tenía prevista su llegada en quince minutos. Seguía nevando, aunque con menos intensidad que en el Flåmsdalen. En cualquier caso, preferí quedarme en el exterior de la estación, disfrutando de la quietud del entorno, hasta que, puntualmente, apareció el tren que debía llevarme a Bergen.

Al final, el recorrido invernal en el Ferrocarril de Flam, sin estar al nivel del increíble trayecto en ferry por el Nærøyfjord, fue muy interesante y agradable. Nada que ver con lo que había vivido en verano. Al contrario que en temporada alta, en invierno el Flåmsbana es una experiencia perfectamente recomendable para cualquiera que quiera conocer Noruega mas allá de los fiordos. Combinada con el resto del recorrido de “Norway in a nutshell“, creo que es una de las mejores opciones para pasar un día inolvidable partiendo desde Oslo o Bergen.

Flåm

Kjosfossen

Myrdal

Algunos vínculos útiles:

Página sobre el ferrocarril en la web oficial de turismo de Flåm: https://www.visitflam.com/es/flamsbana/.

En inglés, se pueden comprar los tickets, en la página de los ferrocarriles noruegos: https://www.nsb.no/en/frontpage.

La página de Norway in a nutshell está en https://www.norwaynutshell.com.

La Wikipedia tiene una entrada interesante sobre el ferrocarril, que por desgracia no está traducida al español: https://en.wikipedia.org/wiki/Flåm_Line.

La televisión noruega ha grabado el recorrido completo desde la locomotora, en sentido descendente (Myrdal – Flåm), aparentemente a finales de primavera. Se puede ver en https://youtu.be/TFqYZJWVTto.

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