El concepto de “overnight”, que se podría traducir al español como “pasar la noche” va cobrando poco a poco popularidad en el mundo de los cruceros. Básicamente consiste en que el barco, en vez de atracar por la mañana y zarpar la tarde, pasa la noche en puerto, partiendo al día siguiente. De este modo, se solventa una de las pegas que se suele poner a este tipo de viaje: al estar solo unas horas en cada puerto, no puedes conocer a fondo una ciudad y, sobre todo, te pierdes su ambiente nocturno. En ciertas ciudades, como San Petersburgo, algunos barcos están pasando dos noches seguidas. Hacer un “overnight” en el puerto de partida tiene su cara y su cruz. En la parte positiva, te permite llegar con un día de margen (algo muy recomendable para evitar disgustos), sin el engorro de tener que ir a un hotel para mudarte al barco al día siguiente. Por contra, si realmente quieres conocer la ciudad desde la que sale el crucero, es tan sencillo como buscar un hotel e ir uno o dos días antes. Luego tendrás que cambiarte al barco, pero al menos es perfectamente realizable. Hacerlo en una escala es sencillamente imposible. Por este motivo, personalmente creo que son preferibles los “overnight” durante escalas intermedias.

El caso es que, por motivos que ya he explicado, acabamos llegando a Venecia un día antes de la fecha de embarque, e hicimos noche en un hotel de la ciudad. Al día siguiente, tras dar un paseo por Venecia y comer junto a Rialto, fuimos al hotel a recoger las maletas y, desde allí, nos dirigimos al barco, cogiendo el vaporetto y luego el monorraíl de Piazza di Roma. El embarque fue como la seda. Al estar el barco un día y medio atracado en Venecia, había tiempo de sobra para embarcar tranquilamente a todo el pasaje, que iba llegando de forma muy escalonada. Una vez acomodados en el camarote, dimos una primera vuelta por el barco, esperando a que cayera un poco el sol y refrescase. También pasamos un rato agradable en la terraza del camarote, contemplando el continuo ir y venir de los barcos por la laguna. Lo mas curioso fue ver pasar una regata de góndolas, relacionada con las celebraciones del Redentore.

Estábamos cansados, pero no pudimos resistir la novedad de salir del barco y no tener hora límite de regreso. Como no era aconsejable seguir andando demasiado, decidimos simplemente ir a ver atardecer en San Marco. Cogimos la linea de Alilaguna, que nos llevó a través del canal de Giudecca. Un paseo precioso. Como nota curiosa, todavía estaba montado el pontón provisional que, durante la fiesta del Redentor, une Giudecca con el resto de Venecia. Cuando llegamos a San Marco la marea humana que habíamos visto por la mañana estaba remitiendo. Dimos una vuelta por la Riva degli Schiavoni, hasta las inmediaciones de la iglesia de la Pietá, mientras se hacía de noche. Pero el tobillo de mi mujer empezaba a dar síntomas de decir basta. Decidimos volver al barco.

Terminal Marittima de Venecia desde la cubierta del Eurodam.

Al día siguiente, pensamos que lo mas prudente era tomárnoslo con calma. Teníamos muchos días por delante y no parecía conveniente seguir moviéndonos tanto, forzando el tobillo de Olga. Además, íbamos a estar varios días en Venecia a la vuelta. Con el barco atracado, prácticamente todo el pasaje estaba en tierra. Teníamos el Eurodam prácticamente para nosotros. Mientras mi mujer descansaba en el camarote, pasé la mañana recorriendo los salones vacíos del barco, aprovechando para buscar las salidas a las distintas cubiertas y terrazas exteriores.

A las cuatro de la tarde, como estaba previsto, zarpamos de Venecia. Navegar en un crucero por el canal de Giudecca es una experiencia única. El barco, escoltado por remolcadores, avanza muy lentamente. Hay tiempo de sobra para disfrutar de la vista y la interesante perspectiva de la ciudad desde las cubiertas superiores. Dejamos una cámara en la terraza del camarote grabando un timelapse (que posteriormente, en un alarde de destreza tecnológica, borré) y nos fuimos hacia proa. Buscamos, en la cubierta 6, una amplia terraza debajo el puente de mando del Eurodam. Estábamos prácticamente solos. Mas abajo, en la misma proa del barco, algunos miembros de la tripulación aprovechaban para disfrutar del espectáculo. Tardamos algo mas de cuarenta y cinco minutos en llegar a la altura de San Marco y treinta y cinco adicionales en alcanzar mar abierto, en Punta Sabbioni. Casi hora y media navegando por la laguna de Venecia, uno de los trayectos mas hermosos que se puede hacer en un crucero.

Terminal Marítima

Punta Sabbioni

Algunos vínculos útiles:

Página de la terminal de cruceros de Venecia (en inglés): http://www.vtp.it/en/operators/cruises/

La página reidsitaly tiene una entrada muy informativa sobre cómo llegar a la terminal de cruceros: http://www.reidsitaly.com/destinations/veneto/venice/planning/to_by_ship.html

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