No me gustaba Amsterdam. La había visitado en tres ocasiones, la primera vez siendo un adolescente, sin haber logrado encontrar su encanto. Además, tenía que volver a visitarla, esta vez por motivos de trabajo, en menos de un mes. Por último, la escala no era demasiado larga, apenas 6 horas. Así que tomamos la decisión de hacer una visita tranquila, sin acudir a ninguna de las grandes atracciones turísticas de la ciudad que, o bien ya conocíamos, o bien podríamos visitar con mas calma en Septiembre. Básicamente planeamos dar un largo paseo por los canales, sin rumbo fijo.

Llegando a Amsterdam

La moderna terminal de cruceros de Amsterdam está muy bien situada, cerca del centro de la ciudad. A pesar de esto, al no tener demasiado tiempo, decidimos coger un taxi hasta la Plaza Dam, a poco mas de un kilómetro y medio en linea recta. Cuando llegamos era muy pronto, sobre todo para ser sábado, por lo que estaba prácticamente vacía. Desde allí, a través de Paleisstraat, nos encaminamos sin prisa hacia el Prinsengracht.

Keizersgracht

Los cinco cinturones de canales concéntricos de Amsterdam son fruto de una cuidada planificación urbanística y en su mayor parte se construyeron de forma prácticamente simultánea a lo largo del siglo XVII. Prinsengracht es el cuarto canal, nombrado en honor de Guillermo el Taciturno, Príncipe de Orange, el líder mas destacado de la revuelta holandesa contra los Habsburgo españoles. Al estar un poco mas alejado del centro, es una zona bastante tranquila, a pesar de que la casa de Ana Frank, una de las visitas obligadas de Amsterdam, se encuentra en sus orillas.

Prinsengracht

Llegamos al canal a la tura de Westerkerk, una de las principales iglesias de la ciudad, construida entre 1620 y 1631 en estilo renacentista y con un interior muy austero. Rembrandt fue enterrado en esta iglesia, pero su tumba se perdió en el olvido, por lo que hoy únicamente se puede ver una placa conmemorativa. También se puede subir a la torre de la iglesia, de 85 metros de altura, aunque nosotros no lo hicimos, pues el tiempo de espera era excesivo.

Muy cerca de Westerkerk está la Casa de Ana Frank. Desde Mayo de 2016 hay que comprar las entradas online, con lo que el sistema te asigna una hora de acceso, se supone que para evitar las aglomeraciones. En 2014 todavía se hacía “a la antigua usanza”, lo que generaba esperas interminables. La visita es muy interesante y una magnífica vacuna contra todo tipo de fanatismos e intolerancias. Eso si, prepárate a pasar un rato deprimido. Como no teníamos intención de volverla a visitar, nos encaminamos en dirección contraria, hacia el sur del canal.

Hendrika Maria

Muy pronto, nos encontramos con el Hendrika Maria, un pequeño museo dedicado a las casas flotantes de Amsterdam. Aunque hay casas flotantes en muchas ciudades del norte de Europa, en ningún lugar he visto tantas como en Amsterdam. Además de las que se encuentran en los canales antiguos, generalmente de corte tradicional, se siguen construyendo casas con diseños mas actuales, como las instaladas en el nuevo barrio de IJburg. Incluso hay alguna que funciona a modo de Bed & Breakfast. El Hendrika Maria es una barcaza mercante de 1913, posteriormente reconvertida en vivienda. En su pequeño interior se puede ver cómo era un barco vivienda holandés de mediados del siglo XX. Siempre me había preguntado qué aspecto tendrían estos barcos por dentro, por lo que la visita me pareció muy interesante.

Spiegelgratcht

Terminada la visita al Hendrika Maria, seguimos andando por el canal, hasta llegar a la altura de Nieuwe Spiegeltraat, donde giramos hacia el norte para dirigirnos al famoso Mercado de las Flores. La visita al mercado fue la peor parte del día. Lo recordaba, de viajes anteriores, como un lugar muy típico, lleno de colores y de olores que lo impregnaban todo. Siempre había habido turistas, pero el lugar seguía pareciendo auténtico, un sitio que todavía cumplía su cometido original. En esta ocasión, la sensación que tuve fue de una “trampa para turistas”, en la que las flores eran un mero elemento decorativo y, en realidad, te intentaban vender cualquier tipo de recuerdo de mal gusto. Ciertamente, también puedes comprar semillas, o bulbos de tulipán, pero ha perdido el encanto que tuvo en otro tiempo.

Oudezijds Achterburgwal

Como el día iba avanzando, decidimos encaminarnos hacia la iglesia de Oude Kerk, que estaba de camino a la terminal de cruceros. Siguiendo con la tónica de ir por calles tranquilas, fuimos junto al canal Oudezijds Achterburgwal, uno de los mas pequeños del centro de Amsterdam. Así, sin darnos cuenta, nos metimos de lleno en el célebre Barrio Rojo. El barrio hace honor a su fama, con chicas en los escaparates, cines x, “coffee shops” en las que no se entra a tomar café y tiendas de todo tipo de objetos eróticos. Pero no deja de ser un lugar curioso y, sobre todo, contradictorio. En el mismo revoltijo, están la iglesia y el museo mas antiguos de la ciudad, casas de gente común y, sobre todo, hordas de turistas. Lo cual lo convierte, al menos durante las horas en las que estamos despiertos la mayor parte de los mortales, en una especie de parque temático en el que gente normal se desinhibe y hace cosas poco habituales, que nunca haría en su ciudad de residencia. No me refiero a irse con alguna de las chicas de los escaparates, simplemente a entrar varias parejas en grupo a una tienda de lencería erótica o a visitar Condomerie, una tienda de preservativos que tiene hasta página web y foto panorámica en Google Maps. Todo muy distendido y civilizado, lo cual no quiere decir que no tengas que tomar algunas precauciones: ni se te ocurra fotografiar a las chicas de los escaparates y, como en toda aglomeración, ten cuidado con los amigos de lo ajeno.

Terminal Cruceros Amsterdam

Al final, habíamos terminado cerca de la plaza Dam, donde empezamos el recorrido unas horas antes. Teníamos algo de tiempo, así que decidimos dar un corto paseo hasta allí. Al contrario que por la mañana, la plaza estaba llena de gente. Incluso parecía haber una manifestación, pues había alguien gritando desde una especie de escenario y varios furgones de policía. Estábamos a unos 1500 metros del barco, por lo que nos fuimos andando hacia la terminal de cruceros, esta vez sin demasiadas distracciones. En el camino, además de pasar junto a la preciosa fachada de la Estación Central de Ferrocarril (Amsterdam Centraal), atravesamos parte de Oosterdok, una antigua zona de muelles desde la que antes partían los navíos hacia las Indias Orientales, hoy reconvertida en el barrio mas innovador de Amsterdam.

A pesar de no haber visitado prácticamente ninguno de los lugares emblemáticos de Amsterdam, o quizás precisamente por ello, mi visión de la ciudad cambió radicalmente. Quitando el Barrio Rojo y la plaza Dam, descubrimos una ciudad agradable, tranquila y muy amigable, sensación que se reforzó aún mas en el viaje que hice al mes siguiente, cuando me alojé en el barrio de De Pijp, muy cerca del Centro de Convenciones. Definitivamente, Amsterdam me ha cautivado.

Vínculos de interés:

I amsterdam, página oficial del ayuntamiento, con una sección en español para visitantes: http://www.iamsterdam.com/es/visitar

Disfruta Amsterdam: página en español con mucha información práctica: https://www.disfrutaamsterdam.com

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