Nuestra fallida escala en Civitavecchia se acabó convirtiendo en una jornada de navegación. Inicialmente, creí que nos encaminaríamos lentamente hacia Livorno, nuestra siguiente escala. Incluso pensé que, con suerte, el capitán nos regalaría una sorpresa frente a alguna de las múltiples islas que había por el camino, al igual que hizo en Stromboli. Pronto se hizo evidente que no iba a ser el caso.

Navegando proa al viento.

Además del oleaje, las rachas de viento del oeste era tan fuertes que hacían escorar al barco. Así que el capitán decidió no correr riesgos, poner proa al viento y navegar hasta buscar el abrigo de Córcega y sus altas montañas.

Buque de la naviera Grimaldi.

La mañana transcurrió con una navegación un tanto anodina. Únicamente habíamos podido distinguir entre la bruma del horizonte una isla que, por su ubicación y silueta, podía ser Montecristo. Apenas había tráfico marítimo, y solo nos cruzamos con un ferry de la linea Grimaldi.

Mar Tirreno

En el Mar Tirreno.

Pero todo cambió por la tarde. Después de unas horas navegando con rumbo OSO, el viento comenzó a remitir, a la vez que disminuía el oleaje. Poco después, el mar estaba razonablemente en calma, al menos comparado con lo que habíamos visto a lo largo del día. Frente a nosotros, en el horizonte, podíamos distinguir la silueta de las agrestes montañas del sur de Córcega.

Montañas de Córcega

Montañas de Córcega.

Nos encontrábamos frente al pequeño pueblo de Tarco. A sus espaldas, estaban las Agujas de Bavella, una interesante formación montañosa, cuyos siete picos principales tienen alturas de entre 1.588 y 1.855 metros. Un poco mas al norte, coronado con nieve, se distinguía el macizo del Monte Incudine, que con 2.134 metros de altura es la mayor cima del sur de la isla. La cadena montañosa, además de parar el viento, retenía las nubes, que se amontonaban al lado opuesto.

Siendo una vista interesante, palideció ante la puesta de sol. Inicialmente, no parecía gran cosa. El sol se iba acercando a las montañas del sur de Córcega y algunas nubes tenían un tono ligeramente amarillento. Pero, según el sol descendía, el amarillo se tornó en rojizo. La luz, que incidía lateralmente en las nubes, creaba sombras que cambiaban lentamente, según se movían el sol y las propias nubes.

Cubierta vacia frente a Córcega

Atardecer desde la cubierta del Norwegian Epic.

El espectáculo duró algo mas de media hora. Como nota curiosa, la mayor parte del tiempo estuvimos solos en cubierta. Nunca entenderé el sentido de viajar en un crucero y perderse una escena como ésta. Aunque, como determinados momentos se disfrutan mejor con silencio y tranquilidad, la falta de compañía hizo si cabe más mágico el atardecer.

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Algunos vínculos útiles:

Página de la Wikipedia sobre el Mar Tirreno: https://es.wikipedia.org/wiki/Mar_Tirreno

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