Nunca he entendido que el puerto de cruceros de Roma sea una ciudad a 80 kilómetros de la capital. De acuerdo que Ostia, el puerto histórico de Roma, está tan cargado de vestigios arqueológicos que debe ser virtualmente imposible pretender construir en el una infraestructura de gran tamaño. Pero en cambio, Fregene, a menos de 30 kilómetros en linea recta y a un paso del aeropuerto de Fiumicino, parece un candidato ideal para crear un puerto que, por su ubicación y sus sinergias con el aeropuerto y la propia ciudad, podría convertirse en el primer puerto de cruceros del Mediterráneo. No se si es desidia, ineficacia o hay algún motivo que desconozco, pero la situación no deja de ser chocante.

Civitavecchia al amanecer

Civitavecchia al amanecer.

El día de nuestra escala nos despertamos relativamente tarde. Me llamó la atención lo alejados que estábamos de la costa, teniendo en cuenta que debíamos atracar en unos minutos. Más aún al comprobar el rumbo del barco, que no parecía encaminarse a la bocana del puerto. Mientras desayunábamos, escuchando el ruido del viento contra el casco del Norwegian Epic, se comenzaron a confirmar las malas noticias: el fuerte viento hacía difícil atracar en Civitavecchia, por lo que íbamos a esperar durante un tiempo por si mejoraban las condiciones meteorológicas. Un rato después, el barco comenzó a cambiar de rumbo. Según viraba, iba escorándose, por lo que corrigió el curso y se puso de nuevo proa al viento predominante del Oeste, alejándose de la costa.

Virando frente a Civitavecchia

Virando frente a Civitavecchia.

En ese momento, el capitán anunció por megafonía que cancelaba la escala. A esas alturas, lo esperábamos y tengo que reconocer que no lo sentimos demasiado. Habíamos pasado una semana entera en Roma el año anterior y, en cualquier caso, ir de Madrid a Roma es bastante sencillo. Incluso habíamos estado pensando quedarnos en Civitavecchia o en alguna otra localidad cercana. Pero en el barco había un gran número de viajeros procedentes de América y Extremo Oriente, a los que no alegró mucho la noticia. Recuerdo como a alguno hasta se le saltaban las lágrimas. Es comprensible. Por mucho que pretender conocer Roma durante una escala de unas horas en Civitavecchia sea un despropósito, perder la que para algunos quizás fuese su única ocasión de conocer la Ciudad Eterna debe ser bastante frustrante.

Navegando frente a Civitavecchia

Navegación frente a Civitavecchia.

Hay que decir en favor del capitán que por lo menos intentó, dentro de lo razonable, entrar a puerto. Además, anunció una pequeña conferencia en el teatro del barco, en la que explicó, en la medida de lo posible para un público sin conocimientos técnicos, los motivos por los que había considerado necesario abortar la escala. Para el que tenga curiosidad sobre las limitaciones para entrar a puerto con viento lateral, hay una entrada muy interesante en el siempre instructivo blog del Capitan Albert (en inglés): https://www.hollandamericablog.com/2016/05/09/09-may-2016-st-petersburg-russia/

Proa al viento

Proa al viento.

Era nuestro tercer crucero y, hasta ese momento, nunca nos habían cancelado una escala. La experiencia era nueva para nosotros. Con el tiempo, hemos descubierto que es poco frecuente, pero no imposible. Lo mas llamativo en estos casos es que el barco se sume en un extraño estado de agitación. Objetivamente, no debería ser muy distinto de un día de navegación. En la práctica, la mezcla entre madrugar y las expectativas frustradas parece provocar que una parte del pasaje deambule de un lado a otro del barco, intentando improvisar algún plan. Se nota hasta en los restaurantes, que también suelen llenarse a la hora de comer, cosa que habitualmente no ocurre en los días de navegación programados.

En nuestro caso, aprovechamos para descansar y disfrutar del mar en una imprevista navegación por el Tirreno, que no dejó de ser interesante.

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Algunos vínculos útiles:

Página oficial del puerto, con planos e información práctica: http://civitavecchia.portmobility.it/es

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